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Las plazas de grandes y pequeñas ciudades de España, estos días, recuerdan lo que fue el ágora y el foro de las ciudades griegas y romanas, un lugar de la cultura dialéctica, de la discusión ciudadana de todos los temas o del tema más candente de la actualidad. Nada más entrar a estas plazas de hoy se encuentra infinidad de pequeños carteles en hileras en el suelo o colgados de cuerdas atadas a los troncos de los árboles, y que expresan de forma creativa una necesidad, una experiencia, una mirada irónica o cínica, una sátira o un sarcasmo, pero todos atacan en una sola dirección. Se forman las gentes en corros y hablan de los recortes del gasto social con que se está resolviendo la crisis bancaria; más bien, agravando la crisis de años de precariedad laboral, bajos salarios, pérdida de empleos y desahucios por las hipotecas impagables.
A esta inquietud del presente se vino a sumar, hace pocas semanas, el informe de un banco local que declaró abiertamente como “generación perdida” a la juventud en torno a los 25 años, que en estos momentos sufre el 50% del paro de los que buscan y necesitan un empleo. Son las proyecciones estadísticas de un paro laboral que ya contabiliza a cientos de miles de familias con hijos pequeños sin ningún ingreso seguro. Y por esto, en la plaza se trata del trabajo y los salarios, del proceso de producción del capital. Dicho con el eufemismo de Joaquín Estefanía, citando a John Kennet Galbraith, en “Democracia excluyente” (El País, 24 de mayo), en las plazas hay una “representación dual de la sociedad”. La plaza reproduce el universo de los excluidos de la democracia de otros.
Los escenarios de cartón de las ciudades de economía de “servicios” turísticos de los últimos veinte años se construyeron sobre la burbuja del crédito de deuda pública que toca pagar a los de siempre. Pero a pesar de todos los ajustes, este año el Ministerio de Medio Ambiente no ha financiado las dragas que creaban playas artificiales para el negocio hotelero de turismo de verano, y que las tormentas de otoño se encargaban de devolver la arena al fondo del mar. Y el exceso de obras de urbanismo, que inflaron sin necesidad las cuentas de las empresas de la construcción, comienzan a ser ruinas. La fiesta del diseño, de la “imagen”, llega a su fin y se descubre la modelo anoréxica del sacrificio social.
Si dejas caer fichas en un tablero, caen de forma aleatoria. Pero si llegan a la plaza cientos de ciudadanos “cabreados”, la punta del iceberg de una sociedad “cabreada”, se forman en cercos de grupos de discusión. La menor exclamación ante un cartel se convierte en provocación de una dinámica de comunicación a partir de experiencias de la práctica social, con soluciones coincidentes o contradictorias. Hacia el interior, se forma el núcleo de la gran célula de la plaza, donde hay comisiones de limpieza o de comunicación e información; mesas con propuestas para tratar de resolver el problema de las hipotecas impagables, o para una reforma constituyente. A ciertas horas hay asambleas que deciden la actividad en la plaza, así como la proyección programática del movimiento 15M (llamado así por la primera convocatoria del 15 de mayo pasado).
A lo largo del día una multitud itinerante, más de apoyo ciudadano que de curiosos, circula orbitando el corazón de la plaza que representa sus demandas. Esta es la mayor razón del 15M, dar expresión a la situación de la mayor parte de la ciudadanía, de la misma gente que votó este domingo por el Partido Popular en las elecciones municipales y regionales con la esperanza de que los conservadores cumplan sus promesas, y sean coherentes con la crítica que han hecho en el parlamento a la política de sacrificio social que han impuesto los socialdemócratas de Zapatero.
En YouTube se encuentra este discurso indignado que sintetiza las categorías político-ideológicas de la plaza http://www.youtube.com/watch?v=3yQxixRBCls&feature=player_embedded
Porque la agitación de las plazas no es “antisistema”, con excepción de alguna manifestación muy minoritaria del anarquismo radical español, los que ya en la Guerra Civil incendiaron conventos e iglesias por su simple odio a toda forma de institucionalidad (uno de sus carteles comienza por decir No Vaticano, No ONU). Pero estos representan una minoría en una plaza que mayoritariamente demuestra preocupación por la defensa del sistema democrático. Las muestras de pensamiento político de la plaza van en la dirección contraria a los “antisistema”. Un reportaje de El País (23 de mayo) decía que el domingo pasado se turnaron en las mesas de las comisiones para ir a votar, y que en Palma de Mallorca las comisiones hicieron campaña por el voto.
Democracia Real Ya (DRY) son los organizadores de la convocatoria del 15 de Mayo en Madrid y la acampada en la plaza del Sol, que tuvo reflejo inmediato en unas cincuenta ciudades de las tres decenas de provincias españolas. Según la prensa, los nombres de estos inspirados y “manitas” de las redes sociales son Jon Aguirre, Fabio Gandara y Olmo Gálvez. Ellos supieron juntar en su Plataforma de Coordinación de Grupos por la Movilización Social a otras organizaciones que ya se expresaban por las redes. Los primeros en sumarse fueron Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH), Estado del Malestar, No les Votes, Juventud sin Futuro, Asociación de Desempleados. Es claro que en la cola también se han apuntado los oportunistas que llevan décadas viviendo del negocio de la moda “alternativa”, pero esto no es el “Mayo 68”; y tampoco es una revuelta como las de Medio Oriente.
El movimiento se consolidó durante la semana pasada (http://tomalaplaza.net), y el domingo 22 decidieron que pasarán las asambleas a los barrios con unos planteamientos programáticos de objetivos a conseguir. Ya hay una web madrid.tomalosbarrios.net
15M no es un partido político, pero hace reflexionar a los políticos, y desencadenará dinámicas en las juventudes de los partidos. No es una asociación de trabajadores, pero demuestra lo lejos que se encuentran las burocracias sindicales de la realidad de los trabajadores. Son jóvenes de 20-30 años que reciben un gran respaldo social en todos los medios que se ha dejado hablar a la población, porque expresan la necesidad de superar la crisis de legitimidad en la democracia que los excluye.