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Según ha informado EL NUEVO DIARIO, hay seis acusados por el homicidio del joven universitario Evans Omar Ponce, de 20 años, que estudiaba arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería, UNI. Lo mataron porque no se dejó robar un celular. La comunidad universitaria está impactada por ese asesinato y busca los remedios a la creciente inseguridad ciudadana. Aunque en el país estos casos son múltiples el hecho ha sido una campanada en la preocupación de la comunidad estudiosa. Los muchachos discuten entre ellos e indagan a los maestros. Se percatan que los jóvenes terminan en la delincuencia, la economía informal o el subempleo por falta de fuentes de trabajo. La situación  del país ha empeorado radicalmente, la parte relativa a la pobreza y la desigualdad social continúa siendo una razón esencial de la problemática, por lo que resulta indispensable que el estado despliegue los más grandes esfuerzos en la búsqueda de encontrar soluciones.

Se ha procedido a la recolección de firmas para que la justicia haga recaer todo el peso sobre los implicados en el crimen. Pero estamos claros que eso no basta y se deben buscar las soluciones profundas al cáncer que corroe nuestra sociedad. Los universitarios claman como los personajes de Chespirito: ¿y ahora quién podrá defendernos?

La educación es el primer gran paso para erradicar de raíz la violencia contra la ciudadanía y la espiral de robos. Su complemento obligado e ineludible son las armas del crecimiento económico y el aumento de los empleos, porque de poco vale apostar a la educación si los egresados que produzca no encuentran empleo adecuado.  El costo de formar egresados de alta calidad para que acaben en el subempleo, la economía informal o peor aún en actividades delictivas, es oneroso desde todos los puntos de vista. Económica y socialmente.

Sin embargo, considerando que estamos ya en vísperas de las jornadas de promesas electoreras que jamás se cumplen, lanzo al viento lo que la ciudadanía sueña pero no espera. Un gobierno austero, honesto, ético, eficiente y eficaz. Que se conduzca con valores y principios y fomente la transparencia y la rendición de cuentas, pero, sobre todo, que se recupere el sentido de solidaridad con la gente. Que ya no se den más los negocios privados desde el gobierno, como se ha convertido en norma de los políticos que han detentado el poder. El estado visto como coto de enriquecimiento.

Todos consideramos que es preciso hacer un llamado a los cándidos candidatos de todos los colores para que aborden aunque sea demagógicamente estos problemas.

Desde luego el problema no solo es nacional, sino de toda la región. Pero a unos les preocupa más que a otros. Por iniciativa de Colom, los presidentes de Guatemala, El Salvador y Honduras, así como altos representantes de Belice y Nicaragua, se reunirán de emergencia en la Antigua para tratar el tema de la inseguridad regional. Creo que el bendito Parlacén debería estar tratando el asunto. Pero como están las cosas solo nos queda decir: danos señor aunque sea la mínima luz de esperanza.