•  |
  •  |

Desde hace un año, al cumplir los 60 años, me convertí en jubilado recibiendo una pensión del INSS con 840 semanas cotizadas, con una pensión base del 40% sobre mis últimos salarios más un incremento del 18% en concepto de semanas adicionales así como de mis obligaciones con un hijo con Síndrome de Down y con mi esposa. El proceso para obtener la pensión duró, por diversos problemas burocráticos, casi un año,  sin embargo, me consta que las jóvenes encargadas nos tratan a nosotros, los ancianos, con  mucho respeto, hasta cariño, y al final el INSS liquidó todo el primer año en forma  retroactiva por un solo cheque.

Ahora bien, en estos días salió de nuevo en los medios de comunicación la problemática  cómo mantener a flote ese sistema, algo que lógicamente a mí me afecta directamente.  He tenido relaciones profesionales con el INSS desde 1987, año en lo cual varios  estudiantes míos, al mismo tiempo ya encargados de la informática del aquel entonces  INSSBI, rescataron en una operación semi-encubierta –tenían que irse a Panamá- los  datos de decenas de miles de asegurados al caerse el equipo IBM del INSSBI. En los  años después he realizados consultorías al INSS en el área informática varias veces,  siempre vinculadas con el cambio de sistemas.

Pero siempre a la vez hubo en paralelo lo que se llaman evaluaciones actuarios, es decir  cálculos hasta cuándo y bajo cuáles supuestos en cuanto a aportes y derechos adquiridos, presentes y futuros, el sistema pudiese mantenerse a flote, es decir pagar,  usando los aportes y lo ahorrado, los servicios comprometidos, incluyendo las pensiones. Ese tipo de cálculo y proyección no es mi especialidad, por tanto nunca  estuve involucrado en forma directa, sin embargo, he tenido más que una vez acceso a  los resultados y tengo una formación en Matemáticas y Estadísticas lo suficiente para  medio saber cómo interpretarlos. Les aseguro, es más fácil mal interpretar los resultados que entenderlos.

El sistema nicaragüense fue concebido como único e integral, cubriendo tanto los riesgos de enfermedad, accidentes, invalidez y maternidad como el pago de las  pensiones de jubilación. Su concepto en cuanto de lo último era un concepto mixto – medio en base de ahorro, una menor parte en base de aportes estatales-, y en lo primero  no solamente como un seguro sino a la vez como prestador de servicios.

Ese concepto ha venido erosionándose en etapas, sin que en cada momento hubiese habido una reforma de fondo del sistema, de un debate público ni hablar. La primera erosión masiva fue cuando en la Nicaragua de los 80 se implementó el sistema único de salud, no solo por decisión del gobierno sino apoyado en dicha decisión por la Organización Mundial de la Salud y su regional, la Organización Panamericana de Salud. En vista de la poca cobertura del sistema INSS y por tanto de la cobertura en salud, se decidió pasar la clínicas del INSS al Ministerio de Salud, clínicas construidas  usando el patrimonio del INSS, es decir de sus asegurados.

A partir de ese momento el INSSBI debía pagarle al MINSA una cuota por cada asegurado en concepto de servicios médicos para los asegurados, aporte con lo cual el propio MINSA tenía que financiar los servicios para todos, puesto que lo asignado por el presupuesto no daba ni para lejos. Adicionalmente se le encargó al INSSBI otros servicios, como la atención a niños abandonados y más, luego la atención a víctimas  de la guerra, es decir lisiados y deudos familiares. Otro traspaso similar se hizo con un  sinnúmero de propiedades, destacándose las colonias vacacionales-curativas en el Pacífico como El Velero. El estado se comprometió a reponer esos gastos y compensar  esos traspasos, pero nunca lo hizo. Al final, por esa razón más el derrumbe global de la  economía, el INSSBI se quedó sin ni un centavo de sus ahorros, derrumbándose por  tanto el concepto de financiación de las pensiones de jubilación.

En consecuencia al nuevo cambio de sistema socio-económico de 1990 en adelante se volvió a separar las funciones, creando el sistema de las clínicas provisionales para la  atención en salud y pasando la atención a niños abandonados al Ministerio de Familia.  Sin embargo, se mantuvo las pensiones “de guerra” en el sistema, sin que el estado asumiera la reposición de estos fondos. El sistema de pensiones, en ausencia completa  de ahorros, pasó al sistema de reparto, mejor dicho “coyol quebrado, coyol comido”, o  sea se comenzó a pagar las pensiones exclusivamente de los ingresos del  INSS en ese  momento.

Afortunadamente al inicio –y de cierta forma hasta estos días- hubo ingresos más que suficiente para pagar pensiones, hasta para ajustarlos y modificar el sistema de cálculo  en favor de los jubilados como yo: si a mí se me pagaran hoy tomando en cuenta el valor  real de mi salario de 1985 a 1992, yo no recibiera ni el 15% de lo que estoy recibiendo.  La razón: había muchas más personas que aportaron cotizaciones que pensiones que pagar a ya jubilados. Además, afortunadamente para mí, pero muy mal para los afectados, se  dejó a los que no alcanzaron ni los 750 semanas con nada, aunque la ley original les  garantizó una pensión reducida proporcionalmente. Al final, hay una cantidad de  personas que según registros del INSS tienen derecho a una pensión, pero por razones  desconocidas nunca la solicitaron. Gracias a estas circunstancias, que le permitieron al INSS hasta acumular de nuevo reservas, hay y habrá plata para pagarme a mí y a miles  de otros, ya jubilados o por jubilarse, hasta para el año 2022 o hasta el 2017, si por mala  suerte todos los que tengan derecho soliciten su pensión. O sea algo tiene que hacerse  antes de esa fecha.

No quiero meterme en esta columna a analizar las diferentes supuestas soluciones propuestas ni tampoco en detalle las causas de por qué las aportaciones ya no bastan. No  solo porque requería de muchas explicaciones técnico-matemáticos para entenderlas,  para los cuales no da el espacio de una columna, sino que a mi humilde criterio esas  soluciones –y por eso supuesta- evaden el modo del asunto, la pregunta ¿Qué clase de  sociedad queremos para Nicaragua? ¿La selva o una sociedad cada día más humana?

El criterio para medir el grado de humanidad de una sociedad es muy elemental, muy sencillo: ¿Qué trato se da a aquellos que aún no o ya no son capaces para alimentarse, para vivir solo por esfuerzo propio? Si en la selva la cría se sale del nido, ahí muere,  igual si la hembra o en algunas especies la pareja no tiene para alimentarla. Hasta el  león más impresionante se muere si cae enfermo o lisiado o ha envejecido. Ahora bien,  en los tiempos pasados cuidar a los niños, a los enfermos y a los ancianos había sido  asunto exclusivo de la familia y de sus capacidades, refiriéndose el término familia no  solo a la pareja sino a toda la red familiar de abuelos, tíos, hermanos, primos y sobrinos, etc.

Me consta que mi propia familia pequeña sin esa red de apoyo no hubiera sobrellevado más que una situación crítica. Sin embargo, ese sistema dependía de tasas de fertilidad – niños por mujer- muy altas, o sea se construyó a la cuenta de la mujer, e implicaba que los miembros de la familia valoraran los nexos familiares encima de cualquier otro  nexo, lo que choca directamente con criterios de eficiencia, capacidad y neutralidad en  el trabajo.

Dicho en forma drástica, ese sistema tradicional produce ineludiblemente  nepotismo y corrupción, de una economía de baja eficiencia ni hablar, más  inevitablemente convierte a la mujer exclusivamente en criadora del sostén para el  futuro.

Por tanto, si no queremos volver al sistema estrictamente familiar, ni muchos menos a la  selva, necesitamos un sistema de atención social precisamente a aquellos que aún no  puedan ni deban trabajar –la niñez-, a los que temporalmente no puedan –los enfermos-  y a los que ya no puedan trabajar –los inválidos y los ancianos-. Este sistema tendrá un  costo –en los países de mayor desarrollo anda por el 30% del BIP hasta más-, entonces  la pregunta literal de fondo es ¿cuánto nos vale cuál nivel de humanidad?, donde los  problemas del INSS, que actualmente involucra menos que un tercio de la población, son solamente una pequeña parte.  

http://la-subversion-etica.blogspot.com/