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A finales del año 2010, la cúpula orteguista tomó la decisión de realizar una operación limpieza en las delegaciones municipales y departamentales del FSLN, así como en las instancias del gobierno, con el objetivo de limpiar el feo rostro del partido, sus candidatos y su desfasada oferta electoral, de cara a las elecciones del próximo 6 de noviembre.

En el caso de las primeras, la orden es empoderar a los jóvenes dentro de las estructuras partidarias, para que sean ellos los que asuman el peso fundamental de la campaña, habida cuenta que la población en edades entre los 16 a 25 años serán el segmento de votantes mayoritarios y, por lo tanto, la pretensión de mostrar la novel faceta juvenil del partido se hace imprescindible para poder enamorarlos con una propuesta política a cargo de caras jóvenes y frescas, pero que no hace más que camuflar el espíritu y la mentalidad caudillesca, somociana y fascistoide que se esconde tras bambalinas.

El partido requiere en esta jornada electoral de jóvenes fanáticos, ansiosos por alcanzar lo que siempre han ambicionado: una posición económica más o menos cómoda, diversión asegurada y la oportunidad de escalar dentro de las filas partidarias, lo que les garantizaría acceder a lo que los más viejos gozan desde muchos años atrás. Pero para lograr esto se requiere de la juventud orteguista sometimiento, acción sin discusión alguna, cumplir las orientaciones sin cuestionamientos de ningún tipo y hacer lo que se tenga que hacer sin chistar; ya sea marchar, garrotear, rotondear, rebajar la propia dignidad o chivatear al vecindario. El cambio de señas va, por supuesto, en detrimento de los viejos militantes, quienes hasta hace apenas un año habían asumido todas las “tareas revolucionarias”, pero que ahora, desgastados, sin liderazgo visible ante las nuevas generaciones de los militantes “carnet – express”, cuestionados en su integridad y con una lealtad puesta en duda, son carne de descarte por los jerarcas del partido. Como siempre, mal paga el diablo a quien bien le sirve.

En las estructuras de gobierno la cosa pinta más o menos igual, solo que la motivación es diferente, ya que la ola de corrupción que se ha venido acumulando desde que tomó posesión el Presidente Ortega, es inaguantable y bien da para crear un tsunami de ilícitos. Cuesta creer, hasta para el observador más inocente y desprevenido, que de repente la pareja presidencial ha sido asaltada por un arrebato de decencia, moralidad, honradez, transparencia, recato verbal, probidad, incorruptibilidad e integridad, precisamente cuatro años después de haberse dedicado, con especial ahínco, a acumular una monumental riqueza que los analistas más conservadores calculan ya en más de 1,500 millones de dólares y el rancho ardiendo, con los precios del combustible aumentando semana a semana.

La ruta de la corrupción inició desde el mismo 2007, con la privatización de la cooperación petrolera venezolana, un acuerdo que permitía gozar a Nicaragua de precios y plazos preferenciales en la importación de los 10 millones de barriles de crudo anuales que demanda el país. 25 % donado, 25 % pagadero a 25 años y el restante 50 % pagadero de contado a 90 días. Sin embargo, la interpretación dada al convenio por la familia gobernante, al tenor del slogan “El Pueblo Presidente”, es que el beneficio es exclusivo del comandante Ortega, en tanto este encarna, al mejor estilo de Benito Mussolini, “El Duce”, al pueblo. Pueblo y Presidente son uno y ese uno no es otro que Daniel Ortega, “El Gallo Ennavajado”.

Pero la voracidad no se quedó aquí, sino que se extendió a la privatización amañada y descarada de las plantas generadoras de energía eléctricas donadas al pueblo nicaragüense por Venezuela y Taiwán. Esta operación dejaría al mandatario y a su familia, la módica suma de US $ 631,584,000 en 15 años, en tanto sean 250 Megavatios la capacidad de generación. A mayor generación, mas plata para los bolsillos de la Cristiana, Solidaria y Socialista familia gobernante.

Con semejante ejemplo, era lógico suponer lo que se nos venía encima, ya que según el decir de nuestros abuelos, “A como camina el cangrejo grande caminan los cangrejos chiquitos”. Y para desgracia del pueblo, los cangrejitos salieron muy avezados en las artes del enriquecimiento ilícito. Los casos denunciados son muchos: INATEC, Consejo Supremo Electoral, Ministerio de Hacienda y Crédito Público, Alcaldía de Managua, Aeropuerto, Consulado de Miami y últimamente la Dirección General de Ingresos, DGI, una bomba en plena Cuarezma, como anunciando al Barrabas que esta vez sí será crucificado en la Judea muy particular de la pareja gobernante y de paso dejar el mensaje a la gleba, que este gobierno no tolera la corrupción ni a los corruptos.

Medidas tardías, falsas e hipócritas, pues el tumor está a todos los niveles y entre más se sube, mas pus echa la llaga. Medidas que se ceban con el becerro designado al sacrificio, sin importar cuánto se doblegue y cuánto suplique el perdón que nunca llegará. Se trata de dar el ejemplo. Un ejemplo que no toca, todavía, a los Roberto Rivas, a los Alberto Guevara, a los Fidel Moreno, a los Dámaso Vargas, a los Francisco López y a otros tantos que han llenado cientos de páginas de los periódicos, que demuestran día a día los sucios actos de corrupción de este gobierno.

Sin embargo, la lección dada con la última medida tomada por la pareja presidencial no hace más que confirmar los temores de la inmensa mayoría de los funcionarios estatales que no entran en el círculo más alto de la cúpula gubernamental y partidaria: que todos ellos son descartables y en cualquier momento serán expuestos a la peor de las humillaciones con tal de lavar un rostro, que por lo permanente y profunda de sus manchas, no admite ningún tipo de limpieza posible.

Así que ya todos están advertidos, se acabó la robadera, pero la de abajo, por supuesto. Estamos en campaña y a los nicaragüenses que gustan comer atol con el dedo habrá que hacerles saber que además de cristiano, socialista y solidario, este gobierno también es honrado.  

*Ingeniero Industrial
Mayor (R)  del EPS