•  |
  •  |

Bañarse todos los días, y el agua está muy cara. Bañarse atrapado por el ocio.

Encontrar el espejo, que no niegue mi propia sombra. Encontrar la sombra que cargue sobre su lomo mi nombre y mi cuerpo, siendo yo el ausente. Llegar a la casa sin el pan, y encontrar el mismo asustado afán, que me persigue a todas partes como un duende perspicaz, insistente, amargo. Bañarse como quien busca un tesoro en el vacío. Bañarse para imaginar que estamos soñando. (Que todos somos nosotros y algunos) Como el niño que arrebata al lápiz un cometa de colores más profundos.

Saber que todos los días no hay descanso para los mártires. Se entristecen los pañuelos y se sospecha de las bufandas. El fastidio ha gastado mis zapatos. Los héroes no cuentan, en la profusa muerte de los que aman a diario la patria y  con sus ofensas revientan su alma de encuentros. Saber que no hay mediodía para el amor de la ausencia.

Bañarse y ser tocado por un día, por un rayo de insomnio, y creer, que es la realidad, la que asoma a la puerta su desnuda bestialidad. No todos los días se dispone el corazón para hablar con nosotros, los perjudicados del último tren.

Como el silencio, que nos arrolla el rostro, y el cuello y la sangre. Hoy, que todos sepan cómo arde la memoria.

Una simple conversación ha perdido sus pasos, y el vecindario no sabe qué hacer con la palabra. A veces, la pesadilla es un latido. Una bandera arrepentida. Un trazo de locura en la frente. Un chillido de desesperación. Una bofetada que dobla el corazón. Un amanecer arrasado. Una casa más triste.

A veces, las manos conocen más muertos. Un paquete de hastío, no poder comer los tres tiempos. Una brújula sin ventanas, la casa de enfrente, la más cercana, la de en medio. La que no tiene puertas. La casa que llora en familia derrumbándose del silencio.

Uno no sabe qué hacer con el dolor. Uno no sabe qué hacer con la verdad.

¿Quién tiene la culpa, el arrepentimiento o la esperanza? ¿De quién son los pasos de la ignorancia?  Me informan, que ahora son más, las historias que borraron definitivamente su destino. Desde este lado, la paciente escucha se levanta a conquistar el entusiasmo sobre la arena empujada por los laberintos. La escucha activa pone delante las acciones necesarias, para que vislumbre la imaginación creativa de los sueños, y surja la realidad presente.

Ahora dicen, que el hambre no es una estadística de sufrimiento. Como si la parte humana no cuenta para la vida. Así las cosas, las protestas o quien protesta es un objeto raro, que intentan disolver como parte de la globalización mediatizada. Hoy, todos somos escuchados y vigilados por sus máquinas modernas. (Parelos de pesadilla entre lo público y lo privado). Pero hay quienes creen más en la suerte, que en la avanzada de la educación, la cultura y la ciencia. La ceguera también es moderna, y arruina la siembra, acuña el cronista.

Tantos años, viviendo  la pesadilla  de la crisis abrumadoramente universal de todo el sistema (cada año se profundiza más) que nos somete desde hace 45 años. ¿Por qué? ¿Quiénes evitan y se empecinan que posterguemos el debate? ¿A quién o quiénes les agobia el sentido de la culpa? Si provocamos una reflexión consciente, llegaremos a la conclusión, que nos han negado el derecho a que  la educación sea progresiva y para nuestro bienestar, un pilar fundamental de la conciencia social y para que se dé su arraigo, la manifestación  deberá ser positiva y emancipadora para poder alcanzar la solidaridad.

Esa es la esperanza mayor. Basta de engaños. Cualquier acción que ejecutemos nos obligará a la búsqueda del entendimiento humanista y liberador. Esa es nuestra parada y hacia ese derrotero nos aproximamos. Valga decir que no podemos huir del presente. Cualquier devastación (con cualquier tipo de mascarada) no  podrá  sacarnos de los escenarios de nuestra propia historia.

Corramos los riesgos, aunque estemos severamente afectados (no eternamente consternados). Cualquier respuesta no  podrá  intimidarnos.

En los apuntes de la conciencia de la vida cotidiana, hace falta mucho por hacer  para que entre todos recuperemos y reafirmemos el espacio de igualdad sustantiva. Igualdad que todas las personas tienen derecho para ser vistos con la misma condición, tanto en lo económico como en lo social. Todo indica que el proceso debe ser continuo, reflexiona el cronista quien aspira a que la juventud de hoy no se pierda en los escombros de la contemplación del ruido y la indiferencia, ni permita que, el equilibrista “entusiasta¨, (tan vulgar como reincidente) se entrometa en la actividad local y nacional para aborrecer la cultura popular.

Una pausa y recibo la triste noticia del fallecimiento del formidable poeta hondureño Roberto Sosa, imprescindible en las letras centroamericanas por sus poemarios “Un Mundo para todos divididos” y “Nosotros los pobres”.

Aquí quiero detenerme para recordar al extraordinario poeta chileno Braulio Arenas (1913 1988) y citar con él, un trozo de su poema “Escritos Mundanos”:
“Hombres y mujeres intentan a diario, cumplir tal hazaña: atravesar el vidrio, meterse en ese mundo que reproduce al revés al nuestro: sumergirse, para siempre, en lo maravilloso. Cierto es que, para Jacques Rigaut, atravesar el espejo sólo se conseguía disparándose un tiro en el corazón, quebrando el vidrio para encontrarse al otro lado, diciéndole definitivamente adiós a la realidad”.