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Siempre que el Fondo Monetario Internacional espera el nombramiento de un nuevo director-gerente, los críticos se quejan de que ya es más que hora de que el elegido proceda de un país con un mercado en ascenso, pero con lamentos no se cambiará la injusta tradición de 60 años por la que un europeo encabeza el FMI y un americano el Banco Mundial. Solo si los países con mercados en ascenso se unen tras un solo candidato, tendrán alguna posibilidad de conseguir el puesto.

Lamentablemente, tampoco es probable que así sea en esta ocasión, por lo que volverá a ocupar ese puesto otro europeo. Al fin y al cabo, el tan repetido principio de que se debe elegir al director gerente del FMI en función de sus méritos y no de su nacionalidad no tiene por qué significar un abandono del procedimiento del pasado. La ministra francesa de Hacienda, Christine Lagarde (propuesta por Europa) es impresionante y capaz.

Pero la afirmación de que la actual crisis de la deuda soberana en la periferia de Europa es una razón para nombrar a un europeo no es acertada. (La propia Lagarde parece reconocerlo.)

Europa ha perdido su implícita pretensión de ser la mejor suministradora de personas serias, y con la experiencia necesaria para dirigir el Sistema Monetario Internacional. En determinado momento, pudo haber habido algo de razón a ese respecto.

En el decenio de 1980, por ejemplo, el FMI estuvo dirigido por directores-gerentes muy capaces, procedentes de Francia durante un período en el que en el mundo en desarrollo imperaban enormes déficits presupuestarios e incluso, hiperinflación, pero eso es cosa del pasado.

Hay tres razones por las cuales Europa ya no puede presentarse como una especial encarnación de sensatez y responsabilidad. En primer lugar, muchos grandes países con mercados en ascenso han actuado mejor que Europa a la hora de dirigir sus economías durante el último decenio. Esos países no tienen los excesivos déficits presupuestarios que muchos países europeos acumularon durante la última expansión, y que han propiciado la actual crisis de la deuda soberana mal gestionada.

En segundo lugar, los europeos ya han elegido a tres directores-gerentes seguidos que dimitieron antes de concluir su mandato. Cierto es que ninguno de los dos predecesores de Dominique Strauss-Kahn salió como éste envuelto en un escándalo. Ahora bien, esas dos dimisiones dieron la impresión de que aquellos dos hombres no se habían tomado en serio su tarea.

Por último, esta vez muchos de los mejores candidatos proceden de economías en ascenso. Así, pues, resulta que el criterio del mérito coincide perfectamente con la necesidad, profusamente reconocida, pero nunca atendida, de conceder a los países con mercados en ascenso más influencia en la dirección del FMI, conforme a su nueva importancia en la economía mundial.

De hecho, el número de candidatos excelentes de países con mercados en ascenso es notable. Naturalmente, no todos los propuestos por sus gobiernos son buenos candidatos. Cuando los dirigentes de Turquía dicen que tienen al menos diez buenos candidatos, demuestran que con frecuencia los políticos no saben qué requisitos deben reunir los candidatos a ese puesto. (Ningún país tiene diez buenos candidatos.)

He contado nueve candidatos de países con mercados en ascenso que tienen aptitudes excepcionales para dirigir el FMI. Seis parecen seguir siendo candidatos  y proceden de todas las partes del mundo:

* de Agustín Carstens, el gobernador del Banco Central de México,  se dice que es el que cuenta con más posibilidades de todo el grupo, pero ni siquiera América Latina está uniéndose tras él (Brasil no lo ha apoyado), por no hablar de otros países en desarrollo;

* Arminio Fraga, exgobernador del Banco Central del Brasil, es otro buen candidato con gran experiencia, pero no está claro que los demás gobiernos de América Latina estén dispuestos a unirse detrás de alguien perteneciente al mayor país de la región. De hecho, parece que cualquier candidato vinculado con una gran potencia regional tiene más probabilidades de inspirar celos en lugar de solidaridad a los demás.

* Tharman Shanmugaratnam, que ha tenido una ejecutoría excelente como ministro de Hacienda de Singapur, y acaba de ser ascendido a Viceprimer Ministro es mi favorito. (He de reconocerlo: fue alumno mío en Harvard en el período 1988-1989.) En marzo, fue elegido para dirigir el Comité Monetario y Financiero Internacional, el grupo de ministros que asesora al FMI en materia de estrategia dos veces al año. Tiene sólidas aptitudes políticas y, por proceder de un país que no resulta amenazador, podría ser la clase de candidato tras el cual podrían unirse los países con mercados en ascenso;

* Sri Mulyani Indrawati es otra candidata apta, procedente del Asia sudoriental. El año pasado, pasó a ser uno de los tres directores-gerentes del Banco Mundial, después de haber sido obligada, al parecer, a abandonar su cargo de ministra de Hacienda por haber tenido una ejecutoria excelente en él. Por cierto, que es joven y podría ser también una excelente candidata la próxima vez (como también los tres primeros);

* Leszek Balcerowicz, exministro de Hacienda y gobernador del Banco Central de Polonia, es también un candidato solvente. Polonia sería una opción de avenencia en cuanto a la nacionalidad, porque es a un tiempo miembro de la Unión Europea y un país con un mercado en ascenso;

* Trevor Manuel tuvo mucho éxito como ministro de Hacienda de Sudáfrica. Estaría bien aprovecharlo mejor que el gobierno actual.

Se me ocurren al menos otros tres candidatos que desempeñarían bien el cargo, pero, al parecer no aspiran activamente a ese nombramiento:

* Kemal Dervis, exministro de Economía de Turquía, habría sido excelente, pero abandonó pronto las aspiraciones a la candidatura.

* Stanley Fischer, a quien se debería, en mi opinión, haber elegido en 2000 (entonces era Director-Gerente Adjunto). Habría sido un primer paso con miras a tener en cuenta el legítimo deseo de los países en desarrollo de acabar con el monopolio de los funcionarios europeos y de los EU., en los puestos de dirección del FMI y del Banco Mundial (Fischer nació en Zambia).

* Montek Ahluwalia es Vicepresidente de la Comisión de Planificación de la India, cargo mucho más importante de lo que parece, pero se da por sentado que el candidato no puede tener mas de 65 años de edad, lo que lo excluiría (como también a Fischer).

El 10 de junio es la fecha límite para los nombramientos. Cualquiera de estos nueve haría un buen trabajo. Personalmente, quisiera instar a los países con mercados en ascenso a que apoyen a Shanmugaratnam, pero es mucho más probable que sigan divididos. En ese caso, el nombramiento recaerá sobre Lagarde.

Jeffrey Frankel es profesor de Formación de Capital y Crecimiento en la Escuela Kennedy de Política Pública de la Universidad de Harvard.

Copyright: Project Syndicate, 2011.

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