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La riqueza de este país no se cuestiona, se cuestionan sus agentes gobernadores, sus líderes mediocres y la mala distribución y explotación que se hace con la riqueza de Nicaragua, la cual al final, desemboca en pocas manos.

Una riqueza que empieza en los jóvenes, en su inteligencia, en sus ganas y en su misma juventud. ¿Quién invierte en la inteligencia nacional, en el potencial de los jóvenes, en sus ambiciones? Nadie. En el mejor de los casos, muy pocos.

La idea de sacar a los jóvenes del recurrente pensamiento de ser parte de un país acomplejado por sus crisis económicas, sin necesidad de caer en un discurso superficial que empiece por mentirles, no existe.

Las universidades deben ser los trampolines para que los jóvenes despeguemos de nuestro letargo. Es importante poner atención en la lectura. Allí donde hay jóvenes alfabetos, capaces de discernir por medio del análisis de un libro, debe haber también medios para desarrollarlos.

¿Por qué el gobierno no facilita a la juventud ediciones literarias con énfasis en la Filosofía? ¿Por qué el gobierno no regala libros en vez de regalar consignas panfletarias? No nos quieren dejar pensar, claro, no quieren que cuestionemos, ni que hagamos preguntas, ni que nos indignemos con ellos. Es la cultura de los borregos irracionales sometidos a las fuerzas de choque reaccionarias: el rebaño controlado por los caudillos nauseabundos, la que impera.

Es difícil en un país donde la cultura de leer es poca o nula, imaginar que muchos de nuestros jóvenes compañeros tengan hambre de abrir un libro, cuando en realidad tienen más hambre de comer primero. Pero es necesario motivarlos, y desde las universidades, crear una cultura de proyección hacia el libro como elemento libertador, como arma para mejorar una sociedad, como insumo para elevarse intelectualmente y salir de la pobreza.

Antes fueron los fusiles. Hoy que sean los libros
Desde un comienzo planteé la idea de que las universidades deben hacerse espacio para pensar y salir del clásico discurso de toga y birrete, y creo que a través de la Filosofía, las universidades tendrán la posibilidad de tener estudiantes menos preocupados por su pasado, más preocupados por su presente, más críticos con su historia y con su realidad cultural, social, sexual, científica, etc.

Me parece importante hacer ver a los estudiantes que vivan el presente. Sacar la idea de que son el futuro del país, pues aunque lo sean, no hay que sobrecargarlos con grandilocuencias puestas en un incierto más allá que todavía no ha llegado.

Los estudiantes necesitamos atención, pero no aquella atención que nos obstaculice independizarnos, sino que tengamos la libertad de vivir nuestro presente como jóvenes comprometidos con nosotros mismos.

El gobierno de este país acostumbra tirar causas a las calles, y muchos jóvenes no tienen otro lugar donde encontrarlas. Así de fácil es convertir a un joven pandillero, en un joven con mortero en mano, encapuchado porque tiene miedo que lo reconozcan, digno de nota roja para la prensa nacional y excelente producto de exportación para los canales de cable, las redes sociales y aquellos que en vez de apoyar a los jóvenes desde sus aulas, los atraen con consignas callejeras.

Es un acto criminal reproducir violencia donde hay ignorancia. Y manipular esa violencia con fines políticos, es un acto aún más deplorable.

Hay que promover una rebeldía sana desde las universidades, una revolución contra la violencia, una insurrección del debate, del diálogo, donde estén los temas tabú sobre el tapete, el tema de las becas, la diversidad sexual, la misma pobreza extrema, la epidemia del bipartidismo, la corrupción degenerada, el aborto terapéutico, todos los temas que nos marginan y nos condenan a vivir en un país pírrico, donde pensar es un delito.

Se trata de hacer un mundo aparte del mundo político. Crear un mundo que trascienda la política y alcance la cultura misma, entraña intelectual de todo pueblo, porque el problema de fondo que hay en Nicaragua es un problema cultural, más que político.

Estamos engarrotados, con los sesos fríos y el pecho sin oxígeno de tanta cochinada que se respira en el ambiente nacional.

Los jóvenes tenemos que crear un mundo alternativo, paralelo al mundo “real” de los medios que nos recetan política diariamente. Los jóvenes estamos hartos de política. Queremos otra cosa, otro país, otra forma de vida donde se respete nuestro criterio.

Que los alumnos, a través de la lectura, y sobre todo, desde la filosofía, creemos nuestros propios mundos, nuestras propias causas y nuestras propias vocaciones.

Las carreras universitarias, al final, serían solo una guía para el camino hacia la realización personal de cada joven.

Que nosotros decidamos, no los adultos enfermos de adultismo, ni los viejos entronados en sus puestos de poder, ni los mismos dinosaurios de siempre.

*grigsbyvergara@yahoo.com