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¿Qué opinas de los hombres que golpean a sus mujeres?, fue la pregunta que le formulé a un amigo recientemente. Su respuesta fue sencilla y clara. Su argumento no me convenció en un primer momento, por eso decidí indagar y leer referente al tema. De violencia solo tenía conocimiento de lo vivido por algunas conocidas, una que otra vez lo vivido en carne propia y lo que a diario leo en las noticias. Hay muchos tipos de violencia. En esta ocasión, solo me voy a referir a la violencia que se comete en contra de la mujer.

A lo largo del tiempo las mujeres hemos sido maltratadas física y psicológicamente. No me atrevo a decir cuál de las dos maneras es la peor, hacerlo sería una imprudencia. Ambas tienen sus alcances y consecuencias. Lo importante no es el golpe o la humillación, sino denunciarlo, buscar atención psicológica y legal.

Muchas mujeres deciden quedar en el anonimato y callar, para defender el gran amor que sienten hacia su pareja o por el que dirán de ella la familia, los amigos, los vecinos y la sociedad. No se dan cuenta del gran apoyo que también pueden obtener de esas personas.

La violencia contra la mujer provoca además daño psicológico a los hijos, ya que en el futuro serán los reproductores de lo que observan de sus padres. Hoy fue el padre, mañana será el hijo y se volverá una cadena. No es un cuento chino, es una realidad que se presenta no solo en nuestro país sino en el mundo entero. Es un problema sociológico y de principios, arraigado principalmente en las familias machistas.

La violencia es descrita con diferentes términos, pero para que estemos más claros he decidido emplear la descripción de Wikipedia y dice “La violencia (del latín violentia) es un comportamiento deliberado, que provoca, o puede provocar, daño físico o psicológico a otros seres, y se asocia, aunque no necesariamente, con la agresión física, ya que también puede ser psicológica o emocional a través de amenazas u ofensas. Algunas formas de violencia son sancionadas por la ley o por la sociedad, otras son crímenes”.

Deliberado quiere decir que es de manera voluntaria e intencionada, el agresor -pues generalmente son hombres los que agreden- hace uso de su fuerza física y del poder económico y emocional que poseen para de esta manera intimidar a la mujer y que esta  decida “olvidar”.

En nuestro país existen muchas instituciones públicas y Organizaciones No Gubernamentales que luchan para que la violencia en contra de la mujer desaparezca o disminuya.

Esas instituciones realizan a mi parecer un excelente trabajo, y muchas veces tienen un resultado positivo para la sociedad y para la víctima. Una vez que la mujer decide denunciar a su agresor, lo primero que necesitará es apoyo emocional que brindan estas ONG, para luego poder soportar el desgaste que tendrán en el proceso legal, lleno de burocracias y lentitud.

También existe la Comisaría de la Mujer, la Niñez y la Adolescencia de la Policía Nacional, que una vez recibida la denuncia se auxilian del Instituto de Medicina Legal para tener un conocimiento del alcance de violencia que ha sufrido la víctima, que va desde un golpe que desaparece con el transcurso del tiempo, a grandes daños psicológicos que posiblemente nunca desaparecerán.

Otro error que muchas mujeres cometen es que una vez denunciado el delito, no le dan seguimiento o al momento de la audiencia inicial deciden practicar la famosa justicia negociada… te perdono, pero no te me acerqués más… al tiempo ese perdón se convierte en lágrimas  en los cementerios.

Concluyó con la respuesta de mi amigo: “Son literalmente delincuentes”. Un delincuente es una persona que comete delito. Un delito es un crimen, violación de la ley, acción u omisión voluntaria castigada por la ley con pena grave, etc.

Nuestro país tiene vasta legislación y jurisprudencia al respecto. Leyes bellas y completas que nosotras las mujeres muchas veces despreciamos y decidimos lo que nunca debemos ni siquiera imaginar: guardar silencio.

La respuesta de mi amigo está llena de sabiduría y claridad. Son literalmente delincuentes. Recordemos mujeres: Quien pega una vez pega dos veces.

*Máster en Corrupción y Estado de derecho- Salamanca España

molinamon@hotmail.com