•  |
  •  |

Durante los años 60 y 70, la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, (UNAN-Managua), donde realicé mis estudios, ofrecía 50 minutos de hora clase. Por la noche se iniciaban las jornadas nocturnas en horario de 6:00 a 9:50. Se podían movilizar los estudiantes en la ruta 12 hacia diferentes puntos de Managua. Los planes de estudios eran semestrales y ofrecían cursos de verano a los estudiantes que reprobaban alguna materia o se podían adelantar asignaturas.

El sistema que se aplicaba era por créditos. Cada asignatura sobre la base de las horas por semanas y al grado de dificultad tenía cinco créditos, cuatro o tres. Creo que algunas asignaturas tenían seis créditos. Ningún estudiante podía inscribir más de 20 créditos por semestre. Si se pasaba tenía que solicitar autorización al decano de la facultad correspondiente.

Con este sistema, algunos catedráticos no cumplían su programación, dejando algunos temas sin explicar o los enfocaban de manera superficial.

Después de los sucesos ocurridos en 1976-1978, el transporte de buses urbanos disminuyó su oferta horaria, dejando de circular en horas tempranas de la noche.

Esto afectaba a los estudiantes de los tres centros de estudios superiores que existían: UNAN, UCA y Upoli.

Ante este problema, recuerdo que la UNAN programó, para completar el semestre, clases dominicales para los estudiantes del turno de la noche. La calidad de la enseñanza bajó.

En los años 80, las universidades iniciaron la práctica de realizar exámenes de admisión, esto dejaba por fuera del sistema educativo superior a una gran cantidad de estudiantes que tenían que buscar otras opciones. Ya en los años 90, aparecieron poco a poco las universidades privadas, hasta alcanzar la cifra de aproximadamente 53 centros de estudios a nivel superior. Algunas autorizadas por el CNU, otras no, pero todas operan igualmente.

Ante la oferta y demanda, algunas universidades para captar más estudiantes ofrecen carreras en cuatro años en vez de cinco. Esta oferta trae planes de estudios cuatrimestrales. El sistema ya no es por crédito es por bloques. Las asignaturas son disminuidas en horas presenciales. Las asignaturas de 80 horas por semestre pasan a 64 horas por semestre. Se busca disminuir costos de horas/clase, en vez de 50 minutos operan con 45 minutos o menos. Con esta modalidad es fácil de operar de lunes a jueves. Esto incluye los planes sabatinos o cursos a distancia o por encuentros.

¿La calidad es mejor ahora o se ha sacrificado? ¿Tenemos suficientes catedráticos con calidad para atender esta demanda? ¿Existe una demanda suficiente para absorber esta avalancha de profesionales que salen al mercado laboral demandando un empleo? ¿Estamos utilizando la tecnología de punta o seguimos impartiendo clases como hace 30 años? ¿Están nuestros docentes realmente actualizados y al día con la tecnología o siguen utilizando sus notas de antaño? Pero es cierto que ahora se utiliza pizarra acrílica y marcadores de colores en vez de pizarra de cemento y tizas.

Cuando realizaba un postgrado en la Universidad de Buenos Aires UBA, le pregunté a un catedrático sobre la contratación de los docentes y él me respondió: “para ser docente universitario, se debe de tener una experiencia profesional de no menos de 10 años en el ejercicio de la profesión”. “En muchos casos los docentes no cobran porque es un prestigio impartir clase en la UBA”.

Para terminar, nuestros títulos no se reconocen en otros países, ni en Centroamérica. Debemos de hacer una reflexión profunda y buscar la manera de mejorar la calidad de nuestros profesionales y de nuestras universidades. Recordemos que lo difícil cuesta un poco, lo imposible un poco más.