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A Silvio Sirias Duarte

Una de las características de los estudiantes de Comunicación de la UCA ha sido su proverbial iconoclasia. Tanto que una vez su rector, Padre Xabier Gorostiaga S. J., me dijo que eran los más entusiastas de toda la universidad. Yo agregué complacido, y los más rebeldes. Un estudiante que renuncia a la inconformidad y no protesta envejeció demasiado pronto. El que mejor definió su condición durante las jornadas parisinas de mayo de 68 fue Jean Paul Sartre. Ser estudiante significa una edad. La edad contestataria y cuestionamiento de todos los poderes establecidos. Una insubordinación genuina. El rechazo abierto contra el orden vigente. Su rechazo es unánime. Todas las cosas le parecen patas arriba. Son los abanderados de voltear lo existente para ponerle de pie.  Descreen de los poderes religiosos, políticos, económicos y militares, por citar los más emblemáticos. Son capaces de ofrendar todo, incluso su vida, a cambio de nada.

Desde que los estudiantes de Comunicación decidieron conmemorar a Ricardo Morales Avilés, contaron con mi apoyo. Las celebraciones empezaron frente a la única fuente que existía entonces en la UCA, salpicadas de humor, burla y picardía.

No hacían concesiones a nada ni a nadie. Se reían de todos, hasta de mí. Su alegría contagiaba. Identificados con sus aspiraciones decidí institucionalizar el 17 de septiembre, día en que Ricardo Morales Avilés entró a la posteridad, como fecha para celebrar año con año sus logros académicos y manifestar sus alegrías.

Nos propusimos rescatar a Morales Avilés para evitar que fuese convertida en un esperpento. ¡Qué todos supiéramos de dónde venía y hacia dónde deseábamos que fuese! Un ejemplo de rectitud ajeno a toda ambigüedad. Un académico que aceptó gustoso su condición de intelectual orgánico de la pobretería. Maestro y ensayista, poeta que escribió en la cárcel su obra más profunda, amorosa, tierna y sentimental.  

Con el tiempo, Arturo Wallace me propuso convertir la celebración en una Jornada Académica, sin obviar la bullaranga y el despelote. Fue una idea feliz. Para asegurar su éxito delegué su montaje en Silvio Sirias y Gonzalo Norori, dos jóvenes a quienes brindé espacio y nombré como profesores de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. A Silvio por su creatividad, y a Gonzalo por su capacidad de organización. Silvio continúa siendo alma, vida y corazón del evento.

Lo concibe, organiza y dirige con entusiasmo contagiante. Sugiere y discute temas con los estudiantes, quienes luego se convierten en actrices y actores improvisados, sabedores que tienen en mira hacer escarmiento con el poder y los poderosos. En esta ocasión fue para desafiar y demoler la doble moral en la que se escudan los medrosos para tratar de impedir que no conozcamos cómo son y actúan. Uno sus discursos, otros sus actos. Los estudiantes confían en Silvio porque sabe identificarse con sus deseos y sueños. El cargo ha servido para estrechar sus lazos de amistad con los estudiantes.

Cuando decidí aceptar la invitación que me formularon profesores y estudiantes, al conocer el tema, estaba convencido que pondrían en escena un acto cargado de sátira y guasas hacia la clase política. Sonriente me dije que había valido la pena asistir, aprecié que los estudiantes de Comunicación continúan siendo irreverentes.

Esa pizca de gracia que se está perdiendo en aulas y recintos universitarios.
La XIII Jornada Ricardo Morales Avilés “Mascaradas”. Una cachetada a la doble moral, como en los grandes carnavales, sirvió para que los estudiantes se escondieran detrás de las máscaras y desataran los nudos de sus aprehensiones y represiones. Con desparpajo evidenciaron su verdadero yo. Su verdadera identidad salió a flote, recreando sus ansiedades. Los frenos de las inhibiciones quedaron desguazados. El carnaval posee un sesgo democrático, nos vuelve a todos iguales. Las diferencias sociales, económicas y culturales desaparecen, quedan borradas. El carnaval ofrece la oportunidad de ser auténticos. Expurga toda hipocresía. ¿Incomoda tanto la autenticidad que existen personas que tienden a reprimirla?

Las máscaras en la historia han sido las mejores aliadas para sacar a la superficie represiones atávicas. Mijaíl Bajtin, en su monumental ensayo dedicado a resituar la figura de François Rabelais, ese iconoclasta irredimible, demuestra que el carnaval ofrece infinitas posibilidades de condena y ruptura con la cultura y situación socio- económica imperante;  actores y actrices utilizan las máscaras como recurso infalible. El efecto que produce en la personalidad de los participantes es inverso.

Protegidos bajo su piel, su ánimo cambia y son capaces de someter al escarnio todo cuanto rechazan, una posición que no asumirían sin la protección de su identidad. En los tiempos que corremos no cabe que estudiantes o cualquier otra persona, se parapeten bajo ningún disfraz para asumir sin reservas o durante un rato, sus preferencias sexuales. Cada quien es dueño de la opción sexual que le apetezca. El aire de libertad que se vivía en la carrera de Comunicación Social se traducía también en la elaboración de pasquines, burla y desparpajo afloraban cada jueves durante la Cátedra Abierta.   

En una sociedad donde la doble moral es pan nuestro de todos los días, ¿por qué deben los estudiantes recurrir a un antifaz para develar su verdadera personalidad? La severidad con que la sociedad mortifica a homosexuales y lesbianas no es la misma con que juzga a quienes trafican con el erario. Si tuviésemos que dimensionar ambas actitudes, ¿cuál de las dos merece reproche? El respeto que se debe a las minorías todavía no llega en nuestro país. Siguen siendo discriminadas y arrinconadas. Se les estigmatiza como si hubiesen cometido un atentado inexcusable contra la seguridad ciudadana.

Muchos de los que levantan el dedo acusador incurren en delitos de mayor cuantía. Sus verdugos, con una moral victoriana a cuestas, creen que robar y desfalcar al Estado, adulterar cifras e incurrir en el pecado de usura, como lo llama el poeta Ezra Pound, fuese menos lesivo para la bienandanza de una sociedad, que la decisión de los jóvenes de ser consecuentes con sus inclinaciones sexuales.

El desenfreno juvenil incomoda a los infieles, ya que entre risas muestran la condescendencia y obscenidad con que los políticos conducen a Nicaragua hacia el despeñadero. Los desplantes juveniles irritan porque aciertan en el blanco. Son una especie de mala conciencia al señalar el costo de las tropelías cometidas por quienes deberían asumir una actitud coherente con las obligaciones que imponen sus cargos en la esfera de actuación. La honradez y desenfreno estudiantil asombran porque el tema sexual continúa siendo tabú. En vez de iniciar e introducir a los estudiantes con la mayor naturalidad en el conocimiento de su sexualidad, existen centros de estudios y universidades, donde se cuestiona y se reprime a las personas con opciones sexuales diferentes.

El paso dado por la UCA formando profesores del más alto nivel, para que impartan la cátedra de Sexualidad como parte de la formación integral de sus estudiantes, ha sido positivo y debería replicarse en otros centros de enseñanza Media y Superior.

No existe peor doble moral que decir una cosa y hacer otra. ¿Acaso los dirigentes políticos no nos tienen acostumbrados a decir una cosa, para terminar haciendo después algo totalmente distinto de lo que antes reprobaban? En un año electoral las ofertas de feria crecen y se expanden. El engaño como arma de conquista electorera. ¿Un millón de empleos? ¿Habrá alguien que lo crea? Un señuelo que ni la persona más incauta se tragaría, si no fuese porque orquestado y repetido hasta el infinito, lo único que no han perdido los pobres es la ilusión de comer o tener trabajo algún día.

Si las promesas electorales fuesen hechas con el ánimo de mejorar el destino del país, los políticos no lanzarían este tipo de ofertas, ofenden la dignidad humana. En el juego de la doble moral importa su tamaño y dimensión. Hay quienes tienen cola de lagarto, se tragan un volcán y no lo eructan. Contra estas manifestaciones reprochables, los estudiantes de Comunicación gustan derramar ácido muriático y chile congo. ¡Que arda o pique! como exclamaba el poeta Beltrán Morales.

Espero que esta cachetada sirva también para que los estudiantes se quiten el antifaz y caminen derecho sobre la tierra. Ninguno puede ser señalado de usurpación de funciones, alteración de documentos, tráfico de influencias, manejo inadecuado de fondos públicos y otros incordios que atentan contra la salud del país. Lo que vi esa noche me anima y reconforta. Ojalá continúen asestando golpes a la doble moral, para evitar mañana deslizarse por esta misma pendiente. No vaya a ser que después se conviertan en unos reincidentes incurables. Al menos podrán contar a sus hijos que hubo un día que se mostraron inconformes con el sistema, pero que al final sucumbieron a sus cantos y llamados. ¡Confío que no ocurra! Me alegra que el profesor Silvio Sirias continúe a salvo de dobleces. Al menos en su actitud los estudiantes encuentran a una persona en quien confiar, en un país desencantado donde la desconfianza se adhiere a la piel del nicaragüense, como el musgo a las piedras en las profundidades de los ríos.

¡Salud, profesor! ¡Salud!