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La repentina candidatura a la Presidencia del empresario radial y diputado Fabio Gadea, y la declinación a la primera magistratura del diputado Eduardo Montealegre, ratifican que más allá de la gran simpatía ciudadana que expresan las encuestas, lo que se ha evidenciado es la fabricación de candidatos bajo la autoría anónima de especialistas en comunicación política.

La candidatura de Fabio Gadea en corto tiempo ha resultado familiar ante los medios de comunicación, prueba de ello es que se ha convertido en el actor político central en los principales espacios.

En realidad su rápida colocación en la agenda también ha sido producto de la campaña personal que en los últimos 50 años ha venido tejiendo, proyectándose como una persona sencilla, campechana, honesta, promotor de la libertad de expresión y la idiosincrasia nicaragüense. Pese a ese valor agregado, lo lamentable es que este hombre público y honesto, por luz propia no fue capaz de aspirar a la Presidencia sino que esperó el padrinazgo de terceros.

Gadea en una entrevista en la revista Confidencial (17/09/2010) realizada por el periodista Carlos Salinas Maldonado, cuando éste le pregunta “por qué tomó la decisión de ser candidato opositor para unas futuras elecciones en las que podría enfrentarse al presidente Daniel Ortega”, tristemente el aspirante a la primera magistratura responde: ‘…Cuándo él (Eduardo Montealegre) renunció me vino a ofrecer que si yo quería ser el candidato- él iba a buscar que renuncien todos los demás- y le dije que sí’.

La confesión de Gadea denota que tiene claro su papel, y a quién debe rendir cuentas al asumir su candidatura en los comicios electorales. Una vez más se evidencia que lejos de haber sido propuesto por ese montón de seguidores que aseguran las encuestas tener, en realidad su candidatura es producto de la bendición del diputado Montealegre.

¿Podrá Gadea trasladarle a su candidatura ese capital de simpatía que ha cultivado en Radio Corporación? La historia contemporánea demuestra que no siempre la simpatía que gozan los candidatos en sus otras facetas públicas como escritores, humanistas, líderes comunitarios, automáticamente se traslada al campo de la política.

Los ejemplos sobran. En 2006, el destacado cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy como candidato a la vicepresidencia por el MRS, no logró arrastrar el mar de seguidores que seguramente todavía corean Nicaragua Nicaragüita; el extricampeón mundial de boxeo Alexis Argüello, llegó al poder municipal con fuertes rechazos como sus puños. En la región y en América Latina, este mismo fenómeno ha ocurrido con Rigoberta Menchú Tum, Premio Nobel de la Paz, y Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura.

Cuando se revisa el expediente como funcionario público del autor de Pancho Madrigal, se observa que su peculiar voz ha sido silenciada desde el Parlamento Centroamericano. Durante su periodo como diputado nunca se ha conocido qué rol ha jugado en esa tribuna regional, ni mucho menos se conocen iniciativas que reivindiquen demandas sensibles que aquejan a los nicaragüenses que viven el fenómeno de la migración, xenofobia, trata de personas; y mucho menos temas en materia ambiental como la situación de la Reserva Bosawás, etc.

Al final persiste la duda: ¿si su diputación fue un cumplido de su consuegro y expresidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán, o en realidad, fue un clamor de la audiencia a lo largo y ancho del país donde penetra radio Corporación?
A pesar de los logros en comunicación de sus asesores en comunicación política, basado en la aplicación de herramientas (mediatización, personificación, espectacularización y marketing político), uno de los principales vacíos ha sido centrar su discurso en “cómo decir” en vez de poner el acento en “qué decir”, y en  replicar la estrategia de videopolítica basada en la misma lógica con que se implementó en la gestión del expresidente Enrique Bolaños y el diputado Eduardo Montealegre, cuando en realidad Gadea es un hombre de radio y hasta ahora la televisión no ha sido su mejor aliada.

La herramienta de la espectacularización se ha vista marcada por las tradicionales conferencias de prensa al despuntar la semana, teniendo como premisa “que aunque no tengamos nada que decir, tenemos que decir algo”. Una tesis que sugieren diversos estudios sobre televisión y política, los cuales recomiendan tener presente que en televisión pesa más el figureo que el contenido.

Igual lógica de comunicación se ve retratada en los spot de televisión, donde se confirma una vez más  que don Fabio sigue al pie de la letra la misma estrategia de comunicación de Montealegre.

En el actual proceso electoral, la comunicación política ha comprobado que el poder de los medios es tan verosímil que no se sabe la frontera entre la realidad y la fabricación de candidaturas. Montealegre, luego de haber estado expuesto sistemáticamente a los medios como candidato a la Presidencia y alcalde debería compartir qué sintió cuando el 7 de septiembre de 2010 decidió declinar y ver que el país siguió igual, y quizás solo su equipo de campaña y algunos fieles fueron los que lloraron en silencio su retiro de la arena electoral.

En el juego electoral todo se trata de fabricar candidatos con la venia de los medios de comunicación, y solo sobreviven en la agenda pública los candidatos líderes de opinión y quienes tienen seguidores no virtuales. Don Fabio se ha tomado tan en serio su papel en esta novela política de noviembre de 2011, que también debe prepararse para los sinsabores que deja la televisión detrás de la lente cuando no se logra llegar a la Presidencia. ¡Si no, pregunte al diputado Montealegre!