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El 15M ya tuvo su culminación, mientras los gobiernos central y autonómicos, ministros y concejales en estado de crisis, se ven obligados a parar el desenfreno de los últimos años de crédito fácil, del gasto gratuito en infraestructuras sobredimensionadas o innecesarias. Como los numerosos puertos de yates de grandes dimensiones que se pueden observar siguiendo la línea costera con Google Maps, y donde se amontonan los yates abandonados que fueron tomados a crédito por los nuevos ricos de la efímera burbuja inmobiliaria. Hay 18 puertos de yates a 30 Km de Barcelona, uno cada 3 KM al norte o al sur; y pasados los 30 Km, hay uno cada 10 Km. Parafraseando lo que un día de mayo de 1978 oí decir a José Coronel Urtecho en el muelle de Las Brisas, mientras vendía el suyo: “profesor, el problema de un yate no es comprarlo, es mantenerlo”, “el problema de tanto puerto, además de interrumpir el paso de la corriente que alimentaba las playas de arena, es que no se sostienen”.

Estos días se oye el crujir de dientes por lo que gastaron los alcaldes de Barcelona o de cualquier ciudad española en propaganda de imagen para enriquecer agencias de publicidad y publicaciones de todo el mundo. Financiar la película de Woody Allen, o las secuencias filmadas en Barcelona de la novela de Brown, fue un pellizco de lo que se ha invertido en ferias y congresos, delegaciones y representaciones internacionales, para atraer turismo de masas.

En la burbuja de la construcción se cambió el ladrillo de las aceras por piedra arenisca, el pavimento de superficie lisa de las calles fue sustituido por otro más caro que reduce la contaminación acústica, pero requiere un mantenimiento continuado. Se ha gastado en poner bordillos de granito en las aceras, la piedra de los cementerios que emite radón (radioactividad) en el interior de las ciudades.

Una estética de mausoleo. Mientras las constructoras vendieron la piedra antigua de los bordillos en Alemania, Holanda, Inglaterra donde saben que es apreciada.
Se creyó que toda la Economía descansaba en la imagen (la cultura del look y el body) para atraer “servicios” financieros o el turismo de destino sexual, que en Barcelona concentra prostitutas venidas de toda Europa los días de las grandes Ferias o Congresos; y se ha tenido que cercar el Mercado de la Boquería a la hora que marchan los mercaderes, por eso, por las prácticas sexuales en los corredores a la vista de los mirones. Se gastó en fuegos de artificio con la creencia de que “todo el campo es orégano” o con “la mano más larga que la manga”, y ahora hay que recortar del sistema hospitalario y escolar, y reducir subsidios.

Es tiempo de recesión y vacas flacas, ya pasó el arte decorativo o cursi de la postmodernidad (remedo del art deco del modernismo de cien años atrás), en el que casi todos los ciudadanos quisieron creer y creyeron vivir. En algunas encuestas escolares, cada niña quería ser modelo y cada niño un arquitecto. Ahora se culpa a los políticos, pero la gente les creyó porque querían creerles.

Simplemente, porque había crédito, exceso de liquidez, y querían “pan para hoy, hambre para mañana” (pan para unos y lujos para otros). Entonces se burlaban del que iba a contracorriente y no caía en el cuento de las hipotecas y las tarjetas de crédito. Se engañaron a sí mismos. Pero todavía no quieren darse cuenta de que los políticos nada más son los artistas, no mandan la música ni son los dueños del circo. Están puestos ahí para que reciban la ira y la burla, o algún aplauso.

En este descrédito andaban los políticos, en gobiernos de crisis y una campaña electoral apática, cuando los desconcertó la toma de las plazas por los 15M. Unos que no cantan la conocida “canción protesta” del 68 ni la de “sor Citroen” de los voluntarios tercermundistas, sino que hacen un cuestionamiento de la ley electoral, de la falsa división de poderes y de la inmunidad de los corruptos en las listas de las elecciones municipales y regionales del 22 de mayo (más de un centenar de candidatos de los dos grandes partidos tienen asuntos de corrupción pendientes en los tribunales). Los 15M piden que los banqueros saquen el dinero de los circuitos mundiales de las bolsas para dar crédito a la pequeña y mediana empresa, y proponen que pongan en alquiler el millón y medio de viviendas sin vender. Si exigen esto a políticos y banqueros, cumplir con las leyes y el sistema de producción y demanda, el desconcierto es enorme.

Deberían de sentarse a hablar con estos jóvenes, si es que abandonan el fundamentalismo de que la Economía es exclusivamente su cartera de valores financieros a costas de la “economía real”. Pero antes necesitan ver el otro 15 de Setiembre de Lehman Brothers cuando reviente la burbuja del déficit público, cuando se diga que nunca hubo tanto dinero anotado en sus activos con tan poco valor.

Banqueros y políticos, a “derecha” e “izquierda” si esto existe en el monopolismo de estado, se preguntan sorprendidos cómo es que los jóvenes 15M tienen las ideas tan claras. Se responde parafraseando a Aristóteles, el de la Grecia antigua: lo mismo que el idioma, un instrumento que se renueva y actualiza en el común entendimiento (“intelecto agente”), existe la memoria social y el relevo generacional del lenguaje de unas prácticas y de un pensamiento crítico, de unas tácticas y de un pensamiento estratégico. Porque la práctica de estos jóvenes viene de una experiencia anterior a las leyes de desregulación financiera, madurando en estos treinta años de concentraciones monopolistas, ajustes monetaristas y especulación. No son unos individuos, son los grupos sociales los que desbordan intelectualmente a la generación de políticos menos relevante de la historia moderna, y a los directivos que la revista Forbes dice que no fueron de los primeros de la clase, y que no pueden escribir sus memorias.

Por otra parte, el movimiento de las plazas del 15M parece que ya ha hecho lo suyo, despertar un sentimiento de apoyo más que mayoritario sobre un consenso general, de que en el actual sistema democrático y económico existen otras salidas a la crisis y al modelo de política económica de estas tres décadas. Si se motivan las comunidades de los barrios, donde afluyen individuos de diferentes grupos y asociaciones, se pueden canalizar estas iniciativas superando los planteamientos del 15M. Ahí se pondrá a prueba el efecto dinamizador que estas dos semanas de actividad en las plazas pueden desencadenar en las juventudes de los viejos partidos de la “transición” de Adolfo Suárez, el ministro del Movimiento Nacional.

La juventud de aquella primera transición que salía de colegios católicos o de la Juventud Obrera Católica, entraron a partidos y sindicatos conociendo la doctrina social de la iglesia, el social cristianismo estamental de Estado corporativo o el voluntariado de beneficencia del Pozo de Tío Raimundo con el Padre Llanos y Díez Alegría. Muy pocos de las actuales cúpulas de partidos y sindicatos tuvieron otra formación liberal o de izquierdas. Pero aquella transición ha dado estos frutos, los políticos ahora cuestionados y las juventudes preparadas para la segunda transición. Es el momento de hablar y del consenso, eso es la política como vida ciudadana.