•  |
  •  |

La política de la guerra contra las drogas no dará resultados mientras no se des- criminalice, sostiene la Comisión Global de políticas sobre Drogas. La Comisión  propone cambiar el prohibicionismo por una nueva estrategia basada en la prevención y  la educación.

“Los enormes recursos destinados a la guerra y la represión hace que, en comparación con la financiación de tratamientos y las campañas de prevención, parezca ridícula”, recalcó Fernando Henrique Cardoso, ex presidente de Brasil y titular de la comisión,  que incluye ex presidentes como César Gaviria (Colombia) y Ernesto Zedillo (México).  También están Javier Solana y escritores como Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa.

Estados Unidos, principal consumidor de droga en el mundo, rechazó estas propuestas empeñado en su guerra contra el narcotráfico, que se cobra miles de vidas en Latinoamérica. Desde 2006, México destinó 10.000 millones de euros y 50.000  soldados para la “guerra”. Ya son más de 28.000 muertos desde entonces.

“Estados Unidos ha tenido siempre la misma política. Esta etapa de la guerra contra las  drogas ya lleva casi 40 años de total fracaso”, afirma César Gaviria.

Lejos de aniquilar  el tráfico, el negocio es más prolífico y rentable que nunca. Por cada narcotraficante  arrestado se suman nuevos que asumen los riesgos por las jugosas ganancias.

Esta guerra comenzó en Estados Unidos a principios del siglo XX, con un enfoque de  paternalismo estatal. El Estado comenzó por perseguir a quienes las usaban.

Pero la  demanda era fuerte y la idea de encerrar a tantas personas era y es poco práctica. La  política exterior antinarcóticos paso a combatir la oferta proveniente de países vecinos  para reducir la demanda interna. Esta nueva táctica ha fracasado, ha tenido el efecto  contrario a su intención inicial de debilitar a los cárteles de la droga.

La prohibición provoca que un kilo de marihuana valga 80 dólares en México y 2.000  en California; que un kilo de cocaína valga 12.500 dólares en México y 70.000 en  Estados Unidos. Los grandes narcotraficantes son los que más se benefician. Los  operativos anti-drogas que se practican tan solo sirven para eliminarles la competencia  con los pequeños distribuidores. Existen grupos terroristas financiados por el  narcotráfico como las FARC en Colombia o el Sendero Luminoso en Perú. ‘El  prohibicionismo agrava el mal en lugar de evitarlo, sostiene imperios criminales y un  mercado negro en perpetuo crecimiento. Genera adulteración y un envenenamiento de  las sustancias que provoca daños más nocivos en cuanto al consumo’ afirma Antonio  Escohotado, autor de Historia General de las Drogas.

La corriente pro-despenalización tiene cada vez más fuerza. Un ejemplo de su viabilidad es Portugal, donde la despenalización ha tenido éxito. Este país tenía uno de  los problemas más graves en Europa.  En 2000 se convirtió en la primera nación en  despenalizar el consumo de todos los estupefacientes. Los drogadictos representan el  20% de los casos de VIH en Portugal, inferior al 56% de antes de la ley. Los individuos  detectados con drogas no son tratados como criminales. El objetivo es dirigir a las personas hacia un tratamiento.

En lugar de ser encarcelados, aprenden cómo controlar el uso de las drogas. La  despenalización elimina la prisión para los consumidores pero mantiene las penas criminales para los traficantes.

Un informe publicado por Naciones Unidas contra la Droga y el Delito encontró que el  uso de drogas se ha estabilizado en el mundo desarrollado. Cada año se gasta más  dinero para combatir las drogas y no se logra disminuir el consumo. Si las drogas  estuvieran disponibles bajo prescripción o a precio asequibles el narcotráfico y los  delitos por búsqueda de fondos se reducirían en un 75%. Los perjuicios a la salud  causados por el uso de drogas de mala calidad se minoraría cerca de un 50 % y  provocaría un menor gasto público. Este dinero se podría invertir en educación y  prevención, como es el caso de Portugal.

El fracaso de la política prohibicionista hace necesario un debate social que incluya  nuevas propuestas. Porque existen otras alternativas, la despenalización es posible.

*Periodista
ccs@solidarios.org.es