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Con junio, llega la mitad cronológica del año. Un trascendental proceso político está en movimiento, sin embargo, no tiene agenda programática. Importantísimo momento, no sólo por el ejercicio electoral de noviembre próximo, sino, porque el mundo entero se enfrenta a las consecuencias de varios cientos de años de acciones desmedidas; contra la naturaleza, contra los pobres, contra los ricos que no fueron más fuertes que ellos, contra el sentido humano, y contra miles de pequeñas justicias sociales que, sin haberse alcanzado a plenitud, gozan del conveniente título de Paradigma; seguridad social, distribución equitativa de la riqueza, acceso eficiente y eficaz a la salud, educación, recreación, elementos que en su conjunto plantean vigas transversales de la democracia.

Es un año incisivo, no cabe duda, debe apostarse a las pequeñas estructuras que se han desgastado, que se han olvidado o que se consideran infaliblemente fallidas. Cuanto más provechoso para dominar un país, el desconocimiento de los problemas particulares; de las alzas diarias en cada alimento, de las faltas administrativas en el Estado, de los excesos de la empresa privada, de la carestía de la educación, de las licencias vencidas irrenovables, de las coimas a oficiales de tránsito, de los ominosos salarios de los policías y médicos y maestros, de las estafas en universidades públicas y privadas, femenicidios, comunidades inaccesibles, barrios sin agua ni luz, así, muchas historias más.

Como ejemplo de un problema particular, determinante y apremiante, puede tomarse el sistema financiero nacional. Debe notarse claramente, que este problema, es una pandemia mundial que a distintos organismos los mata con ciertas prerrogativas, como una deuda por pagar, un préstamo para el desarrollo o sea de la forma que se adjetive, consiste en manipular a través del capital las leyes de un país a conveniencia individual o gremial. La libertad del “otro” individuo, por ende, la movilización mental y física de una persona en la sociedad se desmorona.

El manipular leyes, no es cosa pequeña, sino un descomunal impacto en la mentalidad de la población. Debe primero comprenderse con toda la conciencia que nos es dada, que la Ley es una ficción del humano, tan real como un solaz momento de amor. Por ello, lo imprescindible de la ficción jurídica son sus agentes ejecutores, a saber: funcionarios públicos (administradores) y ciudadanía (administrados), que estos asuman por bien común el poder coercitivo de la norma. Lo contrario a esta lógica, culmina en la inclinación de las regulaciones sociales a favor de un grupo que acapara en la práctica el indelegable derecho humano a buscar la felicidad, pues la condición mental de vivir bajo un Estado funcional, estimula la búsqueda sincera de nuestras prioridades, esto es, el ensanchamiento de nuestra libertad. Lo contrario, discrimina a los círculos anodinos para el paladar del poderoso Estado, que en contubernio con la elite de la empresa privada, priman sobre el derecho del ignorante.

La libertad, tan cuestionada por el modelo económico —con justa razón— roza desgastantemente con la justicia y la economía. Ejemplo, art. 50: En los contratos que los Bancos celebren con sus clientes, estos podrán pactar libremente las tasas de interés, por consiguiente, quedan derogadas todas las disposiciones legales que se opongan a este artículo (Ley 561).

¡Un grito! Qué poco sería. Cómo igualmente es poco decir que el mal de esta Ley termina en los intereses pactados, de ninguna manera, basta imaginar las llamadas de cobro que realizan a los clientes en mora, sin importar la hora, el día o el lugar, qué importa, la Ley está de su lado, entonces no se cree en ella, y el efecto es dominó.

Así de trascendental es manipular la Ley. La cultura del ciudadano asume inconscientemente la posición de víctima, de microbio, finalmente, de inútil.

Cuánto más provechoso gobernar un país que se imagina impotente. Digo se imagina, porque como mencioné antes, la Ley es una ficción.

El 15 de abril de este año, la Red Nacional de Defensa de los Consumidores (RNDC), conquistó con la mezcla de imaginación, ingenio y profesionalismo, una victoria sobre el BDF por prácticas anticompetitivas, por fijar la misma taza de intereses en las tarjetas de crédito. Los bancos en Nicaragua se sientan una noche cualquiera, brindan, gritan como lo hacen los poderosos y pactan acuerdos para no competir (prohibidos por la Ley 601 de promoción de la competencia) en “beneficio” del país. Como evidentemente no hay tal beneficio, la ciudadanía una vez más lee estos acuerdos en el periódico y vuelven a dejar a un lado la imaginación para aferrarse a la impotencia con todas sus ganas. Mientras se palpan los bolsillos.

No compiten, así que no importa en cuál banco decidamos hacer uso de los servicios financieros establecidos en la Constitución Política en el artículo 99: El Estado garantiza la libertad de empresa y el establecimiento de bancos y otras instituciones financieras, privadas y estatales que se regirán conforme las leyes de la materia. ¡Y qué leyes! ¡Qué Estado!

No obstante la resolución del Instituto Nacional de la Competencia  (PROCOMPETENCIA) haciendo uso de las herramientas jurídicas, sancionó al BDF con la mínima cantidad de 300 salarios mínimos, algo así como 35 mil dólares que si bien traducidos al mercado, son la mitad del valor de una Toyota-Prado del año —sin extras claro está— no significa que sea pequeño el impacto, pues el rédito está en que ahora los banqueros conocen personas con la imaginación tan alta como la Ley para impulsar procesos que adversen sus intereses. La mera divulgación de esta noticia tiene un efecto alentador en el imaginario colectivo.

Hay, no obstante, todavía que ganar el amparo al resto de bancos que interpusieron ante la Corte Suprema de Justicia para no ser juzgados administrativamente. Hay que esperar que el Estado termine de hacer su labor apegado a Derecho. No obstante es una victoria, frente a un adversario tan poderoso, que ha hecho incurrir en autocensura a los medios de comunicación más democráticos, pues ellos son de los anunciantes más importantes —por ende amigos de la Red, no podemos dar cobertura a esta importante noticia— Nos dijo un periodista. Otros, pese a ser el primer caso en América Latina en que un Banco privado es condenado por prácticas anticompetitivas, ubicaron la noticia, cotidiana en la sección de economía o nacionales.

El día 17 de mayo del año 2011, la RNDC obtuvo otro importante triunfo, llegó el turno de la Asociación de Bancos Privados de Nicaragua (ASOBANP), quienes fueron hallados responsables al igual que el BDF  por prácticas anticompetitivas y fueron multados con 100 salarios mínimos. Con esto logramos diseminar un problema que tiene a simple vista, dos salidas: Una nueva regulación para el sistema financiero que aborde el control de las deudas de forma técnica y cultural o el segundo camino; llegar a un caos de economías familiares incapacitadas para pagar a bancos altamente solventes.

Las microfinancieras, entes que funcionaron por años, algunas como personas sin fines de lucro, sin regulación, negociando con el dinero que tanta rencilla cuesta a las uniones más fuertes, que tanto cuesta a las familias honradas. Y en cambio, el Estado olvidó que el crédito como fuente de inversión en el campo, estaba siendo absorbido por estas empresas usureras. Al respecto hay mucha tela que cortar, pero no obviemos que en este país, la enfermedad está en progreso, el sistema financiero en conjunto es un organismo que penetra en todos los estamentos; iglesias, medios de comunicación, gobierno, sociedad, es decir, es hoy por hoy, junto al partido oficialista, la gente con el poder para cambiar rumbos y mentalidades.

La felicidad es un estado que quizá muchos la identifiquemos recién cuando ésta ya se ha ido, pero sin duda, siempre la estamos buscando, disfrazada de tristeza, incluso, avista bajo nuestras ojeras. Este es un año incisivo, el derecho a ensanchar nuestra libertad, significa que el gobierno y demás actores, permitan que el sistema engrane tomando en cuenta que la ficción, no es nada, si no se asume la convicción de que es comunalmente aceptable y tangiblemente realizable.

Este es un año trascendental, igual que el próximo y los venideros, pero nada es mejor que hoy, para iniciar el cambio que nunca será sin el presente.