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La palabra es creadora del mundo o – como dice Ángel Rosenblat- “creadora de mundos”. Porque las palabras –agrega don Ramón del Valle Inclán- “son espejos mágicos donde se evocan todas las imágenes del mundo”. Matrices cristalinas en las que se transparenta el mosaico de la vida y se aprisiona el más vigoroso recuerdo. Es la palabra la piedra fundacional de la lengua a través de la cual nos descubrimos a nosotros mismos y descubrimos también a los demás. Por eso nos confiesa Sartre que descubrió el mundo a través del lenguaje, razón por la cual tomaba el lenguaje como si fuese el mundo.

Todo hablante se convierte en un creador frente a su propio repertorio lingüístico, porque dentro de los cauces normales aprende su lengua a su modo: afirma sus gustos y preferencias, selecciona según su criterio y recurre a las formas que mejor se acomodan a sus posibilidades expresivas. Una agarrada o un agarrón, para el nica, es una pelea o una disputa verbal; y un agarrado es el mismo pinche, el codo, tacaño, que no da ni agua porque difícilmente suelta lo que puede dar.
El nica no capta una idea, sino que la agarra “así” (haciendo sonar el dedo índice con el mayor); ni se apropia de algo… simplemente la agarra y cuento acabado. Y agarra para cualquier lado: El amor se convirtió en “algo entre dos compañeros en una misma lucha con montañas de por medio, pues él agarraba para un lado y yo para otro” (Benigna Mendiola. END/20/08/08).

Pero el nica, también, es capaz de tratar con antipatía o mala voluntad o, como quien dice, agarrarla con alguien, o le da por acosar o fastidiar con insistentes bromas o  reclamos; es decir, lo agarra de encargo, como lo agarra fuera de base o lo agarra movido cuando quiere sorprender. A veces, asume un comportamiento diferente al acostumbrado, y entonces sí que le agarra feo. Pero cuando quiere descubrirle sus planes a alguien, es capaz de agarrarle la movida o agarrarle la jugada.

La lengua culta responde más al criterio de unidad hispánica, y se somete con mayor  disciplina a las normas que aseguran esa unidad. Pero la lengua popular y familiar tiene un color local y es más vivaz y espontánea. Hay nicas dados a las murmuraciones o  chismes. ¡Meras habladas! O a esa conversación inoportuna y perturbadora para quien   la oye. ¡La pura habladera! Y se oye la habladera, es decir, ese rumor o ruido confuso de  voces. A veces habla a la pura imprenta, porque dice las cosas sin base ni conocimiento,  o habla al peso de la lengua, porque es dado a la calumnia; pero es también capaz de  hablar abierta y claramente  cuando habla claro y pelado, o guatusearnos cuando habla  con las manos metidas en la bolsa. No pocas veces habla sin parar, cuando habla como  si hubiera comido mondongo, o habla largo y tendido como que si no tuviera algo qué  hacer, y en otras circunstancias ni siquiera se le oye la voz, cuando habla como si no  hubiera comido.

Y es que la lengua oral es vivaz, pero sobre todo viva y por eso afectiva: está íntimamente ligada a nuestras emociones y voliciones, ansiedades y temores. Y para expresar los hechos, muchas veces deforma las ideas y las palabras para acomodarlas a sus propias necesidades de expresión. Por el hablado o modo de hablar nos damos a conocer desde lejos; pero un compadre hablado se conoce mejor, porque subrepticiamente se ha puesto de acuerdo con otro.
Un hablador es un fanfarrón, un tipo presumido que hace alarde de lo que no es; o un imprudente, que no tiene sensatez ni cautela en lo que dice. Pero un hablantín habla hasta por los codos: “Borge tenía 35 años, yo 19; él era fogoso y hablaba hasta por los codos” (JEA, END/19/08/08).

El nica, entonces, habla claro cuando dice la verdad sin tapujos, aunque hable duro, con voz fuerte y sonora. Con frecuencia habla golpeado, o con perradas, que es lo mismo, en tono fuerte y altanero, aunque hable mierdas o hable paja por las tonterías o impertinencias que dice. Pero lo peor, es cuando habla pestes, o habla por detrás, porque emite comentarios en perjuicio de un ausente. Eso sí, se abre su corazón en todo hablatón, porque sabe que se trata de un conjunto de actividades que, con el apoyo de las transmisiones radiales, se realizan generalmente para recaudar fondos con fines benéficos: “El municipio de Nindirí realizará el próximo sábado, con el apoyo de estudiantes de los institutos de secundaria, un hablatón para recolectar más ayuda para las personas damnificadas”. (END/14/09/ 07)

Por eso los nicas hemos inventado nuestro propio vocabulario, es decir, nuestras voces que por su forma y sobre todo por su significado nos distinguen de las demás comunidades lingüísticas. Así, para el nica, rola es una canción; pero en otros lugares tiene significados diferentes: tronco grande de madera para aserrar (Venezuela), dinero (Honduras), pene (España), ave (Puerto Rico), y en Panamá significa lo que para nosotros es la aplanadora utilizada para allanar caminos y carreteras en construcción. Para un mexicano de Tabasco arrechar es estar en celo, pero para un nica es disgustarse; un mexicano o un venezolano  bolea (limpia los zapatos); pero para un nica no es fácil que lo boleen, porque lo mandan a uno de un lugar a otro evadiendo cada quien la responsabilidad en el caso. Un bolo en nuestro país es un ebrio, pero vea usted la diferencia: moneda común en Venezuela, gallo sin cola en Cuba y cuchillo largo como machete en Filipinas.

Fíjese usted: macho en México es el grano de arroz con cáscara, en Cuba es el cerdo, en Uruguay es un punzón cortante, en Panamá es la escalera empleada para la recolección del café, y en Nicaragua  es la toalla sanitaria que usan las mujeres durante el período.

Es la magia de la palabra que nos une  y nos identifica y define, pero que también nos diferencia. Juan Maragall, el gran poeta catalán, afirma: “Yo creo que la palabra es la maravilla mayor del mundo porque en ella se abrazan y confunden toda la maravilla corporal y toda la maravilla espiritual de nuestra naturaleza”.

rmatuslazo@cablenet.com.ni