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Nunca el silencio se otorga al mentiroso. La mentira tiene muchos disfraces y la cordura no es su habitual guía. Pesada roca encima de los hombros del mundo, la mentira extorsiona en cualquier momento. Es trepador reptil el que miente y demuestra que la mentira pasea su ocio de hiel entre los ojos del planeta.

Destripa. Huracán de varios topes, su descomunal viento destructivo.
No caeré en su juego de fuerte pestilencia, me dije una noche de agosto tirado en una de  las bancas de la terminal de buses. El ojo de la cerradura se cerraba impunemente ante mi desconcierto y humillación. La mentira no se lo decía a nadie, pero no callaba ante el fuego de los tropiezos, holgada,  sin sentimientos ni aprobaciones, sólo rumiando espesa en cualquier cabina de la duda. Obliga a confirmar  sus servicios, con la contundencia imprudente  para  desbaratar cualquier promesa.     

La mentira tiene  la cara de mil máscaras de la mentira de la mentira. Es una sucesión de abarrotes de maldad con la permanente sed de una venganza para abrir más heridas encarnadas.  Su política de consenso es eolítica, cansina, desvergonzada, y chata de señales humanas.

Cualquiera de nosotros, y los otros, puede caer en sus laberintos de sancocho y presión al vacío, para no volver como antes a ser vida cómoda. Un chorro de mentiras, no se debate entre calambres ni fuegos abatidos. Es como la sombra del odio mordiendo el rostro de un caballo necesitado.
La mentira calla ante un rollo de higos que defienden la pasión del día, por donde camina un niño que no tuvo el color de una sonrisa.

El traje de la mentira solo puede ser cargado en los hombros de la mentira,  destroza el rojo ingenuo.  No hace falta el juez con su martillo, y birrete, porque la mentira tiene atascada todas las salidas del poder.

El sol es más despacio, si cae frente a un torrente de mentiras. Si en la noche asalta una mentira, los pechos de una madre soltera. Dejo de creer en la revuelta, es la mentira, el huracán más aventajado.

Los mediodías, las heladas cuevas del silencio, son apenas pocas cosas, si adelanta el paso una mentira sobre el rostro de la vida. La realidad que no escapa al asombro, huye de la mentira.

Cerca de la diatriba, la mentira imposta su voz y destroza el puerto de la verdad. Un eco malogrado acusa el ruido de la mentira. Es de siempre el enfado de la verdad, porque la mentira copa todos los rincones de la paciencia y se impone detrás de las puertas como el gánster de turno y asalta las ventanas.

La mentira no tiene patio, ni siembra, sólo baja a los a acantilados, y aún así, continúa su descarnada erosión de perversidad.   
Estamos en desventaja: la mentira, no se puede coger en el mismo tramo de la paciencia.

No voy a buscar el rostro del mentiroso en la luz ingenua de la paciencia. El mentiroso humilla su propia sombra, y no cree que morirá arrollado por el cuchillo filoso de su entrampado de patrañas. La mentira no tiene sábana en el camarote del que se faja con la vida. La mentira odia.

Desde hace mucho tiempo, la mentira es eco de los ventrílocuos de la política criolla. También es un pasadizo falso, que invita a pasar la vida, de fiesta en fiesta, cuando el pan no llega a casa, y la mujer jefa del hogar se enferma de angustia. La mentira acuña las puertas y atiza el fuego. Es un desmotivador por encargo. La mentira es un problema aparentemente sin solución que no perjudica, no es inmoral, no roba, ni descuelga el teléfono del que tiene respuestas cuando alguien pide auxilio. Algunos señalan, que la mentira tiene su razón piadosa y olvidan que la inquisición cambió de caretas y sigue matando. La mentira hace su propia rueda con sus rufianes preferidos y ¨soluciona a su manera los problemas¨ cuando los gritos hablan de la muerte. La mentira tiene escritorio y acelera la incertidumbre.

La mentira es calculadora, porque se nos viene encima a cuenta gotas  para destriparnos el subconsciente. Intenta privatizar el pensamiento para descubrir nuestras ideas. Es hábil consejera de la rutina para provocar el descontento. No se sacia con el mínimo, se harta de nuestros intereses.

La mentira acorrala el bien, y miente, con cara de dolor para ganar tiempo e infundir el temor por los cuatro costados. A veces, se baña en lágrimas pero no se muere.

La mentira también aparece en los bosques con disfraces infantiles y trato sucio para legitimar emociones y  retardar la reflexión oportuna para el buen vivir y asentar la ternura.

La mentira ataca con mediocridad para imponer la mierdiocridad (recordando al poeta Beltrán Morales) como base principal de sus operaciones delictivas  y entre ceja y ceja como negociante del odio desmantelar cualquier proyecto social y cultural, que convenga a la ciudadanía que aspira a un presente mejor. La mentira es el enemigo de mil cabezas, al que hay que vigilar con los ojos, con el cuerpo, con los pies, la respiración, el insomnio, la enfermedad y la soledad entretenida pero alerta.