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Independientemente de que el otrora director gerente del FMI, el francés Dominique Strauss-Khan, sea hallado culpable o inocente por la justicia de Estados Unidos, en la acusación por supuestos crímenes sexuales cometidos contra una camarera de hotel de origen africano, lo cierto es que el más alto cargo en esa institución financiera mundial ha quedado vacante y su sucesión ha desatado una intensa lucha internacional.

Bajo la influencia del lobby judío en el mundo, apoyado por estadounidenses y europeos, los medios financieros están en contra de una nueva moneda de reserva internacional, que era el proyecto del exdirector del FMI, un plan muy esperado, tanto por los países emergentes como por los medios apátridas del mundo de la finanza.

Se ignora en este momento quién está más traumatizado, si el brillante político que iba a salvar a la humanidad de la crisis financiera y se ve ahora degradado al status de infame criminal, o los pueblos que aspiraban a un alivio y hoy nuevamente, se encuentran en el papel de impotente observador de la violencia jurídica de Estados Unidos.

Muchos han empezado a conjeturar diversos escenarios de manipulación mientras que otros se preguntan ¿A quién beneficia el crimen? Es bien sabido que los peores crímenes exigen precisamente la sangre de los amigos e incluso la de los propios parientes; que si hay un complot no necesariamente tiene que ser uno maquinado a orillas del Sena, sino en las riberas del Potomac.

Únicamente dos candidatos han oficializado su postulación: Christine Lagarde, Ministra de Economía de Francia, quien hizo carrera en Estados Unidos defendiendo los intereses del complejo militaro-industrial y Agustín Carstens, gobernador del Banco de México. Ambos realizan giras en busca del apoyo de líderes globales. No obstante, las vehementes protestas de Rusia y China, se menciona a Lagarde, como presunta sucesora del hoy imputado a la cabeza del FMI.

El 29 de marzo de 2009, el gobernador del Banco Central de China, Zhu Xiaochuan, había cuestionado el predominio del dólar estadounidense como moneda de reserva, y después de deplorar que el proyecto del economista John Maynard Keynes, de creación de una moneda internacional (Bancor) no llegó a concretarse al término de la Segunda Guerra Mundial, propuso la utilización de los Derechos Especiales de Giro del FMI para asumir ese papel.

En la Cumbre del G20 celebrada en Londres, el 2 de abril de 2009, Estados Unidos aceptó que se tripliquen los recursos del FMI así como la emisión, por parte del propio FMI, de Derechos Especiales de Giro (DEG, siglas en español). Además admitió en principio, la creación de un Consejo de Estabilidad Financiera al que estarían asociados los grandes países emergentes.

El proceso total debía concretarse precisamente este 26 de mayo de 2011, durante la Cumbre del G8, en Deauville, Francia. El dólar hubiese cesado entonces de ser la moneda de referencia, lo cual habría tenido como telón de fondo la inminente cesación de pagos del gobierno federal de Estados Unidos.

Con ello, Washington renunciaría al financiamiento de su super-poderío militar a través de la deuda (Dilema de Triffin), consagrándose a su reestructuración interna.

Infortunadamente, durante los últimos meses del proceso, iniciativas militares y políticas alteraron ese plan. Ciertos estados como Rusia y China han sido engañados. El arresto de Dominique Strauss-Kahn, demuestra que Washington venía actuando de mala fe y que sus concesiones no eran otra cosa que meras tácticas dilatorias para ganar tiempo.

Aunque los detalles de la estructura que Dominique Strauss-Kahn, había montado para crear la nueva moneda de reserva vinculada a los Derechos Especiales de Giro del FMI son secretos, no se sabe si Nicolás Sarkozy y David Cameron se dejaron arrastrar por su propio despliegue de fuerza o si actuaron por orden de Washington; lo cierto es que la frágil estructura concebida por Strauss-Kahn se ha desplomado estruendosamente.

Nos encontramos ante una guerra financiera de proporciones jamás vistas. En momentos en que la situación económica de Estados Unidos se tambalea más que en ningún tiempo y el dólar en cualquier instante puede trocarse en simple papel mojado, el acuerdo concluido con el G8 avalado por el G20, elaborado por el FMI en coordinación con el Banco Mundial y con los medios bancarios internacionales, cuyo campeón era DSK, está ahora en suspenso.

La hegemonía del dólar sigue intacta, a consecuencia del complot, pero es más artificial que nunca. Los estados emergentes querían relativizar el valor del dólar el que sirve de base al poderío del complejo militaro-industrial israelo-estadounidense. La candidata europea, Christine Lagarde, está comprometida a favor de la integración de Europa en el seno de un gran mercado transatlántico bajo el dominio de Estados Unidos.

El gobierno se ha abstenido de responder a los llamados de los países emergentes para acabar con la vieja tradición por la cual un europeo es quien dirige el FMI. Aún así, Washington se ha apegado a un cuidadoso libreto en un aparente esfuerzo para evitar indisponer a estos países.

Los países europeos, que en su mayoría se inclinan por Lagarde, poseen 35% de las acciones con derecho a voto del Fondo, los estadounidenses tienen cerca de 17%, el miembro con más votos.

Desde la fundación del FMI, tras la Segunda Guerra Mundial, un europeo ha encabezado la institución mientras que un estadounidense ha dirigido el Banco Mundial, y según la tradición, otro también ha ocupado el puesto número 2 del Fondo, ubicando en lugar preponderante a un funcionario de ese país en comunicación directa con el Tesoro. Tal acuerdo le ha permitido a EU responder a las crisis financieras internacionales por décadas en beneficio propio.

La reforma del Fondo Monetario Internacional queda pendiente; pero el auge de la moneda china podría reconfigurar el sistema monetario global y alterar el motor principal de crecimiento del mundo. El camino hacia las reformas no está del todo allanado pero tampoco es intransitable.

* Diplomático, Jurista y Politólogo