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El caudillismo es un rasgo característico de la cultura política nicaragüense. Así lo han consignado estudiosos de nuestra cultura política como Emilio Álvarez Montalván,  Óscar René Vargas, el maestro Alejandro Serrano Caldera, Erwin Silva y otros.

Según Max Weber, el caudillismo es una de las justificaciones para fundamentar la legitimidad de una dominación, y se caracteriza por “la autoridad de la gracia (carisma) personal y extraordinaria, la entrega puramente personal y la confianza, igualmente personal, en la capacidad para las revelaciones, el heroísmo u otras cualidades de caudillo que un individuo posee. Es esta autoridad “carismática” la que detentaron los profetas o, en el terreno político, los jefes guerreros elegidos, los gobernantes plebiscitarios, los grandes demagogos o los jefes de los partidos políticos."

Las razones históricas de la existencia del caudillismo en Nicaragua, si acaso las hay, no las tengo muy clara. Pero sí es evidente que en nuestra historia política los caudillos ocupan un papel relevante: Zelaya, Chamorro, Somoza, Sandino, Ortega, Alemán. El caudillismo en Nicaragua es un hecho objetivo innegable; sobre sus causas se puede especular pero no se puede negar su existencia. El caudillismo en Nicaragua es una realidad sin llegar todavía a los extremos paradigmáticos que alcanzó en la Argentina con el peronismo.

El peronismo es el fenómeno más extraordinario del caudillismo en América Latina. Por su persistencia en el tiempo y por su capacidad de metamorfosearse en cualquier personaje (general, guerrillero, dirigente sindical, dueño de un medio de comunicación social, periodistas, escritores, banqueros, estrellas del espectáculo, milico represivo, torturador, político corrupto de derecha, político populista de izquierda, etc.) de la  sociedad argentina.

En la producción de caudillos por parte de la cultura política nicaragüense puede operar  una conciencia mágica primordial y atrabiliaria que perciba dones en los carismas del caudillo; una reproducción ideológica-política de la adhesión religiosa a los santos o santas o vírgenes patronas de los pueblos y ciudades; una reproducción del autoritarismo colonial de Pedrarias Dávila; una pulsión homosexual generalizada para el caso de los hombres; una pulsión masoquista socializada en el caso de las mujeres; una reproducción del sistema de producción señorial, una expectativa de satisfacción de necesidades, una desconfianza de la burocracia que implicaría una “legitimidad” basada en la legalidad.

No se puede negar cierta efectividad del caudillo en el poder. Ante una demanda individual o incluso una reivindicación social, el gesto del poderoso que concede lo solicitado vulnerando el orden legal de las cosas es aparentemente económico, efectivo, mágico y satisfactorio. No hay pérdida de tiempo en papeleo y burocracias. El solicitante no se expone al tiempo moroso de un burócrata corrupto. El hombre dice Fiat Lux y la Luz se hace. Esta comprensión del caudillo de la satisfacción inmediata de necesidades o de la aplicación sumaria de castigos, imagino que satisface veleidades autoritarias que tenemos como nicaragüenses productos de una cultura patriarcal y de prácticas políticas arbitrarias.

Como contraparte existe en nuestro país y siempre ha existido una fuerte resistencia al caudillismo tenga el signo ideológico que tenga. En nuestro país existe una conciencia clara de los intereses individuales y colectivos, por parte de aquellos sectores que han tenido un mayor acceso a la educación formal y a la información. Este sector de la población no caudatario del caudillismo es un conglomerado de diversas ideologías, clases sociales, géneros y opciones sexuales, al que podemos denominar como modernizante.

Para estos sectores modernizantes  existe una clara conciencia de los peligros que el caudillismo implica para la democracia,  la equidad económica y la justicia en nuestra sociedad. El caudillismo estanca la democracia al imponer su autoridad voluntariosa, e impedir un correcto desempeño del Estado de Derecho; manipula una escasa movilidad social a partir de concesiones graciosas, excluye a la mayoría de la población de los beneficios de la riqueza común al otorgar la posibilidad de bienestar o enriquecimiento –por vías lícitas o ilícitas- únicamente a un sector privilegiado de su coro de adeptos o círculo de hierro;  e incoa causas y beneficia o castiga a los indiciados con fallos judiciales en  dependencia de la adhesión u oposición al caudillo y sus políticas.

El caudillismo actual no genera ideologías puras ni adhesiones libres de interés. El caudillismo a nivel de mercado funciona como un simple trueque. Vas a mi manifestación y te mantengo en tu puesto de trabajo. Te entrego bono solidario pero debés votar por mí. Violás la Constitución y seguís siendo magistrado. Hacés fraude y continuas siendo magistrado. Un toma y daca en medio de una danza de millones. La lealtad al caudillo únicamente es alimentada por la franquicia otorgada para participar en este mercado primario de trueque. Pobre de aquel piche que pretenda operar sin franquicia actualizada. Se lo lleva el Judas de la defenestración, independiente del rango o poder que haya acumulado en el círculo de hierro.

No quiero dejar de observar que en el mundo y en Nicaragua, la adhesión a las  ideologías políticas, que generalmente exigían pureza y lealtad (socialismo, fascismo, nazismo), en los sectores populares y medios se ha desplazado del terreno de la política al religioso. En el campo religioso el individuo occidental, sobreviviendo a muchas crisis, está intentando satisfacer su hambre de trascendencia y su necesidad de pureza. Es por eso que vemos la gran ola migratoria que se está dando hacia y entre las distintas iglesias y denominaciones e incluso entre sectas. La ideología de la pureza y la necesidad de trascendencia del ser humano occidental, se ha desplazado a partir de finales del siglo XX hacia las creencias religiosas.

Sobre este aspecto en la coyuntura actual se torna especialmente relevante el documento emitido por la Conferencia Episcopal “Catequesis de la Conferencia Episcopal de Nicaragua sobre la Oración del Magnificat de la Virgen María en el año de Oración por Nicaragua”. En él y en otros documentos leemos la palabra de nuestros obispos iluminando el pensamiento de sus feligreses. Y son muy buenas linternas.

En mi caso particular como católico no practicante (monseñores, sé que lo anterior es contraditio in terminis) me ilumina tanto que creo percibir en el documento auténticas preocupaciones por la democracia en Nicaragua, una resistencia cualitativa al autoritarismo político y una oposición total al endiosamiento por parte de los poderes terrenales. Los poderes terrenales y fácticos del caudillismo en Nicaragua conscientes o inconscientemente han expresado y concretado signos evidentes de endiosamiento. Basta señalar el culto a la personalidad vía re-escritura de la historia (la revolución la hizo prácticamente solo el caudillo), los mega-mezzo y micro vallas publicitarias o rótulos; o la insistencia en cambiar al tiempo o al menos pretender congelarlo en una eterna Navidad. Una cosa es recibir carisma o dones del Altísimo, y otra, caer en la tentación diabólica de suplantarlo (caso Luzbel).

Y eso –según mis lecturas profundas- no lo permite ni lo permitirá jamás la Iglesia Católica, porque la competencia cruza del territorio de lo profano al territorio de lo sagrado. En esa región escatológica, no hay conjuro, brujería, ni encantamientos que se puedan oponer a los exorcismos que realizan con bastante éxito los curas católicos. Así que la cosa se va a poner de película de terror. Thriller  de Michael Jacson o El Exorcista van a ser babosadas para lo que veremos.