•  |
  •  |

La concepción ideológica conocida como “derecha” no es, en América Latina, exclusiva de la oligarquía. Otros sectores: clase media y gente pobre, y hasta muy pobres, le tienen pavor a las ideas revolucionarias. La clase media, por lo general, se siente orgullosa de ser reaccionaria, de esta forma se identifica con la llamada clase alta. Hay, desde luego, excepciones: intelectuales brillantes como César Lévano y César Hildebrandt o profesionales como Álvaro Vidal, para citar algunos pocos arquetipos en el Perú, o Aldo Díaz, Jaime Íncer Barquero y Jorge Eduardo Arellano, para señalar otros en Nicaragua, Carlos Moya, Esteban Silva y Juan Pablo Cárdenas en Chile. En Ecuador los hermanos Patiño. En América Latina son bastantes.

Entre los sectores populares, el atraso cultural –sobre todo en países donde predomina el analfabetismo- tiene una decisiva influencia.  En el Perú la secuela de crímenes, algunos de ellos horrendos, de “Sendero Luminoso”, maltrató a la izquierda, -amén de su inexplicable división interna superada, al parecer, en fecha reciente-, puesto que una muchedumbre de peruanos identifica izquierda con terror.  En países como Cuba y Venezuela los trabajadores y pobladores son revolucionarios.  En Nicaragua este milagro es creciente.

De tal manera que, aunque en algunos de nuestros territorios, por distintas razones, triunfe electoralmente la izquierda, el pensamiento dominante de la derecha sigue siendo considerable y peligroso.

Algún día todo entenderemos: izquierda significa la vocación hacia los pobres  y derecha quiere decir el privilegio de los ricos.