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El antecedente que debe ser considerado para entender la situación caótica que vive el  mundo es la desaparición de la URSS, es decir de la gran revolución socialista de  octubre. Esta comenzó el tránsito de la humanidad tal como lo fundamentaron Marx y Engels, así como el líder de la revolución bolchevique, del sistema explotador del capitalismo al socialismo por el desarrollo económico social de millones de seres  humanos humillados, vilipendiados y excluidos de la riqueza social.

Fue el elemento motivador para que países inmensos comenzaran la lucha por la  liberación nacional, en contra del sistema colonial mundial. La China del gran líder Mao Tse Tung es producto de esta gran hazaña histórica de los bolcheviques. El campo  socialista constituyó el valladar sobre el cual se estrelló la agresividad del capitalismo.  Las negociaciones expresadas en el Salt 1 y 2, no sólo para la detente nuclear, sino para  frenar la locura irracional, militarista de Reagan, reflejada en la guerra de las galaxias,  son pruebas fehacientes de la coexistencia pacífica entre naciones y sistemas llevadas a cabo  como política exterior del socialismo cuyo objetivo supremo es la paz.

La situación mundial actual refleja confusión, incertidumbre y frustración respecto del  respeto que debe existir  en las relaciones internacionales. Es sumamente difícil  entender que países como la federación Rusa y China, ambos productos de ese sistema  superior que es el socialismo (aunque la URSS claudicó) apoyen hipócrita, cínica y  descaradamente los crímenes de la humanidad que el capitalismo salvaje, con Obama,  Cameron, Sarkozy y CIA llevan a cabo en el país soberano libre e independiente de  Libia. El canciller ruso se ha dado a la tarea de denunciar constante y sistemáticamente,  la violación a la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, la cual no  señala, por ningún lado, los bombardeos a la población civil para expulsar al “dictador  libio”. Inclusive, Putin y Médvedev señalaban que Moscú votaría en contra, en el  mismo consejo de seguridad, sobre un posible ataque a Siria.

Más tímidamente, y en segundo plano, se ha mantenido China. La pregunta obligada es: ¿por qué se abstuvieron estas potencias en la votación y ahora se rasgan las vestiduras hipócrita y cínicamente? La única respuesta que encuentro es que China (ya que con  Moscú es entendible) como potencia socialista, se ha enmarcado dentro del contexto de  posicionamiento geopolítico para preservar intereses estratégicos ¿Acaso China  ambiciona de manera rapaz y criminal el petróleo y agua de Libia? ¿Acaso el socialismo  humanista chino tiene como filosofía asociarse con las otras potencias para obtener  recursos a costa de la sangre, muerte y destrucción de países enteros? Si hubo la excusa  y justificación perfecta para apoyar el genocidio y exterminio de pueblos como Irak y  Afganistán por las torres gemelas, ¿por qué no votar en contra de la resolución 1973?

Moscú ha logrado la venia para vender millones de dólares  en armas a Afganistán  cuando los yanquis desocupen el país. Es el pago obtenido. ¿Cuál es la concesión  a  China? Los líderes chinos tienen la concepción filosófica que el fin justifica los medios  aunque éste se presente de forma hipócrita, cínica y disimulada. Los líderes chinos  tienen que ver con el baño de sangre y el exterminio del pueblo libio. Tienen cuentas pendientes con la historia y con su pueblo. ¿Será que el socialismo chino es revisionista y sus líderes se disfrazan con esta filosofía humanista y liberadora para esconder sus  apetitos egoístas, asesinos y expansionistas, filosofía que practican sus socios que  representan a las restantes potencias que imponen sus decisiones al mundo según sus  intereses, a través del consejo de seguridad de la ONU?

Desde el momento que comenzó el conflicto del sistema de la tiranía imperial contra  Libia, América Latina levantó su voz a través del presidente venezolano Hugo Chávez,  quien propuso y demandó la creación de una comisión negociadora para encontrar una salida al conflicto y evitar el derramamiento de sangre, la destrucción y la muerte. Sin  embargo, Putin, Médvedev y los dirigentes chinos hicieron caso omiso a dicha  propuesta. Es más, ambas potencias han tenido otra oportunidad de demostrar su vocación de paz uniéndose a las mociones de alto al fuego y búsqueda de una solución  negociada, propuesta reiteradamente por el gobierno libio pero tampoco ha existido  buena voluntad para aceptar estas peticiones serenas, responsables y maduras del líder  libio Gadaffi.

Las relaciones internacionales deben cambiar. No puede el mundo ser rehén de las  ambiciones, egoísmo, apetitos insensatos y de la soberbia y arrogancia capitalista imperialista. América Latina debe continuar alzando su voz, manifestándose, movilizándose y presionando por una salida negociada al conflicto. Una cumbre o conferencia sobre Libia de los países de UNASUR y la Alba es fundamental y necesaria  para proponer negociaciones y detener el conflicto. La razón, la sensatez y el raciocinio  deben prevalecer ante la política cavernícola de las potencias mundiales. De lo contrario, nuestro continente, rico en recursos naturales, correrá la misma suerte. La señal enviada  contra Pdvsa debe ser considerada y tomada en cuenta muy seriamente.

*carlosmcorea@yahoo.es

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