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Quiero iniciar estas reflexiones citando a uno de los juristas más famosos de la historia contemporánea y fundador de la escuela histórica del derecho, Friedrich Karl von Savigny “1779-1861”… “el derecho es sustancialmente un producto histórico y una obra del espíritu del pueblo y no un producto de laboratorio”, es decir que el derecho o la norma debe ajustarse a la realidad, pues de lo contrario la realidad pasaría a un segundo plano, cosa que debemos evitar para no caer en lo que Emile Durkheim, sociólogo francés “1858-1917”, denomina “anomia”, que no es más que lo que sucede cuando “en las sociedades modernas, las normas y los valores tradicionales se ven socavados sin ser reemplazados por otros”.

Para Durkheim “bajo  esta circunstancia “como la que vivimos actualmente en Nicaragua a raíz del homicidio cometido por adolescentes en contra del estudiante de la Universidad Nacional de Ingeniería, UNI” la gente se encuentra desorientada”… O en “tensión” concepto acuñado por Robert Merton y que sustituyó al de “anomia”. Tensión  a la que nos vemos expuestos los individuos cuando las normas aceptadas entran en conflicto con la realidad social, por ello deben ser revisadas por los expertos “especialmente por aquellos que elaboraron el anteproyecto de ley e incidieron en su aprobación” dentro de cierto tiempo, revisión que debe ser para bien y no para mal, por lo tanto una posible reforma a este Código no debe ser satanizada ni mucho menos politizada.

Este debate, si bien es nuevo con respecto al Código de la Niñez y la Adolescencia, no lo es en cuanto a que si las normas jurídico penales determinan conductas “mandato o prohibición” o  son normas de valoración de acciones o resultados o situaciones. Al primer caso se le denomina norma imperativa o sea que es la expresión de un “mandato” que trata de determinar o motivar a los ciudadanos para que no cometamos  delitos. Ejemplo: no matar, no lesionar, no robar; pero también es imperativa para el Juez, pues éste debe imponer una pena al culpable. En cuanto a la segunda, podemos decir que esta debe verse en dos aspectos: como valor de un determinado “bien”, digno de protección jurídica; y como el desvalor que ataca ese bien jurídico como el derecho a la vida, y con ello al sistema jurídico.

Este debate doctrinario en buen cristiano, traído a nuestra reflexión, significa que se debe revisar qué valor le estamos dando al bien jurídico más preciado como es el derecho a la vida o en su defecto a la seguridad ciudadana con respecto al “desvalor” que ataca a esos bienes jurídicos. Que si es o no persuasivo el mandato a no delinquir, mandato que tiene su mayor persuasión en el tipo de pena o medida de seguridad que se impone “no a manera de venganza social, sino reeducativa”. Y en el caso que nos atañe, “El Código de la niñez y la Adolescencia”, ¿A quién se le impone la pena? pues, un homicida puede tener 15, 16, 17 y un poco menos de 18 años, o tener mayor o menor discernimiento unos que otros y sin embargo la pena por homicidio para todos ellos es la misma: privación de libertad por un período máximo de 6 años. ¿Será esto justo?
Otra razón para una revisión exhaustiva de esta ley especial es que ella fue aprobada el 24 de marzo de 1998, y publicada en La Gaceta No. 97 del 27 de mayo de 1998, y el Código Penal vigente el dieciséis de noviembre del dos mil siete y publicado en la Gaceta, Diario Oficial Nos. 83, 84, 85, 86 y 87 del 5, 6, 7, 8 y 9 de mayo de 2008, en este último por ejemplo ya no tipifica el asesinato atroz ni el parricidio, aún tipificados en el primero, entre otras discordancias.

Además el Art. 12 del Código de la niñez dice que “las niñas, niños y adolescentes tienen derecho intrínseco a la vida desde su concepción y a la protección del Estado a través de políticas que permitan su nacimiento, supervivencia y desarrollo integral y armonioso en condiciones de una existencia digna”… Pero paradójicamente, por las razones que sean, estos son atacados, en la mayoría de los casos por jóvenes adolescentes de manera individual o en padillas. Personalmente conozco a jovencitas y jovencitos que han sido atracadas hasta tres veces, provocando zozobra a ellos y a sus familiares sobre todo a sus padres.

“La Paz y los Derechos Humanos son inseparables”

*Abogado y Sociólogo.

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