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Tres cuadros: Cuadro uno, parada de buses frente a la UCA, puesto de venta ambulante el cual es atendido por una mujer de aproximadamente 24 años, quien está acompañada de otra mujer un poco más joven que ella.

La primera mujer, la encargada del puesto, carga a un niño como de 6 meses, el niño está llorando, entonces la mujer empieza a sacudirlo, como quien sacude una pacha, de arriba hacia abajo; el niño cuando está arriba se asusta y deja de llorar, y cuando la mujer lo baja, asustado y tratando de agarrarse de la mujer, el niño vuelve a llorar y vuelve a ver a la otra mujer, cuando el niño llora las mujeres se ríen.

Este procedimiento la mujer lo repite una y otra vez, por al menos 6 minutos (que fue lo que duró la observación), el niño llora desesperadamente cuando  la mujer lo baja y lo que hacen las dos mujeres en vez de calmar al niño es reírse, y seguir divirtiéndose con el niño.

El procedimiento se mantiene aún luego de haber abandonado el lugar del puesto ambulante, la mujer continúa levantando y riéndose del niño en compañía de la otra mujer, cuando lo baja y este llora.

Cuadro dos: En una calle de la colonia Tiscapa, un hombre y una mujer pasean, son las cinco de la tarde, van con su hija de aproximadamente tres años; la mujer va tomando de la mano a la niña y el hombre va a tres pasos de distancia separado de ellas, mientras va mirando a su alrededor.

Mientras ellos caminan, la niña decide agacharse y recoger una piedra pequeña del suelo, la madre la reprime y le grita “No te ensuciés, no estés tocando ahí, no seás chancha”. La niña se incorpora, pero luego de unos segundos vuelve a intentar recoger la piedra; es entonces cuando la mujer al tratar de alejarla del suelo la desestabiliza y la niña pierde el equilibrio y se cae. Es cuando la mujer le grita por haberse ensuciado, por haber ensuciado el vestido que anda puesto, la mujer le grita a la niña que le va a tener que pegar; entonces le pega en las manos y en la parte de la espalda cerca de la nuca, con la mano abierta.

Mientras esto ocurre el hombre se ha quedado más lejos que antes de ellas dos, y se encuentra haciendo rondas como quien espera en una recepción o en una sala de espera de un hospital, y mantiene una actitud como de tratar de disimular.

La niña ha empezado a llorar, y a tratar de soltarse de la mujer que quiere levantarla y chinearla, la mujer no puede detener el llanto y la inconformidad de la niña;  es entonces cundo la carga y a paso rápido y regañándola, empieza a regresar hacia la casa, el hombre solo las sigue, no se acerca ni dice nada. La mujer con el rostro medio enrojecido entre una mezcla de enojo y vergüenza, sigue su camino hacia su casa mientras la niña se queja y llora.

Cuadro tres: En las afueras de una vivienda esquinera, dos niños se encuentran jugando cerca de la puerta de entrada que es de verja, a unos cuantos metros en una cuneta se encuentra sentada una mujer chineando a una niña como de dos años, al lado de la mujer se encuentra sentado un hombre, que poco a poco se le acerca a la mujer, mientras tanto la niña solo queda viendo a su mama y luego al cielo, pues está acostada boca arriba.

El hombre, por su parte, no ve a la niña sino que con la mano derecha está tratando de tocar los senos de la mujer, intenta meter la mano en la camisa de la mujer, esta con una evidente molestia en el rostro le detiene la mano diciéndole ¡No jodás! En tres ocasiones, el hombre insiste y mete la mano en la camisa de la mujer y le besa el cuello, ese es el momento en que la mujer le dice ¡No estés jodiendo! Y le pega con la mano abierta en la espalda. El hombre se levanta y queda viendo enojado a la mujer y cuando se va alejando y entra a la casa dice: ¡Vas a ver hijueputa!

En un segundo momento, el portón de la casa se encuentra cerrado, la niña a la que antes  estaba chineando la mujer, se encuentra dentro de la casa gritando, ¡mamá! ¡mamá! Mientras golpea una puerta, al no ver que se abre, la niña sigue llorando y se deja caer al suelo, en ese momento el hombre pasa de la sala hacia donde está la niña, la aparta y entra al cuarto por la puerta que la niña golpeaba segundos antes. La niña se incorpora, pasan unos segundos de silencio; luego la niña comienza a gritar más alto llamando a su mamá y golpea más fuerte la puerta, pero nadie le responde del otro lado; a los segundos se escucha la voz del hombre gritar ¡Hijueputa! Y luego un ruido como de cosas que se tiran de un lado a otro.

Otras escenas: dos niñas de 14 y 15 años que aparentemente les asignaron la responsabilidad de cuidar de una niña de 4 años, la suben al tronco de un árbol que fue cortado y la dejan ahí mientras ellas platican tranquilamente, la niña llorando les pide a grito que la bajen que ella no puede bajarse; las adolescentes le dicen que se esté tranquila ahí, mientras siguen platicando e ignoran la frustración de la niña.

Un cumpleaños por la noche. Un círculo de mujeres que aplauden y ríen; al acercarse uno se da cuenta que el “espectáculo” es ver a niñas de 3, 4, 5 y 9 años bailando una canción de reggaeton que cita “mueve el culo pa´tras”, la excitación de las mujeres se eleva cuando a la niña más pequeña la juntan con el único niño que anda en el cumpleaños de aproximadamente 4 años, y este se le ubica por la espalda a la niña, y la niña a como ella puede se agacha; este acto se lleva los aplausos emotivos de las mujeres que van desde los 25 a los 30 e incluso 40 años.

Ser madre, ser padre, cuidar, amar, son capacidades con las que no se nace. Ser madre no es parir o aportar el esperma mediante un acto sexual. Ser padre es un proceso, lamentablemente la mayor parte de la población humana no está habilitada para este proceso, pues fueron inhabilitados desde su propia crianza, desde su experiencia de vida, incapacitándolos desde la niñez.

La agresión hacia un niño no solo se mide en base a una marca, a un golpe, a un grito, es cada vez que se atemoriza al niño para que este obedezca, cada vez que se le obliga a dar un show o a minimizar su dignidad como persona para el deleite de los adultos (hombres y mujeres); se da cuando en base a las inseguridades, enojos o frustraciones que como hombres y mujeres adultos se puedan tener se descargan esos sentimientos en ellos y se alivian en base a la cantidad de lágrimas u obediencia que los menores puedan mostrar hacia el adulto dominante, abusador de poder y dictador.

Para ser madre o padre se debe antes sanar lo que el padre o la madre que se tuvo hizo o no hizo que hiriera la integridad, personalidad, dignidad, seguridad, confianza y afectividad de la persona mientras fue niño/a, adolescente o joven.

Al no hacerlo sucede lo que a diario experimentan la inmensa mayoría de niños y niñas en este mundo, en este país, en Managua, en el norte o sur del país, en la Costa Caribe; una agresión constante e institucionalizada desde el sistema familiar patriarcal y maternal de manera retorcida, que se manifiesta en  la crianza aceptada y practicada socialmente desde el mundo de los doméstico eternamente justificado por ser privado.

Esta manera de criar mutila de capacidades afectivas, de seguridad personal, genera frustraciones y hace infeliz a los niños y niñas, quienes no tuvieron ni voz ni voto al momento de ser concebido a partir de un acto irresponsable, planificado o no por parte de los padres; pero que al momento de estar  en el mundo social y vivir con los adultos, tienen derecho a tener una vida digna, un trato humano y a que le respeten su libertad, su creatividad, su exploración, su cuerpo, su dignidad y su vida.

http://gabrielakame.blogspot.com/

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