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Por razones sociales (incrementar la producción alimentaria, reducir los niveles de desnutrición), económicas, estéticas, sanitarias y de honor,  esta generación está obligada a salvar el lago Xolotlán.

El lago Xolotlán sufre la contaminación de las aguas servidas de la ciudad de Managua, de los sedimentos que arrastran las corrientes en su área de drenaje –particularmente los que bajan de las Sierras de Managua-,  de los químicos que arrojan las industrias situadas en su alrededor, y de la que proviene de los volcanes, especialmente de mercurio, plomo y minerales pesados que se alojan  en su fondo.

Cuando el lago Xolotlán excede los  límites de la cota 41.30 m sobre el nivel del mar, rebalsa sus aguas  en el sentido de su drenaje natural,  trasladando la contaminación a Tipitapa, Tisma y el lago Cocibolca, por lo que este último cuerpo de agua superficial que es el don más grande que la naturaleza  ha dado a los nicaragüenses, está también en riesgo de inutilización.

Si el lago Xolotlán continúa su curso de contaminación, será difícil cumplir con los proyectos de irrigación de las planicies de la zona del Pacífico occidental (León, Chinandega, norte del lago), lo que restringirá la producción alimentaria.

La idea de crear una zona turística alrededor del lago se verá menguada, no habrá forma de tener un lago de aguas azules para el solaz y el esparcimiento, y a las siguientes generaciones, en lugar de heredarles un lago con aguas limpias, les dejaríamos el problema de un enorme pantano en las propias costillas de la ciudad capital, lo que indudablemente constituiría  una vergüenza nacional.

Las ideas originales del ingeniero Modesto Armijo (en 1975), de revertir las aguas que se pierden en el Atlántico a través del Río San Juan, podrían servir para sanear el Xolotlán bombeándole agua del Cocibolca y sacando los excedentes  hacia el oceáno Pacífico a través del un canal de desfogue por el río Tamarindo, después de haber servido como fuente de generación hidroeléctrica.

Ir en contra del gradiente natural de las aguas, no debería ser una restricción de peso desde el punto de vista ingenieril. Y desde luego, habrá que pagar algunos costos con el Río San Juan y las pequeñas zonas afectadas ecológicamente, además de las obras de infraestructura; pero la relación beneficio-costo es tan obvia que  no admite casi ninguna discusión.

Todas las obras de ingeniería tienen un efecto sobre la naturaleza, pero lo que está al final  del efecto de onda, es la calidad de vida de la actual y las siguientes generaciones de nicaragüenses, y eso, no tiene precio.

*Ingeniero Civil
rgraraica@yahoo.com