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“Era increíble. No tenía sentido de la realidad, ni de lo que me estaban haciendo”,  explica un enfermo que ingresó el 21 de mayo por infección de E. coli. “Mi hijo perdió parcialmente la vista durante cinco días, tenía un lado del cuerpo paralizado y tiene problema para hablar”, sigue explicando.

Son dos de las casi 3,000 personas afectadas  por la bacteria E. coli, que se extiende por al menos 12 países europeos y que ya ha  saltado el Atlántico con casos de infección en Estados Unidos y Canadá, según la   Organización Mundial de la Salud (OMS).

Casi 30 personas han muerto ya en Alemania a causa de la bacteria EHEC O104. Y aún  las autoridades no saben dónde está el foco, qué alimento estaba infectado, cómo ha  llegado a los alimentos esta bacteria que vive, normalmente, en aguas fecales, y cómo se  ha hecho resistente a al menos ocho antibióticos. La falta de respuesta a todas estas  preguntas, las contradicciones de las autoridades y las pistas equívocas están  provocando que la población se sienta indefensa, preocupada y alarmada.

“Primero fueron los pepinos españoles, después los brotes de soja, también los tomates  y las lechugas. No me extrañaría que nos quitaran las vacas y acabemos alimentándonos  de macarrones”, se queja una ciudadana alemana.

Los expertos en microbiología explican que las bacterias E. coli tóxicas para el ser  humano son relativamente nuevas. Estas bacterias vivían ya hace más de 7,000 millones  de años, pero no fueron mortales para el ser humano hasta hace muy poco tiempo. El  primer caso de infección grave en personas se produjo en Estados Unidos en 1986 con  lo que se llamó la “crisis de las hamburguesas”. De ahí que el ser humano todavía no haya generado mecanismos eficaces para defenderse de esta bacteria.

Esta cepa de la E. coli es especialmente virulenta y resistente. Lo que más preocupa a los doctores es que  cuando el paciente va saliendo de la infección intestinal, puede sufrir complicaciones  por el daño que produce en los riñones.

Puede incluso llegar a producir graves  problemas neurológicos.

Los microbiólogos también explican que las bacterias no tratan de acabar con el  huésped que ocupan, ya que si no tendrían que buscar a otro. Las bacterias normalmente  actúan de manera no tan “salvaje”. Así, nos encontramos ante un nuevo escenario y se trabaja a contrarreloj para conocer más sobre la EHEC O104 y poner medidas cuanto antes para detener la infección y los afectados mejoren su estado.

La salud y la seguridad alimentaria son dos de las preocupaciones más importantes para  cualquier ciudadano. La confianza en que lo que comemos es tratado de manera  adecuada, y que no va a producir enfermedades es fundamental. Pero los patógenos  alimentarios están ahí y causan pérdidas anuales de más de 14,000 millones de dólares  en gastos médicos y pérdidas salariales, según un informe realizado por el Instituto de  Patógenos Emergentes de la Universidad de Florida.

Las vacas locas, la gripe aviar, son epidemias pasadas que tendrían que haber hecho que nos replanteásemos los métodos  para proteger los alimentos, sobre todo frutas y verduras, de cualquier tipo de  contaminación.

La “crisis de la E. coli” ha vuelto a poner en cuestión al sector alimentario y a los  sistemas de control. ¿Sabemos qué es lo que comemos? ¿Podemos confiar en las  empresas alimentarias? ¿Son transportados y almacenados los alimentos de manera  adecuada? ¿Los sistemas de vigilancia funcionan?

La respuesta ante los hechos, es un claro no. Tras cada problema con los alimentos se  han ido mejorando los sistemas de control, pero seguimos sin exigir a las autoridades y  a los productores que con los alimentos no se juega y que los experimentos solo se  hacen con gaseosa.

*Periodista
ccs@solidarios.org.es

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