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En la mesa redonda sobre políticas públicas y el derecho a la educación realizada en la UCA, en ocasión de las actividades de la reunión del Consejo Directivo de FLACSO en Managua, (1-3 de junio), salió a relucir lo complejo del tema Políticas públicas y voluntad política.   En torno al mismo he aquí algunas reflexiones:
La voluntad política no se reduce ni se completa en decisiones y mandatos por parte de la autoridad legítimamente constituida, Gobierno, con carácter vinculante  a partir y a favor del bien de la comunidad social.  La acción del Gobierno es la premisa clave  de la voluntad política.  La voluntad política integra otros aspectos importantes:

En primer lugar, la voluntad política entraña una responsabilidad compartida entre el Estado o conjunto de instituciones que lo conforman, para el bienestar y desarrollo de la ciudadanía y la sociedad organizada en sus distintas versiones con poder de participación (empresarios, organizaciones comunitarias, movimientos sociales, partidos políticos, iglesias, etc.).

La voluntad política constituye un proceso tal, que las decisiones del Gobierno, su contenido y finalidad se convierten en políticas públicas con el conjunto de medios para hacerlas efectivas. Por tanto, la voluntad política está presente, activa y acompaña hasta que las políticas públicas se hacen efectivas, en respuesta al origen de las mismas, que siempre son las necesidades, derechos y aspiraciones expresadas por la gente, la población, la ciudadanía.

La voluntad política se traduce en medios, recursos, decisiones intermedias, a la par que se van alcanzando los fines y objetivos emanados de las decisiones del Gobierno a través de las políticas públicas.

La base más sólida de la voluntad política es la participación y el consenso de las distintas instancias que dan vida a las políticas públicas encontrándonos de esta manera, en el ámbito del conocimiento, de la conciencia, de la voluntad y libertad de todos los actores, lo que quiere decir que la voluntad política es una voluntad social o una especie de convergencia de voluntades en ejercicio para obtener determinados fines.  Lograr  esta especie de convergencia constituye una tarea clave de educación política y social de todos los actores que intervienen en las políticas públicas y en la voluntad política.

El Estado y el Gobierno están organizados con capacidad para impulsar y decidir políticas públicas que a la par posibilite el ejercicio de la voluntad política, de manera que el gobierno interprete y comparta la voluntad social y convertirla en políticas públicas, con carácter vinculante en razón de su finalidad o bien común, lo que abona la voluntad política compartida.  En este sentido, la gente, la población, la ciudadanía no son solamente los destinatarios o beneficiarios de las políticas públicas, son también actores de la voluntad política necesaria para hacer efectivas las políticas públicas.

Entre la lógica de las afirmaciones precedentes y las circunstancias de un contexto particular caben y entran muchas particularidades incluidas los imperativos éticos o las emergencias.

Sin embargo, en situaciones denominadas normales no cabe duda que las discrepancias de pensamientos, criterios y opiniones respecto a cómo proceden o se manejan las políticas  públicas, económicas y sociales en Nicaragua y la necesaria voluntad política para hacerlas efectivas a favor de toda la población especialmente de la que sufre las desigualdades negativas imperantes en nuestro medio, no solo son diferentes, lo son también contrarias e incluso contradictorias.

Más aún la opinión distinta de unos y otros ciudadanos y ciudadanas adquiere de inmediato la etiqueta de partido o ideología política recurrentemente de oposición.  De aquí que sea casi imposible activar en nuestro país una voluntad política compartida socialmente.

En temas de educación, en tanto la educación genera un gran consenso como derecho humano fundamental y factor clave del desarrollo humano, económico y social, basta hacer un análisis sociopolítico para comprobar que, por ejemplo,  la Nueva Estrategia Nacional de Educación (2010), se convierte en un espacio de opiniones contrarias.

La batalla del sexto grado que incluye el proceso de alfabetización de jóvenes y adultos, en la que se expresa con fuerza, claridad y decisión la voluntad del gobierno, solo llegará al logro esperado cuando esa voluntad política del gobierno se traduzca en voluntad política compartida.

Si el mero hecho de formular con carácter vinculante la Nueva Estrategia Nacional de Educación generó opiniones tan encontradas y valoraciones de acentuado escepticismo en algunos sectores, fácil es de comprender que es difícil construir una voluntad política compartida, es decir, una voluntad política activa, coincidente  con la decisión del gobierno, en este caso en favor de la educación básica para todos.

Este es un ejemplo claro que no siempre forman unidad las políticas públicas con la necesaria voluntad política para hacerlas efectivas.  Por eso se escucha con frecuencia que falta voluntad política cuando se trata de ejecutar con éxito las políticas públicas.

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