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El pensamiento original señala que “Quien educa a un hombre educa a un individuo y quien educa a una mujer educa a un pueblo”. El mismo cobra vida, en la medida que sintetiza experiencias cotidianas y múltiples recogidas a lo largo de la historia y hasta nuestros días.

La Semana de Acción Mundial sobre Educación para Todos (EPT), de 2011, se centra en “La educación de las niñas y las mujeres”.  

En los últimos 40 años, empujado por las organizaciones de sociedad civil, y en particular por organizaciones de mujeres, -que han estado y continúan en primera línea en defensa de sus derechos-, la igualdad de género ha sido un área de permanente incidencia ante los gobiernos y retomada por las Naciones Unidas, que los ha plasmado en importantes compromisos internacionales, en los cuales ha participado Nicaragua: Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), Convención Internacional para la Eliminación de cualquier Forma de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW-1979); Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994); IV Conferencia Mundial de la Mujer (Beijín, 1995); Cumbre sobre Desarrollo Social, Copenhague y la Cumbre del Milenio (Nueva York, 2000), entre otros.

El Objetivo de Desarrollo del Milenio 3 establece la necesidad de “Promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer”. Y para ello la meta de “Eliminar las desigualdades entre los sexos en la enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para  2005, y en todos los niveles de la enseñanza a más tardar en 2015”.    

Estudios de la Unesco de 2010 muestran, que en América Latina, las niñas, cuando menos, tienden a obtener resultados iguales a los niños en sus estudios. Y en muchos casos, mejores. El porcentaje de niñas sin escolarizar ha disminuido, pasando del 58% al 54%, y la disparidad entre los sexos en la enseñanza primaria se está reduciendo en muchos países.

En Nicaragua, las cifras oficiales y estudios realizados por diversos organismos de sociedad civil, revelan, entre otros, que se ha avanzado en el ODM 3 y en la meta de eliminar las desigualdades entre los sexos en la enseñanza primaria y secundaria; avance logrado, no por acciones particulares dentro del sistema educativo, sino como parte de un proceso social, el que sería interesante analizar y profundizar en detalle.

Sin embargo, hace falta mucho camino que recorrer para garantizar una educación para todas las niñas, adolescentes y jóvenes, y en particular, que esta sea con la calidad adecuada, en particular, aquella que contribuya en forma efectiva, a superar el sistema machista y patriarcal que se sostiene.  

De 2011, aún no hay datos oficiales, sin embargo, algunos medios de comunicación reportan “filtraciones” de una matrícula inicial de 1,780.000 estudiantes. La credibilidad y respaldo de estas cifras demanda conocer su desagregado en educación inicial, primaria, secundaria y adultos; su distribución urbano y rural, por municipios, departamentos y regiones autónomas, poblaciones indígenas y afrodescendientes, personas con discapacidades y de género.    

De la equidad de género en educación, podemos decir entre otros:  
Primero recordar, que de los 5.8 millones de habitantes de Nicaragua, un 50.5% son mujeres y 49.5% varones.

De los miles de niños, adolescentes y jóvenes que continúan fuera del sistema educativo, alrededor de la mitad, son mujeres.   

En 1950 la tasa de Analfabetismo alcanzaba el 62.6%, en 1978 poco había variado esa cifra y en 1979, después de la CNA, se redujo al 13.0%. En esos años, el porcentaje de analfabetismo de las mujeres era ligeramente inferior, sin embargo, entre 1985 y 2006, esta situación varió y los porcentajes de analfabetismo de las mujeres fueron ligeramente superiores. En el informe final de la Campaña Nacional de Alfabetización, se señala que del total de alfabetizados/as entre 2005 y 2009, un 53.2% son mujeres.   

Porcentualmente, en Educación Básica y Media la participación por sexo presenta diferencias a favor de las mujeres, aunque no son sustantivas.
La población escolar en Primaria está integrada en un 48.9% por mujeres y 51% varones. Los niveles de retención, aprobación y tasas de terminación de las niñas, adolescentes y jóvenes son ligeramente mayores que las de los varones. Con relación a la repetición, las niñas logran menores niveles de repetición, hasta en tres puntos porcentuales.

La asistencia de niñas y niños es casi igual en los hogares de mayores recursos y en zonas urbanas. Sin embargo, las niñas de zonas rurales y de hogares más pobres necesitan de intervenciones focalizadas para promover su matrícula y permanencia en la escuela.
En Secundaria la participación de las mujeres es mayor, alcanzando un 53% y 47% los hombres. En la retención, aprobación y tasas de terminación hay diferencias de 12 niñas más.

En Educación Técnica, la participación de la mujer ha aumentado, sin embargo, la segregación por sexo en este ámbito sigue siendo muy fuerte, al continuar  concentrada en especialidades comunes del comercio informal o en aquellas con menor contenido tecnológico y menores posibilidades de salida laboral. Los hombres se concentran en las especialidades de los sectores Agropecuario-Forestal (98.43%) e Industria y Construcción (88.69%), mientras las mujeres lo hacen en las especialidades del sector Comercio y Servicio en un 87.18%.
De la Educación Superior no se conocen registros acerca de la paridad de género en la matrícula, retención y promoción. Sin embargo, es posible afirmar que las mujeres van ocupando espacios importantes.  

En el Mined funcionaba una comisión de género, sin embargo, no se conoce de políticas, planes y presupuestos para el desarrollo del enfoque de género. Con relación a la Inversión, en el Presupuesto General de la República, no hay rubro que estime la inversión para las acciones afirmativas y particulares en materia de promoción de la equidad de género dentro del sistema educativo.
Un gran desafío sigue siendo la Calidad de la Educación para hombres y mujeres.

De todas maneras, de entre los mejores estudiantes, la mayoría son mujeres.
En esas circunstancias es imprescindible continuar trabajando para que todas las niñas, las adolescentes y las jóvenes tengan acceso a la educación, se mantengan dentro del sistema y se les asegure una educación de calidad. Teniendo presente que una mujer con una educación de calidad, defiende de mejor manera sus derechos ante su pareja, los/as empleadores/as, en sus organizaciones, gremios y partidos, la sociedad y los gobernantes, y contribuye en forma activa al cuido y promoción de su salud sexual y reproductiva, al desarrollo de sus familias, de la sociedad y de la nación, desarrollo integral y sostenible que tanto se necesita.
Un desafío es que las mujeres continúen avanzando en sus aprendizajes, desarrollando sus capacidades y empoderándose de sus derechos, para que, más allá de los intereses de sus organizaciones, instituciones y partidos, aseguren ocupar los espacios sociales, laborales y políticos que por ley y sus capacidades les corresponde, que cese la violencia intrafamiliar, sexual y de cualquier otra naturaleza en contra de las mujeres, para el logro de su verdadera emancipación.