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Segunda parte

Tras el asesinato del General Sandino, en un ambiente de júbilo y profundas contradicciones surge el somocismo que empezó a revelar desde sus inicios una conducta represiva y un desmedido enriquecimiento.

Su poder político se vio consolidado cuando promovió las reformas constitucionales que aseguraban su reelección, y para legitimar el proceso firmó un decreto, devolviéndole al Partido Conservador su personería jurídica.

A pesar de estas contradicciones el somocismo logró la cohesión de los diferentes sectores sociales: El protestantismo, que mediante la manipulación  de sus pastores, promovía el ejercicio del voto a favor de Somoza a cambio de ocupar cargos estatales; la vanguardia intelectual que, como Pablo Antonio Cuadra o Coronel Urtecho, para obtener participación en la Asamblea Constituyente, se declaraban abiertamente somocistas; y los partidos zancudos que jugaban a una oposición complaciente.

Asimismo, el somocismo contó con el apoyo de algunas autoridades de la iglesia católica como Monseñor Lezcano, similar a la bufa figura de Obando y su banda, que en el actual proceso preelectoral pareciera fungir como el jefe de campaña del orteguismo, con sus ya famosas “parábolas” a favor del régimen.

No obstante, “a pesar de aquel ambiente cultural providencialista y pragmático resignado dentro del que operaba la sociedad, la oposición a Somoza logró organizarse y demostrar su rechazo a las inclinaciones autoritarias y continuistas del mandatario. En el año 1944 un grupo disidente del Partido Liberal Nacionalista organizó el Partido Liberal Independiente.” (Pérez)

Durante: “… el velorio del liberal doctor Manuel Cordero Reyes, tío de Somoza, nació la voluntad de organizar un Partido Liberal -“Independiente”- del Nacionalista la estrellada noche del 12 de enero de 1944. Cordero se había opuesto a otra reelección de Somoza y cuando llegó a una reunión de liberales importantes en León, un soldado le terció en el pecho su fusil Garand impidiéndole el paso. Tomó el siguiente tren a Managua y anonadado por el impacto de la impresión, esa misma noche falleció.” (Velásquez).

El Partido Liberal Independiente antepuso los intereses nacionales por encima de los intereses partidarios, los intereses partidarios sobre los intereses personales, sin que se excluyeran entre sí, basando su ejercicio político en valores estrictamente éticos.

Adquiriendo para su lucha la siguiente simbología: “El color rojo del liberalismo con la estrella en el centro de color blanco que representa los altos ideales humanísticos que deben guiar permanentemente al partido y las letras PLI en color azul que simbolizan el color de nuestra bandera  patria.” (Alvarado).

El liberalismo independiente jugó un papel militante en contra de la dictadura y aunque sin personería jurídica, con el apoyo de partidos políticos aliados, pudo participar en las  elecciones enfrentándose infructuosamente contra los continuos fraudes del somocismo.

En ese jardín de flores marchitas florece el poeta Rigoberto López Pérez,  miembro del Partido Liberal Independiente que cegó la vida del primer dictador de la dinastía; pudiendo cesar el dolor de toda su patria, no como un sacrificio sino como un deber.

En López Pérez se logró resumir la impotencia de toda una generación pero también la esperanza de una mejor Nicaragua, impulsando el principio del fin de una consumada dictadura, que en la actualidad, como una condena histórica, alberga su versión aumentada, superada y corregida en el orteguismo.

En una sociedad de permanente suicidio moral, donde día a día se extingue la libertad ante el pasivo silencio de una víctima y la violencia continua de su verdugo, que parecieran despojarnos de nuestra memoria histórica en “un exilio sin remedio, pues está privado de los recuerdos de una patria perdida o de la esperanza de una tierra prometida.” (Camus)

*Poeta, narrador, ensayista y abogado.