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La educación superior en su conjunto se basa en tres acciones fundamentales: docencia, investigación y extensión que desarrolladas armónicamente garantizan la formación de competencias en los nuevos profesionales, por lo que si uno de estos tres elementos no se desarrolla adecuadamente en dichas instituciones se considera que no alcanza niveles de calidad.
Para una institución de educación superior, calidad significa alcanzar estándares mínimos en cada una de sus acciones fundamentales. Este ha sido un enfoque bastante utilizado en educación superior, donde la calidad se ha visto como el mantenimiento y mejoramiento de estándares en el diseño y contenido de los programas de docencia, investigación y extensión, y en los procedimientos de validación de los mismos. Por consiguiente, cómo una institución de educación superior puede asegurar que sus acciones desarrolladas están dentro de los rangos de calidad.  
Es en este contexto que surge la acreditación como un proceso por medio del cual un programa o institución educativa brinda información sobre sus operaciones y logros a un organismo externo que evalúa y juzga, de manera independiente, dicha información para poder hacer una declaración pública sobre el valor o la calidad del programa o de la institución.
La evaluación y la acreditación son procesos relacionados cuya práctica se entrecruza, ya que se acredita conforme y como consecuencia de un proceso de evaluación y seguimiento, sin embargo, más que un diagnóstico que conduce a la acción por parte de la propia institución. La acreditación constituye una constancia de credibilidad por parte de la sociedad y del público demandante de los servicios educativos.
En Nicaragua se inició con un Proyecto de Modernización y Acreditación de la Educación Terciaria impulsado por el BID en 2002, el cual tuvo como objetivo apoyar el proceso de modernización de la educación terciaria enfocándose en el mejoramiento de la calidad y pertinencia de la educación impartida en todas las instituciones públicas y privadas de educación superior del país, sin embargo, fue un proceso que únicamente se desarrolló a nivel de autoevaluación institucional y no cubrió todas las instituciones del país, solamente algunas que se sometieron de manera voluntaria al proceso.
En el contexto actual, cuando en Nicaragua se ha masificado la oferta educativa de educación superior con más de 50 instituciones brindando los servicios de formación de profesionales en las diferentes modalidades presenciales y semipresenciales, surge la nueva ley que crea el Consejo nicaragüense de Evaluación y Acreditación CNEA con el propósito de asegurar la calidad en la educación superior, le corresponde pues a cada una de las instituciones asumir el reto de actualizar y elevar los niveles de la calidad educativa de tal forma que los futuros profesionales salgan al mercado laboral con los conocimientos, relaciones personales, habilidades y destrezas que demandan los empleadores de empresas e instituciones Públicas y privadas del país y la sociedad en su conjunto. La UCC goza de un reconocimiento social ya que es considerada como una institución que está permanentemente en busca de la calidad.

*Vicerrector de Investigación Tecnología y Postgrado de UCC,