Jorge Eduardo Arellano
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En el ámbito de las relaciones internacionales la política exterior es el instrumento que tienen los Estados para interactuar en sus relaciones internacionales, de ella se desprende la mejor o peor actuación de un gobierno en la defensa de sus intereses nacionales, el prestigio o desprestigio de un Estado en el concierto de las naciones y su mayor o menor participación ante los retos que enfrenta la comunidad internacional en su conjunto, en un mundo cada vez más globalizado.

La posición de Colombia de avasallamiento hacia Nicaragua y desconocimiento del fallo de la Corte Internacional de Justicia constituyó desde sus inicios una línea de política exterior de denuncia por parte de Nicaragua, que Colombia contesta con una nota verbal-telefónica leída al viceministro Valdrack Jeaenschke, en la que expresa que para Colombia su entendido sería que sus fronteras se extienden hasta las costas del Caribe nicaragüenses. Esto da como resultado un escalamiento de las tensiones en el Caribe con una ostentosa presencia militar de los barcos de guerra colombianos.

Las acciones adoptadas por Colombia contra Ecuador, que se cristalizaron con el bombardeo de territorio ecuatoriano, alegando legítima defensa, envía un mensaje subliminal a Nicaragua, en el sentido de que Colombia en virtud de su concepto de legítima defensa puede atacar embarcaciones nicaragüenses que atraviesen lo que ellos consideran su frontera en una abierta amenaza del uso de la fuerza en contra de Nicaragua.

No me referiré a la extensión de este concepto colombiano de legítima defensa, por cuanto el Presidente del Ecuador, Sr. Rafael Correa, fue bastante explícito sobre la ilegalidad del mismo, sin embargo, la aplicación discrecional de este concepto es de tal gravedad que llevaría a una inestabilidad política en toda Latinoamérica orientándose hacia a una nueva edición de los conflictos del Medio Oriente en nuestro continente.

Ante esta circunstancia Nicaragua no hizo más que actuar en consecuencia, con vigor y firmeza haciendo uso de los mecanismos que ofrece el derecho internacional, uno de los cuales es precisamente el rompimiento de relaciones diplomáticas.

Una de las características del Frente Sandinista ha sido precisamente el impulso de una política exterior articulada y beligerante, basta recordar la elaboración del Libro Blanco en 1980, declarando la nulidad e invalidez del Tratado Bárcenas- Meneses Esguerra sobre el caso de las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y demás accidentes geográficos de la plataforma continental de Nicaragua, en la elaboración del cual participó activamente nuestro recordado Luis Pasos Argüello (q.e.p.d.), instrumento de importancia inicial en la disputa actual con Colombia en la Haya; el fallo de la Corte Internacional de Justicia en contra de Estados Unidos a favor de Nicaragua; la aprobación por la Asamblea General de las Naciones Unidas de la resolución que condenaba el embargo de Estados Unidos a Nicaragua; la elección de Nicaragua, casi por aclamación, como Miembro no Permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

En la Cumbre del Grupo de Río la gran vencedora fue Latinoamérica, la solidaridad y la madurez alcanzada por los diferentes países ha permitido encontrar salidas de consenso a un conflicto sumamente delicado.

En el caso de Nicaragua también fue exitoso por cuanto el Presidente Ortega logró que el Presidente Uribe aceptara la intermediación del Grupo de Río, en referencia a la ubicación de sus barcos de guerra en el Caribe. Éste es un hecho importante que abre un nuevo espacio para Nicaragua en el marco del Grupo de Río y ante el cual Colombia expresamente declaró su aceptación al fallo de la Corte Internacional de Justicia en lo referido al conflicto marítimo con Nicaragua en el Mar Caribe.

No escapa a mi atención las múltiples críticas que se han hecho al accionar del gobierno en este caso, pero lo sorprendente es que entre los críticos hay ex cancilleres y ex vicecancilleres, quizás porque ellos en su accionar no contemplaron jamás una política exterior tan beligerante en la defensa de la soberanía y la integridad territorial de Nicaragua.

Si analizamos el accionar internacional de los últimos tres gobiernos, por lo general se observa una política exterior adormecida y colmada de múltiples desaciertos: se desistió unilateralmente en lo referido a la indemnización de Nicaragua del caso de la Haya con Estados Unidos, se desistió unilateralmente a la continuación del Juicio con Honduras, se realizó un intercambio innecesario de notas con el Presidente de Costa Rica sobre el río San Juan de beneficios dudosos para Nicaragua.

Para solo mencionar algunos ex cancilleres podemos señalar que en la época de don Emilio Álvarez Montalván se dio el caso de la distribución de mapas escolares con una frontera trazada en el meridiano 82, y no se hizo mucho, cuando correspondía actuar con energía y firmeza; se dio la firma del fallido comunicado Conjunto Cuadra Lizano sobre el río San Juan, que posteriormente hubo de ser declarado inexistente. En la época del Lic. Eduardo Montealegre, se quiso presentar como un gran triunfo que el Secretario General de la OEA del momento, Sr. César Gaviria, viniera a mediar en el caso del río San Juan con Costa Rica, cosa absolutamente absurda ya que Gaviria fue el ex presidente colombiano que vino en una nave de guerra colombiana a proclamar las 200 millas marinas de Colombia frente a los cayos Roncador Quitasueños y Serrana.

En esos gobiernos nunca se percibió una política exterior articulada y firme ya no digamos vigorosa y quizás por eso se asustan, que en un país que, a como decía Rubén Darío, está hecho de “vigor y de gloria”, se actué en consecuencia.

Indudablemente el accionar del gobierno de Nicaragua fue acertado, oportuno, vigoroso y exitoso, y su resultado constituye un triunfo de Nicaragua en su política exterior.

*Especialista en Derecho Internacional