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Liderado por Asia, el porcentaje de la economía global en manos de los mercados emergentes ha aumentado marcadamente en las últimas décadas. Para los países de Asia –especialmente sus gigantes en ascenso, China y la India-, el crecimiento sostenible ya no es parte de un desafío global. Por el contrario, se ha convertido en una cuestión de estrategia de crecimiento nacional. Esto marca un cambio abismal en la estructura global de incentivos con respecto al logro de la sustentabilidad.

En las próximas décadas, casi la totalidad del crecimiento del mundo en consumo de energía, urbanización, uso de automóviles, viajes en avión y emisiones de carbono provendrá de las economías emergentes. Para mediados de siglo, la cantidad de gente que viva en lo que serán (para entonces) economías de altos ingresos aumentará a 4.500 millones de personas, comparado con 1.000 millones hoy. El PBI global, que actualmente está en unos 60 billones de dólares, cuando menos se triplicará en los próximos 30 años.

Si las economías emergentes intentan alcanzar los niveles de ingresos de los países avanzados siguiendo más o menos el mismo patrón que sus antecesores, el impacto en los recursos naturales y el medio ambiente será enorme, riesgoso y quizá desastroso. Uno o varios puntos de inflexión muy probablemente hagan que el proceso se detenga de manera estridente. La seguridad y el costo de la energía, la calidad del agua y del aire, el clima, los ecosistemas en la tierra y en los océanos, la seguridad de los alimentos y mucho más se verá amenazado.

Hoy en día, casi toda medición estándar de la concentración del poder económico global demostraría una tendencia en caída. Si eso siguiera así, el resultado sería un mundo en el que el aporte de cada país a la presión sobre los recursos naturales y el medio ambiente transformaría a la sustentabilidad en un importante desafío global, ya que prevalecería el problema de los recién llegados en su forma más extrema. Para cambiar el curso, serán necesarios acuerdos globales que vulneren el crecimiento, junto con sistemas que aseguren el cumplimiento.

Pero la tendencia en la concentración se revertirá de aquí a una década aproximadamente, debido al tamaño y las tasas de crecimiento de la India y de China, que en conjunto representan casi el 40% de la población mundial. Aunque su actual PBI combinado sigue siendo una fracción relativamente pequeña de la producción global (alrededor del 15%), ese porcentaje está creciendo a pasos acelerados.

Para mediados de siglo, la India y China representarán 2.500 millones de los 3.500 millones adicionales de personas con ingresos de países avanzados. Ellos solos harán que el PBI global cuando menos se duplique en las próximas tres décadas, incluso en ausencia de crecimiento en cualquier otra parte.

Para la India y para China por separado, y de hecho en conjunto, la sustentabilidad ya no es principalmente una cuestión global; es un desafío interno para el crecimiento a largo plazo. Sus patrones y estrategias de crecimiento, y las renuncias y elecciones que hacen con respecto al estilo de vida, la urbanización, el transporte, el medio ambiente y la eficiencia de energía, en gran medida determinarán si sus economías pueden completar la larga transición a los niveles de ingresos avanzados.

Es más, ambos países lo saben. Existe una creciente conciencia entre los responsables de las políticas, las empresas y los ciudadanos en China y la India (y en Asia en términos más generales) de que los caminos de crecimiento históricos que siguieron todos sus antecesores simplemente no funcionarán, porque no pueden estar en “escala” frente a una economía mundial que es el triple de su tamaño actual.

En consecuencia, esos países tendrán que inventar nuevos patrones de crecimiento para alcanzar niveles de desarrollo de países avanzados. Son demasiado grandes para ser parásitos, de manera que los incentivos relativos a la sustentabilidad se están internalizando como prioridades nacionales. Las percepciones se están rápidamente alineando con la realidad de que la sustentabilidad debe convertirse en un ingrediente crítico del crecimiento. El antiguo modelo no funcionará.

Por supuesto, nadie hoy en día sabe cómo alcanzar la sustentabilidad con un tamaño tres o más veces superior a la dimensión de la economía global actual. Ese objetivo estará determinado por un proceso de descubrimiento, experimentación, innovación y creatividad, con renuncias en el camino. Pero el incentivo para ignorar estas cuestiones desapareció, independientemente de lo que otros países elijan hacer y de qué acuerdos globales se puedan cerrar.  

Las grandes economías emergentes de alto crecimiento tienen ciertas ventajas. Integrar la sustentabilidad a las estrategias y políticas de crecimiento está en sus propios intereses y es coherente con sus horizontes temporales a largo plazo. Los bienes heredados que uno encuentra en los países avanzados –las maneras en que están configuradas las ciudades, por ejemplo- no tienen que ser reemplazados en el mismo grado. El décimo segundo Plan Quinquenal de China reduce la perspectiva de crecimiento (al 7%) para crear “espacio” a fin de lidiar con cuestiones como la equidad, la sustentabilidad y el medio ambiente. El proceso de descubrimiento de un nuevo sendero de crecimiento ya se inició.  

El surgimiento de la sustentabilidad como un elemento crítico en las estrategias de crecimiento en las futuras economías más grandes del mundo es un desarrollo extraordinariamente positivo, porque las necesidades, objetivos y prioridades nacionales siguen siendo incentivos mucho más poderosos que los acuerdos internacionales.

Todo esto puede parecer estar en discordia con el sentido común. ¿Cómo puede ser una buena noticia que se triplique el PBI global y se cuadruplique la expansión de la población de altos ingresos del mundo, en vista de todo lo que eso implica? Bueno, depende de cuál creamos que es la alternativa. Un crecimiento global lento favorecería los recursos naturales y el medio ambiente. Pero eso no sucederá a menos que los suministros de recursos y los sustentos ambientales colapsen. De manera que el punto de partida es el alto crecimiento de los mercados emergentes, cuya clave es la innovación y el ajuste del sendero del crecimiento.   

A medida que los asiáticos impulsen el crecimiento hacia patrones más sustentables, aumentarán los incentivos para que otros hagan lo mismo generando nueva tecnología, reduciendo el costo ambiental del crecimiento y menoscabando el argumento de que el liderazgo acarrea costos competitivos y otros costos económicos, pero pocos beneficios.

Decir que los problemas de los recién llegados desaparecieron, o que los acuerdos multinacionales ya no son deseables, sería un error. Pero el progreso paralelo real, impulsado por la necesidad y el interés propio, se está convirtiendo en el camino más factible a mediano plazo.
 
Michael Spence, premio Nobel de Economía, es profesor de Economía en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York, miembro visitante distinguido en el Consejo sobre Relaciones Internacionales, y miembro sénior de la Hoover Institution, Universidad de Stanford. Su último libro es The Next Convergence – The Future of Economic Growth in a Multispeed World (www.thenextconvergence.com).

Copyright: Project Syndicate, 2011.
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