Jorge Eduardo Arellano
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En estos últimos días, esta frase ha sido repetida una y otra vez por el intercandidato Eduardo Montealegre, más que para convencer al público, pareciera repetírselo así mismo para ver si al final él mismo se lo cree.

Cuando escuchamos semejante afirmación nos preguntamos ¿es verdaderamente auténtica la posición de Eduardo? ¿Es esto el resultado de su ingenuidad política o de su ignorancia suprema? ¿Es que Montealegre aprendió rápidamente el “arte” de la demagogia pura y dura? ¿Es acaso presa de sus propias ambiciones personales sin límites? ¿O es que es presa de sus propios intereses económicos y su manera de protegerlos, frente a los intereses económicos de los nuevos “oligarcas caitudos” en el Arnoldismo y el Orteguismo? O como diríamos en buen nicaragüense, ¿“este se quiere hacer el maje y cogernos por inocentes”?
Quiero refrescarle la memoria a Eduardo Montealegre y le invito a que lea la Constitución y las reformas establecidas el 18 de enero del año 2000, a través de la Ley 330 de “Reforma Parcial a la Constitución Política de Nicaragua”. Estas reformas que han sido llamadas popularmente “EL PACTO” entre Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, el primero gobernaba desde arriba, y el segundo desde abajo, fueron ideadas maquiavélicamente para la instauración de un bipartidismo perverso en el que se plantearon muchos objetivos, entre los que destacan:
* Control total de las instituciones, para lograr la bipartidización del sistema político;
* Inmunidad-impunidad como protección por actos de corrupción cometidos por Arnoldo Alemán (Diputación regalada) y Daniel Ortega;
* Control político mutuo;
* Repartición del Estado como botín y prebenda clientelista;
* Protección por riquezas mal habidas;
* Menosprecio a los derechos políticos ciudadanos, tales como la Suscripción Popular;
* Posibilidad de triunfo de Daniel Ortega en futuras elecciones, mediante la reducción del porcentaje para poder ganar, lo que hemos visto suceder.

* Fortalecimiento del espíritu reeleccionista de ambos caudillos;
Esto se hizo mientras Eduardo Montealegre era ministro de Arnoldo Alemán, ¿acaso se le olvidó?
“El pacto” no fue un simple acuerdo político verbal, está enraizado en la Constitución y en cada una de las Leyes Orgánicas de los distintos poderes e instituciones del Estado. Por lo que todo esto nos suena a demagogia barata, pura y dura.

Otro recordatorio, este pacto no lo hizo solito el caudillo Ortega, pues para entonces gobernaba desde abajo. Lo hizo en acuerdo con Arnoldo Alemán, el hoy reo y presidente honorario del partido, en cuya casilla va a correr como candidato Montealegre. Por lo tanto no nos puede vender la idea que derrotando a Daniel Ortega es como se va a derrotar al pacto, pues hoy vergonzosamente está montado en uno de sus rieles beneficiando a quienes ilusamente dice que va a derrotar.

Para alzar la voz ante el pacto las primeras divisas que uno debe portar son las de la honestidad y la transparencia, consideradas hoy día como las más revolucionarias y a las que todos los ciudadanos nicaragüenses, sin distingos de creencias, debemos aspirar.

Las personas que tienen “cola” son chantajeables, y solamente se pueden salvar buscando la sombra protectora de uno de los dos grandes partidos del pacto, de lo contrario lo asedian, lo acorralan, le echan las instituciones, particularmente al Poder Judicial, hasta que lo meten en “huerta”. Allí es donde se encuentra Montealegre.

Su fragilidad son los Certificados Negociables de Inversión, (CENI), emitidos cuando fue Ministro de Finanzas, y a la vez miembro del Consejo Directivo del Banco Central y de la Superintendencia de Bancos. Recordemos que los Cenis fueron emitidos ilegalmente con el agravante de un claro y manifiesto conflicto de interés, pues era accionista de BANCENTRO, y no es que sea el único responsable, lo son todos: los quiebrabancos, los liquidadores, los emisores de los CENI, los que reclasificaron las carteras de los bancos, los que vendieron los bienes del Estado a precio de “guate mojado”, los de la Contraloría por su acción tardía, el Fiscal por dejar prescribir la acción penal y, desde luego, la Suprema Injusticia de la Corte.

A pesar de ello, en las elecciones pasadas a la presidencia de la República, Eduardo se presentó como el candidato de la “opción demócrata” en contra del pacto. Muchos nicaragüenses se lo creyeron y le dieron el voto, por el que quedó en segundo lugar, adquiriendo con ello un gran capital político que ha estado malgastando y despilfarrando como un novato.

Los pactistas que conocían de su fragilidad y que tienen el control de las instituciones, comenzaron a asediarle con acusaciones de todo tipo, y desde todas las instituciones nos han querido hacer creer que él es el único responsable de los CENI, le han venido chantajeando desde la Contraloría, desde la Fiscalía, desde el Consejo Supremo Electoral, desde el Poder Judicial, y últimamente por los célebres CPC. Tal como vimos la desaforación fue empujada a dos “puyas” para arrinconarlo, y al final lo lograron.

Montealegre tuvo la gran oportunidad de enfrentarlos. A lo mejor lo hubieran echado preso, y con ello habría tenido la posibilidad de consolidar su liderazgo político por su valentía, pero obviamente un “chico bien” no está dispuesto a pasar infortunios, ni a deponer sus ambiciones personales.

En vez de buscar al pueblo, a la base de los ciudadanos que votan en la casilla liberal sin serlo, volvió a buscar a los mismos que en 2006 repudió en millonarias campañas publicitarias. Hubo muchos que creyeron en él y sin embargo ahora los decepciona.

Políticos como Montealegre decepcionan a un pueblo como el nuestro, que busca un oasis de tranquilidad, gobernabilidad y una verdadera democracia con justicia y pan, y al decepcionarlos solamente beneficias a los hijos de las tinieblas, que ahora pueden perennizarse con el relanzamiento de la polarización partidaria del país.

En el hipotético caso de que el Orteguismo, con su liderazgo anacrónico perdiera la mayor parte de las alcaldías, ¿es que acaso los de la cúpula politiquera liberal son mejores que los orteguistas? Si todos ellos son parte de la corrupción institucionalizada y dignos discípulos del reo Alemán, ¿de qué apuro van a sacar a la población que cada día se sumerge en la pobreza extrema, la migración, la prostitución y la corrupción y el desempleo? Dieciséis años pasamos aguantando las políticas neoliberales, y ahora que creímos que íbamos a liberarnos de ella, continuamos bajo su yugo con todo y “revolucionarios”.

Quiero confiar en la sabiduría del pueblo, a la que apelo para que todos los ciudadanos honestos no avalemos a los partidos del pacto con todo y Montealegre y “campeones de boxeo”, ésta es la oportunidad para castigarlos, para asumir nuestra responsabilidad ciudadana conscientemente y que no permitamos que corruptos, sigan gobernando este maravilloso y empobrecido país.

Todos los ciudadanos debemos votar para preservar la libertad que tantas vidas ha costado, debemos decir no al autoritarismo que, tal como está, nos enrumba a un autoritarismo institucional con nuevos métodos de represión, en el que el sistema judicial constituye su principal y moderno instrumento. Solamente podremos derrotar al pacto votando contra las cúpulas corruptas del Danielismo y el Arnoldismo, entre las que se encuentra hoy Montealegre.

*Ciudadano de la generación victoriosa por el derrocamiento de la dictadura somocista, y por la libertad conquistada.