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Dos noticias, aparentemente menores, de la semana pasada, están sin embargo vinculadas con el problema de fondo que enfrentarán los electores el próximo mes de noviembre.

Una noticia daba cuenta de exempleados de la Dirección General de Ingresos (DGI) que fueron despedidos de esa institución por la simple razón de que no eran Orteguistas,  que escenificaron un plantón frente a las instalaciones de esa institución demandando la indemnización a que tienen derecho de conformidad con las leyes laborales.   

Ellos son parte del caso de más de 20,000 empleados públicos, ¡más 20,000 familias, que equivalen a más 100,000 nicaragüenses!, que sufren las consecuencias económicas de haber sido despedidos por las mismas razones de sectarismo partidario.

La otra información era sobre el proceso de selección de los mejores alumnos y docentes de este año. Ya no se trata únicamente de méritos académicos. La militancia en organizaciones estudiantiles y gremiales Orteguistas se tomará en cuenta para la selección de los mejores alumnos y docentes. Otro aberrante caso de sectarismo partidario. El colmo. Si no hay credenciales partidarias, el mejor alumno no será el más estudioso, dotado y provechoso. Igual con los maestros, en que no será suficiente el esfuerzo docente, la calidad de ese esfuerzo y su abnegación, para determinar el mérito académico.

Dos ejemplos recientes de un patrón gubernamental que ha excluido a centenares de miles del acceso a programas sociales, a empleos, al crédito, a la distribución de semillas e insumos agropecuarios, e incluso del derecho a la identificación ciudadana por la distribución sectaria y partidaria de las cédulas de identidad.

El Orteguismo sabe que más de cuatro años de gobierno sectario, prepotente y discriminatorio el pueblo se lo cobrará en las urnas, el próximo mes de noviembre. Por eso tanto amañamiento electoral,  y tanto intento para desestimular el voto.

Pero es inútil. La inmensa mayoría de los nicaragüenses consideran que las próximas elecciones serán tan o más importantes que las de 1990, que pusieron punto final a la guerra civil. En correspondencia con esa valoración, la intención de votar, aunque todavía faltan más de cuatro meses para la cita electoral, es alta. Y los nicaragüenses saben que entre más voten, más perdido estará Ortega. Y no habrá fraude posible, aunque lo intenten.