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En esta ocasión he decidido aplicarle la filosofía de la “Alegremia” a nuestro paisito: “Nicaragua, Nicaragüita”, como dice Carlos Mejía Godoy en su canción. La “Alegremia” es en síntesis el nivel de alegría que circula por la sangre y tiene como base siete elementos fundamentales para la vida: aire, agua, alimento, albergue, amor, arte y aprendizaje. Esta palabra se le debe  al Doctor argentino,  Julio Monsalvo, pues fue el creador de esta filosofía que consiste en hacer conciencia de sobre la salud de los ecosistemas y sus determinantes sociales.

Empecemos preguntándonos si en Nicaragua todos disfrutamos del  aire (puede parecer tonto, pero no lo creo así). Yo estoy seguro que más de una vez nos ha molestado alguien que fuma, el terrible humo de los automóviles y los buses, eso por mencionar. Definitivamente, este elemento nos reduce el nivel de Alegremia en nuestra sangre.

Agua, este sí es más perceptible, aunque algunos se hagan los de la vista gorda el lago de Managua casi nos habla y nos llora por el daño que le hemos causado. Y si a esto le sumamos el resto de lagunas y ríos contaminados, y la gran cantidad de comunidades que no pueden gozar de agua potable, o los que tienen que recolectar agua en barriles y demás, sí que estamos ante serios problemas; pero no importa, el pueblo está feliz porque hoy manda.

El siguiente elemento de medición en esta escala es el alimento, y al igual que el agua nos pone a pensar mucho, sólo que cuando se tiene frijoles, pan y leche en casa es difícil pensar en los que no lo tienen.  Tremendos sustos nos hemos llevado con el alza del frijol rojo que hasta se temía una modificación de nuestro gallopinto, aunque la boca infame pregone que el comercio injusto de hoy es lo mejor para todos.

Por otro lado tenemos el albergue, no está demás decir que el gobierno ha entregado casas para el pueblo, pero todavía hay niños, mujeres y ancianos que se mueren de frío en algún rincón del mercado Oriental. O más aflicción me provoca ver “una colonia” de  ranchitos de plástico en un trecho al lado de la carretera nueva a León, en Ciudad Sandino, donde irónicamente alguien puso una manta del gobierno del pueblo y de los pobres.

Y qué decir del amor, hasta suspiros les saca a algunos el amor al dinero y al poder. Sin embargo, me atrevo a repetir lo que un día le oí a un profesor “hay un sentimiento más fuerte que el amor: la solidaridad”. Aunque para mí no es  más que una manifestación pura de amor al prójimo, me permito añadir que no es la solidaridad de rótulos color chicha ni canciones pegajosas, ni discurso de perorata aburrida. Es la solidaridad que todos deseamos ver y sentir alguna vez en nuestras vidas.

Ahora, los dos elementos  restantes: arte y aprendizaje. En el arte, pues hay mucho arte, pero preferimos comprar un retrato de Shakira, que un cuadro auténtico de un paisaje pintado de las manos de un muralista-- o pintor-- de Estelí o de cualquier parte de nuestro paisito.  La música y la literatura es otra fuente de producción artística que Nicaragua tiene, pero la actitud es la misma.

En el aprendizaje, pues ahí va el cadáver de Nicaragua, anémico, a paso de caracol, con los niveles de Alegremia rozando el cero. El  estado general del aprendizaje en Nicaragua es un terreno muy fangoso del que me abstengo de escribir. Como siempre, la realidad dice más y las experiencias hablan. Mi dictamen después de esta breve aplicación de la filosofía de la Alegremia a nuestro paisito es que está falleciendo y necesitamos crear conciencia para una nueva tierra, aunque suene utópico, creo en la comunicación para el cambio y el desarrollo.

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