Jorge Eduardo Arellano
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Ahora que el conflicto entre Venezuela, Ecuador y Colombia se encuentra en su punto más álgido, son pocas las voces que ponen el problema en un contexto histórico y político que ofrezca una visión global de la actual coyuntura. Casi nadie menciona que el ejército colombiano con la ayuda del Pentágono, la CIA y la DEA (Agencia anti- drogas de Estados Unidos, ha sido incapaz de derrotar a las FARC, en un conflicto político militar que lleva ya 40 años. El fracaso de los militares colombianos y sus padrinos estadounidenses es más que elocuente habida cuenta que mediante la implementación del plan Colombia por más de una década han invertido miles de millones de dólares para exterminar a la guerrilla más antigua de América.

Colombia tiene la nada honrosa reputación de ser el país con el más alto porcentaje de asesinatos de dirigentes sindicales en todo el planeta. El ejército colombiano y los paramilitares han cometido incontables masacres y asesinatos de población civil en aldeas montañosas, sólo por la mera sospecha de ser colaboradores de las FARC.

Pese al fuerte involucramiento de los órganos de inteligencia del gobierno de Estados Unidos en Colombia, mayormente la CIA y la DEA, Colombia continúa siendo el mayor exportador de cocaína hacia Estados Unidos, no habiendo indicaciones que tal tendencia disminuya.

Las negociaciones de las FARC de liberar a los rehenes en su poder han sido un desastre de relaciones públicas para el gobierno colombiano. Varios prominentes rehenes liberados tuvieron frases de elogio para el presidente Hugo Chávez y de repudio hacia el presidente colombiano Álvaro Uribe. El asunto del niño rehén, nacido en cautiverio, en poder del gobierno de Uribe, aunque un éxito propagandístico para Uribe, resultó ser más efímero que positivo. Colocado a la defensiva, Uribe, torpemente rechazó la mediación de Chávez, acción que le resultó contraproducente ya que las FARC continuaron unilateralmente relacionándose con Chávez para continuar con su política de liberación de rehenes.

La política de liberación de rehenes comenzó a ganar simpatías a nivel internacional. Hasta el conservador presidente de Francia, Nicolas Sarkozy mostró interés en ayudar en la liberación de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, ciudadano franco- colombiana. Esto aunado al abrumador apoyo diplomático favorable al papel mediador de Chávez y la imagen positiva que las FARC comenzaron a adquirir ante los gobiernos de Sur América, fueron las que llevaron al gobierno colombiano a atacar a la yugular de las FARC para detener el proceso de liberación de rehenes.

No es ninguna casualidad que el comandante Raúl Reyes, segundo al mando de las FARC y responsable de las negociaciones de paz con el gobierno venezolano, la Cruz Roja y otras instancias internacionales, haya sido el blanco de los ataques militares que acabaron con su vida en la selva ecuatoriana. El asesinato de Reyes ocurre en momentos en que se hacían esfuerzos diplomáticos al más alto nivel para lograr la liberación de Ingrid Betancourt, la rehén más importante en manos de las FARC. Uribe no pudo escoger peor momento para el ataque, torpeza política que hoy paga la elite colombiana con un aislamiento diplomático internacional sin precedentes que no se veía en América Latina desde la caída de la tiranía de Anastasio Somoza en Nicaragua, quien al igual que Uribe hoy, se convirtió en un paria diplomático en la OEA.

La victoria de masacrar a un grupo de jóvenes guerrilleros mientras dormían, haciendo alarde de aviones, helicópteros, tropas elite y un elevado volumen de fuego, no puede ser considerada, desde ningún punto de vista, una victoria militar, sino más bien una victoria pírrica y una verdadera debacle diplomática que coloca a Colombia como país agresor.

El ejército colombiano contraatacó haciendo extrañas e inverosímiles revelaciones que vinculaban al presidente Chávez con las FARC. Aunque el ataque del ejército colombiano fue abrumador, pulverizante y envolvente, milagrosamente la computadora portátil del jefe guerrillero, quien murió acribillado a balazos, quedó intacta y la información completa. Astutamente, Chávez ha aceptado el reto de Uribe de ir ante la Corte Penal Internacional para dirimir los cargos.

Tres países han roto relaciones diplomáticas con Colombia, a saber, Venezuela, Ecuador y Nicaragua. En el caso de Nicaragua, existe el antecedente de un diferendo territorial en el mar Caribe con Colombia, el cual está en litigio ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Colombia alega que su soberanía se extiende hasta el paralelo 82 en el Caribe, pero La Haya desestimó tal alegato, favoreciendo así a Nicaragua. Uribe, hace solo unas ocho semanas, reaccionó con furia y envió su fuerza naval a patrullar la zona e impedir a humildes pescadores nicaragüenses realizar faenas de pesca. El presidente Ortega protestó enérgicamente ante Uribe y exigió a Bogotá se respete el fallo de La Haya, pero Uribe olímpicamente lo ignoró.

El joven presidente de Ecuador, Rafael Correa, en un gesto digno de admiración inició una ofensiva diplomática relámpago. A su paso por Managua fue recibido por Ortega, quien en conferencia de prensa conjunta, anunció la ruptura de relaciones diplomáticas, dándole al joven presidente un muy espaldarazo diplomático.

El asesinato del comandante de las FARC, no sólo resultó una victoria pírrica para el gobierno colombiano, sino probó ser el desastre político más grande que gobierno alguno ha sufrido en los últimos 30 años. Álvaro Uribe es hoy el presidente más aislado del continente. La incursión militar violatoria de la soberanía de Ecuador, resultó en una verdadera debacle diplomática para Uribe y lanzó al carismático presidente de Ecuador, quien quiso en el pasado guardar distancia del presidente venezolano, directamente a los brazos de su archienemigo, el presidente Hugo Chávez.