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Sobre Zelaya, a pesar de lo mucho que se escribe sobre la revolución en la que tomó parte y su gobierno en realidad se dice poco sobre su personalidad e ideas en particular sobre la época anterior a 1893 y menos sobre las ideas políticas de la época en la que vivió y formó su carácter liberal. Gracias a Zelaya, Nicaragua ingresó en la era moderna hacia donde se encausaban los países ansiosos de progresos sociales que por ende resultaría en desarrollo económico. Una de las críticas que le hacen es que no fue democrático. En el siglo XIX se tuvo el concepto de que derechos sociales, democracia, es decir poder del pueblo y revolución caminaban juntos de la mano, pues decían: “Sin revolución no hay democracia porque los derechos no los da nadie gratuitamente sino que se conquistan” y como es lógico deducir, las conquistan no se adquieren democráticamente, se lucha por ellas.

En la época solo hubo tres ejemplos de democracia que podían verse cada una de ellas en su característica particular y con razonable reflexión: Suiza, Estados Unidos de Norteamérica e Inglaterra, con unos sistemas democráticos que se formaron paulatinamente. Los Estados Unidos de Norteamérica fueron fundados logrando su independencia con una revolución, arrancando al poder monárquico colonial inglés sus derechos, después de muchas batallas y sangre derramada, en base a principios constitucionales propuestos, impuestos y aprobados por una elite y sufragio indirecto proceso que hay que estudiar para poderlo entender y diferenciar del concepto  tradicional que las masas cibernéticas tienen de democracia en la actualidad.

En el siglo XIX, el concepto original de democracia fue diferente. Para 1893 cuando cae el gobierno de los Treinta Años Conservadores en Nicaragua, del cual han escrito mucho autores conservadores sobre su “democracia”, no hubo tal, pues su concepto democrático estaba acorde con la época, ni el pueblo, ni los pobres, ni las mujeres podían votar, elegir, ni ser electos, pues solo podían votar, elegir y ser electos, los miembros de la elite terrateniente con un capital determinado en comicios que los poderosos manejaban y que ahora serian considerados corruptos.

En la Nicaragua conservadora de la juventud de Zelaya no existieron los derechos ciudadanos, la instrucción del pueblo fue restringida y el desarrollo de la artesanía fue limitado pues los trabajadores eran inducidos al trabajo en las haciendas. El pensamiento socialmente retrogrado de Fruto Chamorro es ejemplo representativo del concepto de gobierno conservador del siglo XIX en Nicaragua y en varios países de Centroamérica y Sur América, cuyas consecuencias sociales llegan hasta nuestros días.

En el siglo XIX la democracia no existió en la noción como la conocemos a partir de la segunda mitad del siglo XX. Lo que actualmente entendemos como democracia, (en realidad, como nuestro liberalismo, es un concepto manoseado, falseado y limitado en la practica) a saber: sufragio universal, división de poderes, asambleas o parlamentos y alternancia en el gobierno a mediados y fines del siglo XIX no existieron de la forma como los concebimos en la actualidad, particularmente en Nicaragua, donde de todas formas es inútil buscarla pues solo existe en las utopías de unos cuantos soñadores.

En el siglo XIX donde hubo sufragio, no fue universal, donde hubo elecciones no fueron directas, los textos de las constituciones no fueron sometidos a la votación del pueblo y en general nada ni nadie garantizó la alternancia en el poder a no ser una decisión personal, altruista y voluntaria de quien lo ejerció. Quienes en esa época se consideraban así mismos demócratas, partidos o personas, bajo gobiernos monárquicos absolutos, constitucionales, o presidenciales, de acuerdo a los valores actuales, con justicia, no merecen el nombre de demócratas como lo ideamos el día de hoy.

La democracia fue un proceso de imposiciones por las presiones sociales y tuvieron que ser poderosas porque de otra forma no la hubieran logrado. En Francia no hubo democracia en la época, ni en Alemania, ni en la misma Inglaterra porque estaban excluidas del derecho electoral la clase obrera y las mujeres. En Inglaterra en 1865, en una multitudinaria asamblea en Saint Martin’s Hall en Londres, se fundó una “Liga Reformista” para defender el voto universal solo de los hombres, porque según decían, era demasiado pedir el voto para las mujeres. Los derechos del hombre legado de la revolución francesa, aún ahora en el siglo XXI en términos generales no pasan de ser solo sublimes intenciones.

No hay conflicto en la trayectoria de Zelaya, tomando en consideración sus hechos posteriores, que durante su juventud tuvo inquietudes sociales y libertarias adquiridas originalmente en su medio ambiente de la Nicaragua de mediados del siglo XIX, igual como las adquiere todo joven en cualquier parte del mundo, viendo las injusticias que se practican en su contorno y vida cotidiana entre los seres humanos de una misma comunidad, las diferencias creadas por el poder y la riqueza de unos y la falta de derechos sociales, oportunidades y extrema pobreza de otros, la explotación de unos por otros, las ideas políticas de la Ilustración que se afincaron en Guatemala entre los intelectuales a partir de 1790, en consecuencia los pensamientos sociales y económicos de los autores europeos como Rousseau, Montesquieu, y otros que agitaron Centroamérica, Barrundia, José Cecilio del Valle, Montúfar, Morazán, Máximo Jerez,  antes y después de la independencia promovida por las ideas liberales de la Constitución de Cádiz de 1812 que acuña por primera vez el termino “liberal” y que además sin duda reforzó y actualizó sus inquietudes juveniles y se compenetró de liberalismo durante su estancia en Francia, Paris, la ciudad de las luces revolucionarias, intelectuales y progresistas.

En Francia, Zelaya entendió que el liberalismo solo podía imponerse con una revolución y con un sistema que no era necesariamente democrático igual como se estaba imponiendo en otras partes. Al liberalismo y a la libertad no se podía acceder con buena voluntad, había un precio que pagar, pues para imponerlo había que arrebatarle a quienes no lo querían, sus privilegios, y los derechos del pueblo solo podían conquistarse con lucha, de la misma forma como las elites liberales combatieron en Norteamérica contra el autoritarismo monárquico inglés, como los revolucionarios franceses conquistaron los derechos del hombre, como Bolívar se impuso liberando Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia del yugo de la corrupta monarquía clerical española. No se puede conocer, juzgar, entender, ni analizar a Zelaya, su gobierno, ni la revolución liberal de 1893 fuera del contexto del siglo XIX.

El siglo XIX fue un siglo donde se empezó a poner en práctica las ideas políticas y socialmente agitado por teorías que suspiraban por derechos ciudadanos y justicia social.

Marx escribe El Manifiesto Comunista en 1848 el mismo año que empiezan las revoluciones sociales en Paris y se extienden por Europa.

El siglo XIX es el siglo liberal de Napoleón, de Bolívar y también de Marx. Cayeron y subieron gobiernos y alzó la voz la nueva clase, los proletarios y los oprimidos.
Para mediados y finales del siglo XIX los barcos ingleses de vapor empezaron a recorrer el mundo llevando el mercantilismo y los productos manufacturados industrialmente y llevando también la idea de avance social y progreso económico.