Jorge Eduardo Arellano
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Los últimos avances de la neurología nos están mostrando que la antigua división psíquica de sentimientos y razón tiene un lugar de residencia en el cerebro humano. Son muchos los estudios neurológicos que confirman la teoría de la lateralización del cerebro. Algunos antropólogos manifiestan que el ser humano hace millones de años se le incrementó el tejido neuronal en 500 gramos. Simultáneamente el cerebro humano se dividió en dos hemisferios para poder adquirir el habla.

Existe un consenso que sostiene que el hemisferio derecho es el encargado de las emociones, imágenes y dimensiones espaciales. El hemisferio izquierdo registra las abstracciones, el pensamiento lineal y casuístico. En vista de que hay una coincidencia en que las personas con conexiones neuronales con mayor énfasis en el hemisferio derecho son del género femenino, algunos investigadores han nombrado a esta mitad femenina, y al izquierdo masculino.

El neurocirujano Leonard Shlain en su libro “El alfabeto contra la Diosa”, usa como base conceptual de su análisis las diferencias de género de nuestro cerebro. Pero también nos informa “De los dos hemisferios de los humanos, el lado derecho es el hermano mayor (cerebro femenino). En el útero, el hemisferio derecho del cerebro del feto incluso está en proceso de maduración antes que el lado izquierdo (masculino) comience a desarrollarse. El viejo y sabio lado derecho, más relacionado con las necesidades e instintos derivados de las primeras etapas de la evolución, está mas preparado para ocuparse de este tipo de cuestiones que el lado izquierdo, más joven.”

La tesis del libro de Shlain pretende demostrar que el invento del alfabeto como lenguaje abstracto significó una ruptura en el equilibrio hemisférico cerebral para la humanidad. Shlain analiza los impactos avasalladores del alfabeto creado por el lado izquierdo del cerebro en contra del lado derecho. En los últimos 5,000 años del ser humano, según Shalin, las grandes perdedoras con esta realidad han sido las féminas.

La mayoría de las investigaciones científicas apuntan que el alfabeto lo crearon los sumerios, sin embargo algunos les dan el mérito a los fenicios. Los egipcios poseían escrituras pero de tipo iconográfica; los jeroglíficos, que fueron evolucionando hasta llegar a la escritura abstracta copta.

La palabra escrita se imponía a las imágenes. Las primeras víctimas de este desequilibro fueron las Diosas. Se pone al margen a Sofía, a Artemis, Isis, Astarte, Ashera, la esposa de Yahvé hebreo, etc. A partir de este momento Dios es varón y habló a través del alfabeto. Nacen así las religiones de los libros, entramos en la era del logo, abstracción hija del hemisferio izquierdo (masculino).

El sacrificio de Abraham y su pacto con Yahvé, con la simbología de la circuncisión, manifiestan un acuerdo entre varones, donde las féminas quedan en un estado de inferioridad implícita. Lo mismo pasa con la mitología del génesis de Adán y Eva en el paraíso, donde el “golpe de estado” al hemisferio derecho del cerebro se hace evidente con la culpa de Eva.

En la edad media, según Shlain, la equidad de género tiene una franca recuperación. A principios del siglo VI, Gregorio Magno Papa, eliminó el segundo mandamiento de Moisés, el cual prohibía el culto de las imágenes e ídolos que simbolizaran la divinidad en los cielos. Gregorio intuitivamente comprendió que mantener este mandamiento judío de carácter iconoclasta no era conveniente para la nueva religión cristiana romana. Vemos así surgir las imágenes de Cristo, María, los santos y de Dios mismo en los templos góticos de la edad media. Los monasterios son característicos de esta época de la historia y habían tanto monasterios de hombres como de mujeres y en cierto momento hasta mixtos. La ciencia fue la víctima de la época, no hubo ningún avance relevante de tipo matemático o filosófico, en detrimento del hemisferio izquierdo.

A finales del siglo XV y principios del XVI, el renacimiento hizo su incursión en Europa, simultáneamente con los aumentos de la tasa de alfabetización, producto de la invención de Gutember, la imprenta de tipos móviles. La palabra se masificó, era el retorno del logo avasallador. Shlain responsabiliza a la imprenta por la gran misoginia manifestada por la quema de brujas en el siglo XVI. No obstante se le olvida a Shlain que en ese tiempo existió otro carburante que pudo ser de mayor impacto, la epidemia de sífilis y otras enfermedades de transmisión sexual que los conquistadores de América llevaron a territorio europeo.

El culto a María es una estrategia genial de la Iglesia Católica para conquistar el mundo iconográfico del hemisferio femenino. Sin embargo, conceptualmente hablando, a María se le reconoce como Madre de Dios, y no Dios Madre, lo cual al ser la Madre de Jesús físico, la pone en una inequidad de género con el Dios varón, amén de no alcanzar en la trinidad. Pareciese que los católicos evangelizan con el hemisferio femenino, y administran sus dogmas con el hemisferio masculino.

Shlain llena de optimismo a las féminas en las conclusiones finales de su libro. Manifiesta que en la actualidad el poder de las imágenes está llevando a un equilibrio a los hemisferios cerebrales. Se hace obvio a partir del invento de la fotografía y se desarrolla más aún a con el auge de la televisión, cine, periódicos con mayor carga de imágenes, Internet, etc.

Shlain no profundiza el por qué surgió el alfabeto. Muchos antropólogos sugieren que las diferencias de género tuvieron sus causas más a razones naturales o económicas. La mujer es la dadora de vida, un acto por antonomasia individual. Sus estados de gravidez y su alta mortalidad por el mismo la puso en un estado disminuido con respecto al macho cazador y recolector. Al varón, al ver que la caza se fue haciendo más difícil y escasa, le apareció su instinto gregario asociándose con otros para realizar sus actos de sobrevivencia. Las actividades del hombre necesitaban organización, liderazgo y unidad. Cuando la mujer inventa la agricultura, el macho se hace sedentario y asume las funciones de protector de la tierra. En este contexto surge el alfabeto como carburante del predominio del hemisferio izquierdo, para la desdicha de la equidad de género. No obstante se coincide con Shlain cuando dice que en la actualidad estamos pasando de una era del logo a una del logotipo, de la palabra a lo iconográfico.

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