Jorge Eduardo Arellano
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Los Talleres de Evaluación, Planificación y Capacitación Educativa (Tepcep) tienen su historia y su experiencia. Nacieron allá por el año 1982, con la finalidad de proporcionar al proceso educativo en los niveles administrados por el Ministerio de Educación un acompañamiento sistemático apoyando y fortaleciendo el papel y quehacer de los maestros y maestras como puntales insustituibles de la calidad del aprendizaje de los estudiantes y como responsables del desarrollo y ejecución de los programas de estudio en sus respectivos centros escolares.

Para tal fin se organizan la forma, lugar, tiempo, tarea, mecanismos y finalidad, con el fin de reunir a los maestros diseminados en todo el territorio nacional y compartir con ellos la responsabilidad y alcance del proceso educativo nacional. Generalmente se reunían los últimos viernes de cada mes en lugares y centros equidistantes del lugar de trabajo de la mayoría. Una vez presentes los maestros y maestras se organizan en grupos específicos: preescolar, multigrado, primaria regular, por áreas de estudio, etc.

Teniendo presentes el plan y programas de estudios vigentes, correspondientes a cada nivel, la actividad se desarrolla en tres momentos:
a. El grupo evalúa el desarrollo y logros educativos alcanzados en ese período (un mes), con sus dificultades, obstáculos y consecuencias.

b. Ese ejercicio aporta insumos concretos para planificar el quehacer del próximo mes retomando el ritmo que exigen los programas de estudio y enfrentando las dificultades inherentes ya detectadas.

c. Estos dos momentos (evaluación y planificación) desatan un diálogo creativo entre los maestros, en el que se presentan experiencias exitosas en los procesos de enseñanza-aprendizaje, formas de superar las limitaciones materiales y metodológicas encontradas, actividades orientadas a conformar equipos de trabajos y sanidad institucional en los centros, ajustar la fluidez de factores en la gestión pedagógica, etc. A la par se utiliza algún tiempo para dar a conocer alguna presentación más de carácter pedagógico, técnico, metodológico, psico-social, político, etc. todo lo cual constituye un proceso de capacitación entre pares, de maestro a maestro. Era una forma novedosa de activar la formación permanente de los maestros, en el contexto de una educación en pobreza impuesta por las circunstancias de escasez diversificada. En el fondo se pretendía activar y conjugar todos los factores asociados con la calidad de la educación.

La experiencia tuvo resultados positivos al garantizar el servicio educativo y el avance de los programas de estudio en todas las escuelas del país, gracias al temple, entrega, solidaridad y vocación del magisterio nacional. No fue nada fácil. La adversidad se hizo presente en múltiples formas.

Varios factores, como el impacto de la guerra, las limitaciones crecientes y algunas deficiencias en el manejo de los Tepce, hicieron que se desgastara su aliento original.

Poco se podía hacer en relación con la guerra, poco también contra el incremento de las limitaciones y escasez de elementos básicos para una vida normal de trabajo en los centros educativos, pero sí se pudieron evitar algunas fallas y errores al descuidar un poco el carácter original de los Tepce, como un ejercicio de crecimiento y desarrollo compartido entre los maestros en un clima de flexibilidad y de participación plural, de comunicación creativa y de innovación, persiguiendo siempre mejorar la calidad de la educación en cada aula cumpliendo los programas de estudios establecidos por el Ministerio de Educación.

Poco a poco fue introduciéndose en los Tepce una actitud más de cumplir una tarea según las directrices recibidas, que aprovechar la riqueza que contenían las opiniones, propuestas y apreciaciones de los maestros y maestras.

Otra circunstancia que superó las buenas intenciones originales de los Tepce consistió en la necesidad de utilizar el tiempo, cada vez más prolongado para exponer la situación política, dar a conocer las orientaciones partidarias y especificar las medidas para enfrentar las embestidas y los efectos del conflicto armado.

Las circunstancias no fueron las más propicias para sacar el jugo a los Tepce a favor de la calidad del quehacer educativo del maestro, pero constituyeron una experiencia socio-pedagógica original muy importante. Los Tepce quedaron recogidos entre las experiencias pedagógicas pioneras del pasado.

En la actualidad las circunstancias son diferentes y muy aleccionadoras, pero se pueden repetir algunos de los errores anteriores, caso de no activar el encuentro creativo, pedagógico y humano entre quienes presentan la visión obligatoria de arriba y quienes viven la cotidianidad muy particular de abajo.

El Ministerio de Educación tiene que convertirse en el motor que activa toda la fuerza de la educación, a la par que se convierte en el oyente permanente de la palabra del maestro. La palabra, en sus múltiples expresiones, es el vehículo a través del cual volcamos al exterior nuestro ser. Para nuestra educación es clave el ser del maestro y en consecuencia la palabra mediante la cual nos habla.

Por ello es muy importante que los Tepce sean conjuntamente la palabra del Ministerio y la palabra del maestro. Se trata de una relación de sujeto a sujeto en el amplio espacio pedagógico para compartir la construcción de la calidad de la educación en nuestro país. Los Tepce son, a la vez, una oportunidad y un desafío. Tanto la oportunidad como el desafío tienen sus propias condiciones.