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Años tengo de estar inquieta con este tema en mi cabeza, sin llegar a escribirlo, esperanzada en que las autoridades pertinentes tomaran carta en el asunto para  erradicar ese problema, pero ha pasado mucho tiempo y veo que nadie se preocupa por las comidas llenas de petróleo y otras sustancias tóxicas más que consumen miles y miles de nicaragüenses. Tiempo en vano esperando que las autoridades del MINSA pusieran manos en el asunto, pero ha sido falsa ilusión. Parece que nadie se fija en lo que come, o peor aún ¿a nadie le molesta comer comida cocinada con petróleo? Porque eso es lo que come el pueblo en Nicaragua al ingerir un “delicioso” vaho que, inocentemente, no sé de donde han tomado la pésima costumbre de cocinar cualquier comida tapándola con un enorme plástico. ¿Ignoran que el plástico es derivado del petróleo?

Nuestros ancestros eran sabios; el vaho (vajo o bao), el arroz y otras comidas típicas o autóctonas nicaragüenses, las cocinaban tapadas con hojas de plátano o chagüite (del náhuatl, chiauitl), no solamente para suplir la falta de una buena tapadera sino, además, para obtener un exquisito aroma y sabor. En varios países de Asia, he visto que cocinan algunas comidas envueltas, algunas como nuestro nacatamal, en hojas de plátano y de palmeras de coco, pero nunca en o con plástico. Con frecuencia en mis viajes, entro en las cocinas e indago por ingredientes y recetas, platico con los chefs o, simplemente, con los cocineros o cocineras y, de paso,doy un vistazo a la higiene,  observando que por muy pobres que sean los expendios de comida, al cocinar no tapan los alimentos con plástico, como aquí.

En Nicaragua, no sé de dónde ni cuándo vino el hábito, al igual que el de la“toallita en el hombro”, de cocinar con plástico. Me fascina el vaho, al igual que todas nuestras comidas, pero desde que ví esa moda, no me apetece comer vaho con petróleo. He visitado varios expendios de vahos, y felizmente para las comideras, sus caramancheles o sus toldos, permanecen llenos de comensales, pero no sospechan siquiera la amenaza que ese vajito significa para su salud. Como que el nica come por comer, cualquier cosa, sin ver su procedencia.

Lamentablemente, no hay en Nicaragua ningún cuidado de las autoridades sanitarias por lo que consume el nica en los restaurantes y comiderías populares, y estoy casi segura que el MINSA tampoco visita ni supervisa los restaurantes populares. Soy magnánima al pensar que los restaurantes caros o de “categoría” son más cuidadosos que los de “medio pelo” o de “pelo ninguno”. En algunos expendios de comida, veo que, a la par de las mesas, hay un cerro de basura o un basurero destapado hirviendo de moscas, con perros y otras sabandijas pululando.

Una adecuada atención sanitaria por parte de las autoridades respectivas, con una política definida de cuidar a la ciudadanía, sería no solamente, cobrar los impuestos por cualquier mamarracho convertido en puesto de comida, sino la de supervisar y vigilar cotidianamente las condiciones higiénicas en que son elaborados los alimentos, que  consumen ricos y pobres en todos los lugares. Por donde quiera surgen comedores o restaurantes que no cuentan- y creo que tampoco sus dueños lo quieren- una vigilancia con estrictas normas de higiene y salud. Y ni qué hablar de las fritangas o comiderías, que con las mismas manos que toman los billetes que circulan atestados de microbios, sirven la comida, sin cuchara muchas veces. Y a nadie parece molestarle o importarle. Son pocos los sitios populares donde un personal sirve la comida y otro se encarga de la parte económica, como debe ser.

Muchas personas en el mundo se inquietan ante la aparición y proliferación de enfermedades raras, cantidad de tipos de cáncer, infertilidad en gente joven, sin llegar a sospechar que todo está en lo que comemos, cómo lo comemos y cómo lo cocinamos.

Vivimos contaminados con plaguicidas y otros inventos que la humanidad usa equivocadamente. Aunque las grandes industrias químicas-farmacéuticas, no creo que estén “equivocadas”. Ellos quizás piensan que con sus arcas llenas de sus ganancias, están eximidos de contraer enfermedades que ellos mismos propician.

Tanto es dañino el plástico, que desde hace rato hay una campaña internacional, para que aquellas personas que todavía calientan sus alimentos en microondas, no los tapen con este material. Y para que desaparezca el plástico ligado a la alimentación y la medicina. En la Unión Europea, hay ahorita una fuerte campaña publicitaria para que desaparezcan los biberones de plástico y volvamos nuevamente al (de) vidrio. A partir de Junio recién pasado quedó prohibida la fabricación de biberones de plásticos y la inclusión del Bifenol (BPA) en los productos relacionados a las comidas.

Muchos de los componentes del plástico y de tantos productos farmacéuticos, agrícolas y alimenticios, tienen componentes ya analizados científicamente que funcionan como disruptores o interruptores endocrinos. Estos disruptores son sustancias que alteran el equilibrio hormonal de los órganos. Así vemos; pérdida del instinto reproductor en humanos y animales, mortandad de algunas especies (de nutrias en ríos de Inglaterra, de focas en el Mar del Norte y de delfines en el Mediterráneo),alteración en las conductas y reproducciones sexuales (águilas nacidas calvas), varones con criptoquidias (no descenso de los testículos, penes pequeños o ausencia del miembro), Hipospadias (cáncer vaginal), cáncer de mamas, abortos, pérdida de la fertilidad y baja calidad en los espermatozoides, disminución de testosterona, disfunción eréctil, pérdida de densidad ósea y malformaciones, masculinización de las hembras y feminización de machos, tanto en animales como en los humanos.

El plástico, sobre todo al calentarse, emite toxinas, dioxinas y quién sabe cuántos  venenos más, que no matan instantáneamente, pero eso no es razón para quedarnos de brazos cruzados y seguirlo consumiendo.

En fin, cuántos padecimientos más nos tocará padecer mientras no asumamos todos y  todas de forma inequívoca que la salud humana está intrínsecamente unida a la salud ambiental. Mientras tanto, les aseguro, que el esfuerzo de cocinar mi propio vaho y disfrutarlo sanamente, bien vale la pena para no darle chance a ninguna de estas posibles enfermedades. ¡El Minsa tiene; la palabra y menudo trabajo!.

*Periodista educativa cultural

lesbiae@hotmail.com