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Las principales tendencias de la globalización llevaron a los estrategas del desarrollo a priorizar las integraciones regionales, para que las naciones pudieran defenderse y competir internacionalmente en los llamados destinos libres del comercio, las finanzas y la economía. Por ello, la integración regional parecen ser una búsqueda de balance entre libertad, intercambio y protección no sólo económica, sino también social, cultural y ambiental para el desarrollo. En este contexto, ¿es una educación para el desarrollo una estrategia necesaria para la integración centroamericana?

En realidad, en la región existe consenso político y social sobre la afirmación de que la educación es factor clave del desarrollo. No obstante, las evidencias muestran marcadas asimetrías de inversiones importantes y bien concebidas. De los montos, solamente Costa Rica, Panamá han superado el 5 por ciento y Honduras se ha estado alrededor del 7 por ciento del PIB para educación básica y media. Prevalecen, sin embargo, sistemas educativos ineficientes que obligan a realizar reinversiones en repeticiones, deserciones y desnivelaciones académicas.

Sin embargo, y esto es aún más importante, los sistemas educativos presentan poca eficacia para articular esfuerzos planificados con los sectores económicos, sociales, culturales y ambientales, que les permitan impactar rápida y acertadamente a los países y la región el capital humano con las competencias necesarias para enfrentar sus retos.

Si la educación es factor clave del desarrollo, y la integración regional se apuntala como necesidad estratégica, entonces las estrategias de desarrollo (sus prioridades, las modificaciones a la estructura productiva y tecnológica, los encadenamientos productivos, sociales, culturales y ambientales), deben tener como base sistemas educativos fuertes, dinámicos y articulados con estas estrategias. Esta visión debe consensuarse en nuestro país y en la región, ya que sólo así se puede lograr sociedades bien educadas que hagan sustentable e integral el desarrollo.

La realidad, no obstante, es que todavía nuestras sociedades continúan presas del círculo vicioso del desarrollo, habiendo una débil articulación de la educación con las estrategias nacionales y regionales del desarrollo. Con ello estamos diciendo que la inversión educativa se debe medir en términos no sólo de éxitos y fracasos académicos, sino principalmente por sus efectos e impactos positivos en la familia, las comunidades, los sectores, y en el comportamiento social, cultural y ambiental nacional y regional.

En nuestra región hay avances en las agendas económicas, sociales y ambientales; pero falta consensuar prioridades estratégicas como bloque, prioridades para las cuales los sistemas educativos pueden ser una plataforma para el desarrollo humano regional.

Fortalecer el sistema educativo regional requiere de los fondos estructurales para reducir las asimetrías, y supone:

1. Que los tomadores de decisiones impulsen una reforma o transformación de los sistemas educativos, para que estos sean movilizadores del desarrollo. Sus planes y evaluaciones articulados con los campos de producción, ciencia, tecnología, salud, nutrición, turismo, medio ambiente, cultura, arte, deportes, valores cívicos y de convivencia humana.

2. Elevar al menos al 7 por ciento del PIB los recursos para educación básica y media y consensuar una estrategia regional de educación para el desarrollo.

3. Formar un perfil para la identidad y el orgullo de ser centroamericano, sin dejar de ser universales, fortaleciendo la cooperación entre países.

4. Fortalecer centros de formación y capacitación regionales, y desarrollar nuevos centros para docentes y estudiantes de los diferentes niveles educativos con excelencia. Que formen Bachilleres, Técnicos y Profesionales Centroamericanos modelos de competencias para el desarrollo regional.

5. Fundar centros regionales del conocimiento que desarrollen estrategias en temas regionales prioritarios, tales como: seguridad alimentaria con base en la agro-industrialización ecológica, modelos productivos encadenados regionalmente, regionalización de diversas formas del turismo, independencia energética con base en la diversificación, comercio centroamericano justo y competitivo, normas del desarrollo regional para la inversión extranjera, entre otros.

6. Evaluar el efecto e impactos de experiencias educativas nacionales puntuales con enfoques relevantes para la vida y el trabajo sobre el mundo real del desarrollo.

Sistematizar y compartir estas experiencias para aleccionar a modalidades, niveles y sistemas educativos en la región.

7. Los programas de educación tecnológica y continua deben capitalizar los programas de capacitación de sectores como salud, nutrición, medioambiente, agropecuario, industrial, turismo, medios de comunicación, mipymes e instituciones de formación ciudadana, entre otros. Estas acciones inciden en cambios importantes en la sociedad centroamericana.

8. Generalizar estrategias de ampliación de servicios sociales básicos (especialmente educación y cuidado infantil), acompañados de ofertas para incorporar fuerza laboral familiar a la producción y el desarrollo. Esto supone alfabetización, incluyendo alfabetización tecnológica y capacitación ocupacional en aspectos productivos y humanos, especialmente en temas que cada país tiene ventajas comparativas.

9. Las líneas de investigación regional entre las diferentes instituciones de educación superior deben estar en estrecha coordinación con instituciones de los diferentes campos del desarrollo, a fin de asegurar la utilización de los resultados y la implementación de los hallazgos.

10. Proponer a la comunidad cooperante programas y proyectos en el marco de una estrategia de educación para el desarrollo centroamericano, de modo que se plantee un horizonte coherente del desarrollo regional.