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Además de historiógrafo y hombre de prensa, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya (1891-1952) escribió dos novelas: Entre dos filos (1927) y El último filibustero (1933). La primera fue elogiada por el periodista conservador Pedro J. Cuadra Ch. Precisamente, éste —quien se gloriaba de haber sido el primero en novelar sobre nuestra vida ordinaria— defendió Entre dos filos de la embestida literaria de los jóvenes vanguardistas argumentando que tenía “mucho de lo nacional por su perspectiva y ambiente, tal como lo entendemos nosotros.” Y agregaba: “Cualesquiera que sean sus defectos como obra de arte, no se puede notar, que tiene pasajes excelentes para cualquier literatura, y Nicaragua ha hecho con ella una magnífica adquisición.”

No en vano, Entre dos filos había tenido alguna recepción tanto en el país como en el extranjero. José Andrés Urtecho, el mismo Pedro J. Cuadra Ch., en El Diario Nicaragüense, Justo Pastor de la Rocha y Azarías H. Pallais figuraban entre los primeros; C. Bayle, la Revista Católica de El Paso, Texas; el guatemalteco Rafael Arévalo Martínez y el español Ángel Dotor entre los segundos. Pallais se refirió a sus personajes, “todos ellos, sin faltar uno, son de tu tierra, de tu raza, de tu lengua, de tu mundo, de tu pueblo, de tu calle, de tu casa, todos ellos entran y salen, y van y vuelven, y se mueven no con la tiesa rigidez de los títeres y maniquíes sino con la espontánea naturalidad de las personas vivas”.

Novela extensa —419 páginas—, Entre dos filos fue escrita en Managua entre marzo de 1924 y agosto de 1925; contiene un “Vocabulario de nicaragüanismos” —27 palabras— y su estructura es simple: lineal y —confirma Nicasio Urbina— “un tanto rudimentaria y simplona”. No obstante, constituía un monumento de literatura vieja y meritorio esfuerzo de la misma. Mejor dicho: un máximo ejemplo de realismo costumbrista. En efecto, Chamorro Zelaya se consagra como “valioso depositario de una Granada que ya no existe, de una ideología recalcitrante y reaccionaria, con un ojo en Cervantes y otro en Pereda”.

Su pluma abarca la evocación idílica de la hacienda patriarcal, el retrato del taller de las imprentas viejas y del dueño oportunista, la descripción de velorios, pleitos sangrientos en las cantinas y fiestas patronales.

El narrador es omnisciente. De ahí que controle los hechos. Se inicia presentando la escuela pública del barrio Palmira de Granada —escenario de la novela— donde la maestra, doña Panfilia Vilches, imparte una cómica lección sobre los elefantes. Ella también es alcahueta y, como tal, recibe una visita de Robustiano Robles, quien le dona cien córdobas según gacetilla del periódico local: La Voz de Granada. Propietario de la hacienda Santa Bárbara, Robles (en quien “tenía más parte la economía rayana en avaricia que la agudeza de su ingenio”) es también abogado y tiene una hija: Angelita. Álvaro Carvajal la pretende, pero Robles se obstina en oponerse a la relación por antiguas rencillas con el padre de Álvaro.

Robustiano, viejo usurero, se enfrenta a Carvajal, joven dueño de la hacienda de cacao San Jacinto, próxima a Nandaime, cuyo mandador Tano Montes, “mozo de veinticinco años, servía a sus patrones con la abnegación y fidelidad de un perro siempre hasta dar la vida por ellos.” Pero antes recurre a su tío, el tendero Manuel Salinas, amigo de Robles, para gestionar que éste abriese las puertas de su casa al sobrino, pero Salinas fracasa debido a la dureza de Robles y a la debilidad de su hija. Entonces Carvajal denuncia a Robles como falso “protector de las jóvenes del pueblo” a quienes seducía y engendrador de un hijo bastardo. Todo ello ocasiona su muerte. Al mes, Álvaro y Angelita contraen matrimonio. Tano Montes imita al patrón: —Pues ay verá usté, patrón… Yo supe que usté se había casado, y entonces yo le dije a ésta: pues, Rosá, nosotros no somos menos; si vos querés nos damos viaje… Y ésta, que es muy resuelta, me dijo: pues, niñó, lo que soy yo estoy lista… y así es que anoche nos echó la bendición el Cura de la Mercé… y aquí estamos para servirles como siempre…

Chamorro Zelaya no sólo capta el ambiente provinciano de la ciudad de Granada en los años veinte, sino que emite una crítica, literariamente rescatable, a la diplomacia del dólar.

Así, en gran parte del capítulo XIX (“Un baile”), caricaturiza hasta el ridículo a su representante, mister J. W. Witless, quien trae un empréstito de doce millones, llamado por otro de lo personajes dos semillones. Señores —empezó el Alcalde […] —Un gran acontecimiento se espera para Granada… mejor dicho para Nicaragua entera… Se trata nada menos que de doce millones de dólares que la gran nación americana, madre desinteresada de la libertad y de los débiles, con abnegación que la eleva de toda bajeza humana, esa amiga y aliada de Nicaragua y de los pueblos pequeños que buscan en ella una madre, envía a nuestra nación, no como regalo ciertamente, que eso sería un insulto para un pueblo digno, sino como generoso auxilio…”.

El último filibustero: visión del patriciado conservador de la intrusión walkerista
En 1933 se publicó la segunda novela de Pedro Joaquín Chamorro Zelaya: El último filibustero. Novela histórica, fue escrita durante diez meses —de enero a octubre de 1929— y consiste en la visión del patriciado conservador de la intrusión de William Walker (1855-57). Doce extensos capítulos y un epílogo —la captura y fusilamiento de Walker en Trujillo, Honduras— la integran.

Como lo confiesa en su “Prólogo”, su autor se empeña en transcribir con fidelidad documentos históricos —como la “Proclama” nacionalista de su abuelo Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, lanzada desde Masaya el 19 de octubre de 1855— y páginas tomadas de obras historiográficas. Por ejemplo, la mayor parte del diálogo del capítulo VIII es, en realidad, “copia de lo que Walker opinó sobre la esclavitud y el método de conquistar a Nicaragua”. El último filibustero está saturada de historiografía.

Con todo, la trama es apreciable a lo largo de sus 537 páginas. Juan Antonio Zavala, hijo de un patricio rural y tradicionalista, la protagoniza desde su regreso de París —donde había sido mandado a estudiar medicina— hasta su matrimonio con Nida Calonje. Los tres son granadinos, de manera que la novela acontece en Granada; pero también en otros espacios, incluyendo la hacienda San Jacinto. Allí se libera la batalla del mismo nombre —ficcionalizándose por primera vez— en la cual Juan Antonio participa con su tutor campesino Lencho, el mismo sirviente familiar que lo había recibido, a su regreso al país, en el puerto lacustre de La Virgen. Lencho lo llevaba a la escuela, lo bañaba y le había enseñado a montar a caballo.

Galante, Juan Antonio había sido llamado con urgencia por su padre Pedro Antonio, enterado éste de su disoluta vida parisiense, para sentar cabeza. Ya en Nicaragua, entra en fuerte interacción con su progenitor. El joven, mientras recorre la ciudad constatando los destrozos dejados por los demoniacos leoneses, conoce a Nida Calonje y se prende de ella. Sucede entonces la toma de Granada por Walker, cuya intervención el granadino considera necesaria; simpatiza pues, con las nuevas costumbres y los cambios que pretendían imponer los filibusteros, pero a medida que se dan los acontecimientos, narrados cronológicamente, evoluciona. El padre de Nida, don Pascual Calonje —un legitimista notable— es encarcelado y Juan Antonio intercede por él ante Walker, fracasando. Calonje logra escapar a Chontales, lo mismo que Miguel de la Reina, prometido de Nida. A Zavala le aparece otro rival, el filibustero Gee Gist, quien rapta a Nida y la envía a la isla de Ometepe antes del incendio.

Gist es capturado por el ejército nicaragüense al mando del general Tomás Martínez. Este ordena a Zavala ejecutar al filibustero. Juan Antonio lo desarma del sable que guardaba ceñido y le hace señas para que lo siga. Cuando ya no pueden ser vistos, le ofrece batirse como caballeros. Gist intenta romper la ley del duelo. Entonces Zavala decide ahorcarlo, tarea que encomienda a Lencho. Y en pocos momentos, Geo Gist refrescaba su cuerpo a la brisa del lago —consigna Chamorro Zelaya— desde un corpulento árbol de mango.

Nida Calonje ya está de regreso en Granada. Pero Juan Antonio Zavala no puede aspirar a ella, dado el compromiso —arreglado entre las respectivas familias— con Miguel de la Reina. Sin embargo, al héroe de la novela le queda libre el camino cuando en la ciudad corre la noticia que Miguel, por trastornos de la mente, se había suicidado en Chontales.

En síntesis, El último filibustero compagina el relato pormenorizado de la guerra nacional antifilibustera con el elemento romántico.

Finalmente, Chamorro Zelaya plantea una tesis en boca del patricio Pedro Antonio Zavala, quien evade tomar parte en la cuestión política: me voy a la agricultura donde también se sirve a la Patria [...] Acaso mejor que en la administración pública. Tengo para mí que el crecido número de aspirantes a los puestos elevados, el pensar solamente en una colocación como medio de resolver el problema privado de la vida, es lo que ha causado tantas guerras y odios en Nicaragua; aquí siempre se ha peleado por el presupuesto, nunca por ideales; por tanto, mientras haya menos necesitados de vivir a costa del Estado, habrá menos trastornadores disfrazados con lindas palabras de libertad, progreso y otras engañifas. Por eso me voy a mi trabajo y recomiendo a todos que hagan lo mismo.