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Recientemente la economía estadounidense se ha desacelerado de forma espectacular y la probabilidad de que haya otra contracción económica aumenta con cada nueva serie de datos. Este es un cambio brusco con respecto a la situación que existía al final del año pasado –y representa el regreso al ritmo muy lento de expansión desde que empezó la recuperación en el verano de 2009.

Durante los primeros tres trimestres de 2010 el crecimiento económico de los Estados Unidos no solo fue lento, sino que también se caracterizó principalmente por la acumulación de existencias y no por las ventas al consumidor u otro tipo de ventas finales. En el último trimestre de 2010 se dio un cambio positivo: el gasto de consumo aumentó a una tasa anual del 4%, lo que fue suficiente para aumentar el PIB real total en 3.1% del tercer trimestre al cuarto. La economía parecía haberse librado de su dependencia de la acumulación de existencias.

Los resultados positivos condujeron a que los expertos y los funcionarios de gobierno predijeran que en 2011 continuaría el crecimiento sólido, con mayor producción, empleo y salarios más elevados, que llevarían a más aumentos del gasto de consumo y a una recuperación autosostenible. Se aprobó una reducción del dos por ciento del impuesto sobre las nóminas durante un año para asegurar este panorama favorable.

Desafortunadamente, la recuperación prevista del gasto de consumo no ocurrió. El aumento de los precios de los alimentos y la energía fue mayor que el de los salarios nominales, lo que provocó que los ingresos semanales medios reales disminuyeran en enero, mientras que la caída sostenida de los precios inmobiliarios redujo la riqueza de la mayoría de las familias. Como resultado, los gastos de consumo personales reales aumentaron a una tasa anual de apenas alrededor del

1% en enero, en comparación con el aumento del 4% del trimestre anterior.
Ese patrón de aumento de los precios y disminución de los ingresos reales se repitió en febrero y marzo, y el brusco aumento del índice de precios al consumidor provocó que los ingresos semanales medios reales cayeran a una tasa anual de más del 5%. No es de sorprender que los indicadores en las encuestas de opinión sobre el consumo se hayan desplomado y que el gasto de consumo haya permanecido caso sin cambios mes con mes.

La caída de los precios inmobiliarios deprimió las ventas, tanto de las casas nuevas como de las ya existentes. Eso a su vez causó una fuerte caída en el volumen de construcción de viviendas nuevas. Lo más probable es que esa caída continúe, porque el valor de las hipotecas del 30% de las casas es superior al valor de las casas mismas. Esto crea un fuerte incentivo para el impago, ya que las hipotecas en Estados Unidos son efectivamente préstamos de reembolso limitado: el acreedor puede apropiarse del bien si el deudor no paga, pero no puede exigir otros activos o una parte de los ingresos salariales. Como resultado, el 10% de las hipotecas están en impago o ejecución, lo que crea un excedente de propiedades que tendrán que venderse a precios reducidos.

Las empresas han respondido negativamente a la debilidad de la demanda de los hogares. Los índices del Institute of Supply Management han caído tanto en el caso de las empresas manufactureras como en el de las de servicios. Si bien las empresas grandes siguen teniendo cantidades sustanciales de efectivo en sus hojas de balance, sus flujos de efectivo de las operaciones corrientes disminuyeron en el primer trimestre. La medida más reciente de las órdenes de bienes de capital no destinados a la defensa indicó una disminución en la inversión de las empresas.

El patrón de debilidad se aceleró en abril y mayo. El aumento relativamente rápido de empleo en nómina que se dio en los primeros cuatro meses del año se detuvo en mayo, cuando solo se crearon 54,000 empleos nuevos, menos de la tercera parte del promedio de crecimiento del empleo de los primeros cuatro meses. Como resultado, la tasa de desempleo se elevó al 9.1% de la fuerza laboral.

El mercado de bonos y los precios de las acciones han respondido a estas malas noticias de forma predecible. La tasa de interés de los bonos gubernamentales a 10 años cayó al 3% y el mercado de valores bajó durante seis semanas seguidas, el período de tendencia a la baja más prolongado desde 2002. La caída acumulativa de los precios de las acciones fue de más del 6%. Los precios bajos de las acciones ahora tendrán efectos negativos sobre el gasto de consumo y la inversión de las empresas.

No puede esperarse que las políticas monetarias y fiscales reviertan la situación. La Reserva Federal de los Estados Unidos seguirá aplicando su política de mantener la tasa de interés a un día cerca de cero, pero, debido al temor de que surjan burbujas de precios de los activos, no revocará su decisión de poner fin a su política de comprar bonos de la Tesorería –la llamada facilitación cuantitativa—a finales de junio.

Además, la política fiscal será en efecto contradictoria en los próximos meses. El programa de estímulo fiscal aprobado en 2009 está llegando a su fin, y el gasto de estímulo ha disminuido de 400 mil millones de dólares en 2010 a apenas 137 mil millones este año. Además, se están llevando a cabo negociaciones para recortar más el gasto y aumentar los impuestos a fin de reducir los déficits fiscales previstos para 2011 y los años siguientes.

Así pues, el panorama a corto plazo para la economía de los Estados Unidos es frágil en el mejor de los casos. Los cambios fundamentales de política quizá tendrán que esperar hasta después de las elecciones presidenciales y parlamentarias de noviembre de 2012.

Martin Feldstein, profesor de Economía de la Universidad de Harvard, fue presidente del Consejo de Asesores Económicos del Presidente Ronald Reagan, y presidente de la Oficina Nacional de Investigación Económica

Copyright: Project Syndicate, 2011
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