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Es sorprendente como la cultura política nicaragüense continúa alimentándose de falsas expectativas y de la ingenua idea que un día de tantos nos caerá del cielo la solución a los problemas del país. Ciertamente los milagros existen y la fe los respalda, pero también la magia o mejor dicho la ilusión óptica es vendida por los magos de un circo. Por desgracia, el cuento de nuestro flamante presidente de un posible pago de una indemnización multimillonaria por una condena de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el año 1986 es más parecido al acto de magia que se vende bajo una carpa de circo.

La insistencia de querer revivir constantemente nuestro pasado nos atormenta como sociedad, pero a la vez les permite a políticos del siglo pasado mantenerse con vida, ese sin duda es el caso que estamos viendo hoy en día en los medios de comunicación. La improbable ejecución de la sentencia condenatoria de la CIJ por una demanda interpuesta por el Estado de Nicaragua durante los años ochenta contra los Estados Unidos de América, por la intervención de este último país en el conflicto interno, en mi criterio, sólo alimenta un debate histórico sin valor trascendental, aunque he de reconocer que podría dar lugar como jurisprudencia para que un gobierno nicaragüense, por supuesto ideológicamente contrario al sandinismo, pudiera entablar una demanda contra la extinta Unión Soviética, ahora Rusia, por su injerencia financiera y militar durante ese mismo conflicto bélico. Para cualquier analista medianamente objetivo no es un secreto que Nicaragua y los nicaragüenses fuimos víctimas de la guerra fría entre estas dos potencias extranjeras, que jugaban con los países que se lo permitían en un gran tablero internacional.

Entonces, bien dice el dicho popular “lo que es bueno para el ganso es bueno para la gansa”, imagínense lo que pudiéramos hacer con el pago de esa indemnización multimillonaria si nos la llegara a pagar el gobierno norteamericano o mejor aún sumándole una cantidad similar que por analogía y equidad debiera imponérsele a Rusia también, ciertamente imaginárselo solo es parecido a soñar despierto, esas pintorescas fantasías mejor se las dejo a nuestro presidente, que si en algo es bueno es en construir castillos en el aire.  

Para mí, escuchar hablar de las astronómicas cifras en dólares que implicaría un supuesto pago de indemnización, solo es comparable con la historia del tío rico, es decir de aquel familiar que ni tan siquiera conocemos, pero que un día de tantos muriendo en el anonimato nos deja una maravillosa herencia que vendría a solucionarnos todos nuestros problemas y deudas. Por desgracia, todavía es parte de nuestra idiosincrasia darle crédito a este tipo de guiones novelescos. Sin embargo, es oportuno insistir que es indispensable que como sociedad superemos los engaños y delirios colectivos y nos demos cuenta de una vez por todas que no hay otra forma de salir de la pobreza y de nuestras deudas que trabajando y generando riqueza; y que es mejor un camino real aunque difícil, que uno imaginario que al final frustra y estanca.

La idea del “gran hermano” que no solo se replica en la relación Estado-ciudadano sino también Comunidad Internacional-Estado debe ir superándose y dando lugar a un concepto y acción propositiva que trate de potenciar nuestros recursos naturales a través del ecoturismo y nuestros recursos humanos mediante la educación de calidad.

Evidentemente, Costa Rica no necesitó de una indemnización multimillonaria para hoy por hoy estar a la vanguardia de Centroamérica o mejor aún logró desarrollar una madurez política y social que les evitó enfrentarse en una guerra fratricida como la que vivimos en los años ochenta, que continúa significando un lastre social y económico que nos hace ver creíbles y esperanzadores estos cuentos del “tío rico”. Proponiendo otro ejemplo, pero con similar situación postguerra, es el caso de Vietnam, que actualmente representa uno de los países con más rápido crecimiento económico del sudeste asiático, logrando con mucho esfuerzo, pero sin mayor apoyo multimillonario, levantarse de las cenizas dejadas por una terrible guerra.  

Desde mi punto de vista, nuestro país requiere reconfigurar su visión y misión de nación y con ello una nueva y mejor relación con la Comunicad Internacional en la que logremos ser productivos y competitivos en lugar de asistidos; en el que seamos un pueblo educado y de tradiciones, pero no ilusos que nos dejemos engañar con “cuentos chinos”; en el que reconozcamos que la única forma de salir de la pobreza es con el trabajo duro y honrado y no con milagrosas herencias de tíos que ni conocemos o por el azar de loterías. Estoy consciente que esta nueva visión y misión no puede construirse unipersonalmente  sino más bien colectivamente, en la que incluso podrían  participar en su construcción los actuales actores políticos, pero que sin duda alguna no deberían dirigir ese proceso los líderes obsoletos y desfasados que nos ha heredado el siglo pasado y que pretenden trazar el futuro con los mismos métodos y cosmovisión del pasado. Otras nociones, bien sean lejanas como la socialista Vietnam o cercanas como la capitalista Costa Rica ya lo están logrado y están mejor que nosotros, la evidencia de lo que hace la diferencia entre el progreso y el estancamiento es clara y contundente y las nuevas generaciones son las llamadas a asumir este reto transformador.

*Máster en Estudios Políticos Aplicados