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Desde que los golpistas  militares  chilenos asesinaran atrozmente al cantautor  Víctor Jara el 11 de septiembre de 1973, luego de fracturarle los dedos para que nunca volviera a tocar las cuerdas de la guitarra, en toda la América no se había dado un hecho de tan negras magnitudes, hasta la muerte reciente del cantante, poeta y  mensajero de la paz, Facundo Cabral.

La América llora la muerte violenta en la ciudad de Guatemala, de quien no solo fue cantante de música de protesta social sino también del cantante del amor, de la vida, de la solidaridad, de quien hizo de su vida un largo peregrinar en pro de la no violencia, en pro de la paz. De aquel que nos enseñó que no hay fronteras entre los países, que no somos de aquí ni somos de allá.

Cabral fue un artista que nunca se acomodó a ninguna dictadura,  no se acomodó al sistema como muchos lo han hecho con sus actos o con su silencio. Hizo de la sátira política que entremezclaba con sus canciones un látigo con el que golpeaba  el lomo de las injusticias y de los tiranos, por eso es que tuvo que exiliarse en  México cuando se estableció la junta militar que en Argentina gobernó desde 1976 hasta 1983,  después regresaría Cabral revestido como profeta  a su tierra cuando se restableció la democracia en 1984. Es interesante mencionar que las  razones  por las que tiene que exiliarse Facundo Cabral en México son las mismas razones por la cual muchos ciudadanos tienen que exiliarse de otros países, como Cuba y de otros en los cuales  aunque no se evidencie un exilio masivo los ciudadanos que se quedan son ciudadanos socialmente excluidos, marginados socialmente y defenestrados políticamente, por lo que también se convierten en exiliados en su propia tierra. Estos países que practican el autoritarismo son los mismos países que hoy,  revestidos de la más llana hipocresía, saltan a la vanguardia de los homenajes rendidos por motivo de la muerte de Cabral, cómo puede por ejemplo Silvio Rodríguez rendir homenaje a Cabral cuando él es un artista acomodado al sistema dictatorial de los Castro en Cuba, son cosas incomprensibles como cuando ciertos escritores escapistas y conservadores en Nicaragua y con insensibilidad social se pusieron a recitar versos de Miguel Hernández.   

Cuando en Argentina asume la junta militar mencionada que nombra como presidente de facto al  teniente General Jorge Rafael Videla, se desata sobre el pueblo argentino una de las más  sangrientas y temibles represiones, se destruyeron  todas las  formas  de participación popular, se reprimieron  las agrupaciones democráticas hasta su extinción, los sindicatos fueron abolidos, se estableció un terrorismo de Estado que aplacó la voz de los disidentes y que conllevó a la persecución y desaparición de miles de estudiantes, sindicalistas, intelectuales y profesionales y miles de argentinos, entre ellos Facundo Cabral por su música de protesta social fueron empujados al exilio.

Con la evolución del tiempo, los nuevos dictadores, los nuevos tiranos de izquierdas y derechas, se han refinado, ya no desaparecen por lo menos en grandes cantidades, ya no despellejan ni llenan los estadios de futuros desaparecidos, ahora por lo menos dejan jugar en ellos futbol o beisbol, estos son los dictadores astutos, refinados, que utilizan el miedo con precisión quirúrgica para no despertar del profundo sueño a los ciudadanos que muchas veces cínicamente prefieren no enterarse de lo que les sucede a sus compatriotas y hasta a ellos mismos.

Cabral fue un cantautor valiente, él mismo lo decía cuando reprochando la indiferencia de la sociedad  mencionaba que no quería saber nada del medio, porque ‟los hombres valientes en este mundo mediocre no tienen cabida”. Prefería evitar la comunicación con “gente insensible” que ‟ha suplantado los templos por la discoteca o a Dios por el  dinero”.

Por eso no fue un cantante de comerciales ni de Spot publicitarios, y por esas razones casi siempre se presentaba solo en los escenarios, personas como él debieron haber nacido en otra época, porque fue un extemporáneo de su tiempo, porque como leí hace mucho en un ensayo de Gasset, ‟para flotar en esta que vivimos es imprescindible tener mal corazón, buen estómago y un buen cheque en el bolsillo”.   

Sin duda alguna, Facundo Cabral  nos  dejó no solo un legado  musical irreemplazable sino también una filosofía de vida de sus constantes lecturas sobre Jesús, Gandhi, Borges y  Whalt Whitman a quienes consideraba sus verdaderos maestros espirituales y  cuyas enseñanzas a lo largo de su vida sembró en más de 150 países que visitó.

Lobo solitario, errante peregrino de la paz, marcado por sus años difíciles de estrechez económica en su niñez y adolescencia en muchas ocasiones se sintió postergado, “nadie ha comprendido mi soledad de animal acorralado por el fuego”

“He llegado a la conclusión de que un tipo que piensa es peligroso en esta sociedad, no sólo para los dictadores sino también para los demócratas”, decía.

Facundo Cabral fue cantor y poeta de la existencia que siempre buscó sus rimas en los crepúsculos de un mundo inaudito, ahora el poeta descansa, sueña y canta.

Bendita la voz que no se apaga.