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“… el poder enferma, te divide con tus hermanos de Fe ,aumenta la arrogancia humana, te rodea de serviles y aparta a los verdaderos amigos. ¡Cuántos de nosotros éramos buenos amigos!, compartíamos cosas de la vida de Fe y la política nos ha dividido, los que alcanzaron el poder nunca volvieron a las reuniones pastorales, cuesta que contesten una llamada telefónica…”    
Pastor Eduardo Gutiérrez

Del poder no emanan las virtudes o los defectos, sino lo que abunda en el corazón del hombre. El poder es un espejo que reproduce con fidelidad a la persona y exhibe su grandeza o su mediocridad: ejemplo del primer caso en el solar vecino es don Pepe Figueres y en nuestro patio la estirpe de Anastasio Somoza García. Democracia o Dictadura. Cada quien tuvo hijos políticos y por las pintas se conoce al tigre y más al zorro por las mañas…  

La Palabra de Dios dice que no es lo que entra lo que contamina, sino todo lo que sale del corazón:  “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”. (Marcos 7:21-23)

Los religiosos actuales sólo hacen énfasis en el adulterio, la borrachera, la fornicación y la brujería. Pero omiten lo principal del exhorto evangélico que está en consonancia con el Antiguo Testamento: la justicia. Reducen el Evangelio a una simple normativa moral y como advirtió Jesucristo: cuelan el mosquito y se tragan el camello.

Si vemos desde los años 90, se pasó de un régimen verticalista a una dictadura del mercado con sus atroces planes de ajustes y la charanga con los bienes del Estado, pasando por encima de la Constitución. Por desgracia, los gobiernos que se sucedieron hasta hoy ocupan de “materia prima” precisamente las actitudes que Jesús nos llama a cuidarnos de no cometer: los hurtos (desde las arcas del Estado hasta los votos), las avaricias (sed de poder a cualquier costo), las maldades (idem), el engaño (florecen en tiempos electorales), las desvergüenzas (son muchas, como diputados que cambian de partido según el calibre del cañonazo), el ojo maligno ( las explicaciones están de más) , las injurias, la soberbia, la insensatez.

Lejos de miserias humanas
Debemos entender que no es del poder de donde salen los malos pensamientos y la soberbia. En la historia sabemos que José, Moisés, David  y Daniel, por ejemplo, estuvieron en eminencia, pero su visión y actitud, reflejo de lo que Dios había labrado en sus corazones, los mantuvo alejados de las miserias humanas.

Un carro es moralmente neutro. Si un irresponsable toma licor y luego lo va a manejar, va a exponer muchas vidas al peligro.  Un machete le sirve a un obrero agrícola para sus labores del campo, pero un tipo de mal corazón puede hacer de un instrumento de trabajo un arma mortal. Por eso, no podemos justificar las conductas de algunos, atribuyéndoles al carro, machete o poder: maldades o bondades, atrocidades o misericordias.  Abraham Lincoln fue un excelente Presidente. En nuestro país, Bartolomé Martínez es ejemplo de honorabilidad. Pasó por el poder y el poder no se fue con él.

Tiene razón el pastor Eduardo Gutiérrez, cuando dice que en el poder, sobran los serviles, pero un verdadero cristiano sabe cómo actuar. Si en el poder, sea diputado o alto funcionario público, alienta y se siente halagado por los aduladores, es porque simplemente nunca había tenido la oportunidad de “disfrutar” de su propia corte de incondicionales. A veces ni siquiera ha habido necesidad de que un supuesto líder evangélico se lance a la política, para demostrar lo que en realidad es, cuando sigue herejías como:  “pacte” 20 dólares para que el Señor le devuelva al ciento por ciento.

Por otra parte, no es muy bíblico aquello de que se debe orar por “las autoridades que están en eminencia” de manera indiscriminada, porque los textos referidos revelan una norma: se refiere a funcionarios probos “para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad”, dice Pablo a Timoteo y se extiende en Romanos 13.

El Reino de Dios nada tiene que ver con las injustas estructuras opresivas, con la negación de la justicia, con el cohecho, tampoco es identificable con la prevaricación. “Mi reino no es de este mundo” es precisamente lo que hace la diferencia con la concepción egoísta de que los gobiernos son para aprovecharse de los pueblos, donde unos pocos se consideran los iluminados, los “puestos por Dios” para poner vidas, libertades públicas, Estado de derecho y los intereses nacionales al servicio de la vanidad.    

Constantinización
La Iglesia Protestante fue un agente de cambio, de progreso, de desarrollo de las fuerzas productivas, motor de las sociedades europeas, sacando a los pueblos de la Edad Media. Las tesis de una sola escritura y el libre examen abrieron las puertas del mundo moderno y por supuesto, gracias a esa visión, con el tiempo, la Democracia fue uno de sus principales legados.

Hoy, la Iglesia, al menos en Nicaragua, en vez de potenciar los cambios y ser referente de un nuevo tipo de sociedad, parte de su liderazgo se coloca en contra del desarrollo de la historia nicaragüense, mientras la Iglesia Católica asume el rol profético que parte de los líderes de “los hermanos separados” desprecian por sacar ventajas temporales de la constantinización, entreteniendo a la gente con su farándula religiosa, donde el más malvado a combatir es el brujo del Oriental, el fornicario y el picadito de la esquina.

Y mientras esto tristemente ocurre, un “apóstol de la prosperidad” dijo que lo llamaron de una casa importadora de vehículos japoneses después de “haber pactado con Dios”. “Alguien” le había pagado una camioneta de paquete. Cualquier parecido con Don Francisco el de “Sábados Gigantes” es más que una impura coincidencia.

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