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Las religiones, como la mayoría de los quehaceres humanos, normalmente contienen tanto aspectos positivos como negativos. No matar, amar al prójimo, etc., son preceptos positivos que comparte la mayoría de los humanos, sean éstos religiosos o no. Sin embargo, hay aspectos negativos de las creencias religiosas que resultan invisibles para las personas que profesan dichas creencias, a pesar de que los mismos serían percibidos como claramente negativos por esas mismas personas, si los observaran en otros ámbitos de la vida, fuera de su fe religiosa. Me referiré a algunos de ellos, y mencionaré  ejemplos.

La Culpa:
A nadie se le ocurre que se pueda declarar culpable a alguien por una falta en la que no ha participado y sobre la que no ha tenido ninguna influencia. Sin embargo, se considera que todos tenemos un pecado original; es decir, que somos culpables de algo sólo por pertenecer a la especie humana. Esto es visto como algo normal.
Ninguna corte condenaría por ningún crimen a los descendientes del criminal, porque la culpa no es hereditaria; sin embargo, se supone que todos somos culpables de una falta cometida en el paraíso, por nuestros más remotos antepasados.
Cualquier psiquiatra moderno sabe que la masturbación no sólo es natural sino que normalmente es algo positivo, además de ser practicada en algún momento por virtualmente la totalidad de la población. A ningún psicólogo se le ocurriría culpar a un paciente que le haya “confesado” que se masturba; sería un incompetente. Sin embargo, un creyente tiene que confesar ese pecado, y eso es visto como normal.

El Miedo:
Ninguna corte condenaría a nadie a sufrir torturas incesantes de por vida, sin importar cuán horrendo haya sido su crimen. Todo el mundo consideraría injusta e inhumana semejante sentencia. Ningún padre amoroso sería capaz de torturar a su hijo, digamos durante un mes, como castigo, independientemente de la gravedad de la falta por él cometida. Sin embargo, se ve como normal que exista el infierno, con sus eternos suplicios,  a pesar de la existencia de un padre todopoderoso, benevolente y amoroso. Algunos creen que ciertos humanos se merecen tan cruel castigo por nimiedades como no tener la fe que ellos profesan, pese a la falta de evidencias que soporten dicha fe. Este miedo, aunado a la culpa, representa una pesada carga psicológica para las personas.

La Superstición y la Mitología:
Fuera del ámbito religioso, cualquier evento sobrenatural, si ocurriera, sería titular de primera plana en todos los periódicos del mundo. Si se observara alguna ocurrencia que violara los principios subyacentes en las teorías científicas modernas, inmediatamente dicho suceso sería sujeto de un intenso escrutinio científico a nivel mundial, se realizarían extensos estudios sobre el asunto, los hallazgos se publicarían en prestigiosas revistas científicas, nuevas teorías sustituirían a las antiguas, etc. Es decir, para afirmaciones extraordinarias todo el mundo pediría evidencias y pruebas, también extraordinarias. Sin embargo, dentro del ámbito religioso fácilmente se cree en eventos sobrenaturales de todo tipo, sin que exista evidencia alguna de ellos; si existieran tales evidencias, sería muy fácil someterlas al tipo de escrutinio que describí arriba, y habría consenso mundial sobre la ocurrencia de tales eventos. Todos diríamos que es cierto, como decimos que es cierto que los aviones vuelan.
Cualquier cristiano ve como fantasía que Mahoma haya subido al cielo sobre un corcel alado, o que Ganesha tenga la cara de elefante; pero no se detiene a pensar que los milagros cristianos son de la misma naturaleza y que éstos les parecen fantasiosos a cerca de setenta por ciento  de la población mundial; es decir, a quienes no son cristianos.

Si alguien atribulado por problemas emocionales visitara al psiquiatra, y éste le diagnosticara que tiene un demonio adentro, el paciente se sentiría estafado. Sin embargo, un obispo puede afirmar que hay demonios que sólo son derrotados por medio de la oración, y nadie lo encuentra raro.

La superstición y la mitología religiosas con frecuencia han sido la causa de grandes injusticias. Quienes creen en ellas, si están en una posición de poder, muchas veces violan los derechos humanos de quienes no lo hacen; en siglos anteriores este fenómeno fue más acusado. Estas creencias también han sido causa de atraso, ya que el statu quo religioso históricamente ha impedido, con violencia y crueldad muchas veces, el desarrollo de ideas que han sido ciertas, pero que se han opuesto a la mitología religiosa dominante.
El Sufrimiento:

Fuera del ámbito religioso, una persona que se cause sufrimiento a sí misma sería considerada como masoquista y enviada a tratamiento psiquiátrico. Nadie pensaría que los sufrimientos del masoquista tienen alguna utilidad. Sin embargo, algunas religiones atribuyen algún efecto salvífico al sufrimiento, y esto es visto como normal.

Si se dotara a un empresario de todo el poder, los recursos y la autoridad para organizar una empresa, nadie esperaría que el sufrimiento formara parte de ella.

Si este empresario incluyera entre sus planes el sufrimiento humano o animal, sería fuertemente censurado  por todo el mundo. Sin embargo, se ve como normal que un dios omnipotente haya creado un planeta en el que no se puede sobrevivir sin sufrimiento; si el gato no mata al ratón, se muere de hambre; lo mismo le sucede al pájaro con los insectos. ¿Es que no podía un ser todopoderoso evitar esto? ¿No podía evitar que fueran muchos los llamados y pocos los elegidos, sabiendo que a los no elegidos les espera algo horrible y eterno? ¿Tenía ese Dios que limpiar nuestra culpa original, en la que no tuvimos nada que ver, con tan espantosos sufrimientos de su hijo encarnado? Sólo dentro del ámbito religioso puede esto ser visto como normal.

¿Por qué ocurre esto? A nivel individual ocurre porque las personas son adoctrinadas en su más temprana edad, cuando el cerebro está en formación y cuando los condicionamientos son casi imborrables. A esto hay que agregarle que el adoctrinamiento es impartido por las personas más importantes para el infante: los padres (quienes son infalibles y tienen todas las respuestas, según el niño pequeño), los familiares, los profesores, etc. Para rematar, el adoctrinado considera, porque así se lo inculcaron, que lo que está en juego es la eternidad, ni más ni menos; con eso no se juega, así que “es mejor hacer caso y no ponerle mucha mente al asunto”. Un enérgico proselitismo religioso y frecuentes ritos de todo tipo se encargan de reforzar el condicionamiento religioso.
El fenómeno religioso también tiene explicación a nivel de la humanidad entera.

Varias disciplinas se ocupan del asunto. Sobresale la neurociencia, la que recientemente ha realizado importantes avances en este campo, gracias a la nueva tecnología que permite ver el cerebro en acción. Este tema, sin embargo, ya no cabe en este artículo.

pedrocuadra56@yahoo.com.mx