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Después de que se derrumbó el sistema soviético en 1991 y el FSLN fue derrotado en las elecciones de 1990, los que apoyaron el proceso revolucionario en los años ochenta tomaron diversas posiciones. Por una serie de razones, a las que no me voy a referir aquí, unos abandonaron la izquierda completamente y se pasaron a la derecha. Un segundo grupo, la minoría, consideró que el sistema socialista de Estado funcionaba más o menos bien, y que los ataques del imperialismo o los errores de Gorbachov habían ocasionado el colapso del sistema.  

La mayoría, sin embargo, decidió que había que reimaginar y rediseñar el proyecto revolucionario. En este campo hay muchos grupos y no hay una causa que los una a todos, por lo cual es difícil clasificarlos en un artículo de opinión. Lo que sí se sabe es que en estos grupos los ideales de la revolución no se murieron, y se puede decir que, a pesar de su atomización, la revolución vive. Es decir, la izquierda vive.

Pero, ¿qué es la izquierda? ¿Vale la pena usar las clasificaciones de izquierda y derecha? No es fácil responder a estas preguntas. Comenzando con la segunda pregunta se puede responder diciendo que esas clasificaciones se van a seguir usando porque, en los países capitalistas, de alguna manera los científicos sociales, analistas y comentaristas van a querer distinguir entre los grupos que buscan un cambio y los que apoyan el status quo.

Ahora, ¿qué es la izquierda? Esta varía dependiendo del país o región y también de la época. Sin embargo, si uno se abstrae, uno puede ver que la izquierda siempre ha luchado contra la explotación y la opresión. Hay, obviamente, diferencias entre los grupos de la izquierda pero cada grupo está luchando por lo que considera justo.

Estas diferencias existen porque en cada país hay una realidad diferente y también porque la realidad social cambia, y la izquierda trata de adaptarse a esas condiciones.  Por eso la izquierda antes de Marx fue diferente a lo que fue la izquierda después de Marx, y la de Marx fue diferente a la de Lenin, y la izquierda del marxismo crítico de los países desarrollados, cuando la Unión Soviética existía, fue diferente a la izquierda leninista o maoísta que fue hegemónica en los países subdesarrollados. No es de extrañarse que haya división en la izquierda actual.

Desde el principio, la izquierda la constituían varios sectores. En la Asamblea Nacional de Francia durante la Revolución Francesa, el Tercer Estado, que se sentaba a la izquierda del Presidente de la Asamblea, incluía a los que no tenían privilegios, entre los que estaba la naciente burguesía. El clero y la nobleza se sentaban a la derecha. De ahí los nombres de izquierda y derecha. Pero aun esa izquierda estaba en contra de los privilegios de la nobleza y a favor de los intereses de los menos poderosos. En esa época, estaba a favor de eliminar privilegios y establecer una república, con sufragio universal, respeto a los derechos humanos y a la libertad de expresión, organización y movilización.

Más tarde, con el advenimiento de la democracia liberal y el capitalismo, la izquierda comenzó a luchar contra la explotación y la opresión, mientras que la derecha se convirtió en defensora del nuevo status quo. Por ejemplo, en lo económico, la derecha, en nombre del crecimiento económico, se dedicó a defender el capitalismo, aunque produjera grandes desigualdades sociales, mientras que la izquierda luchó por una distribución más equitativa del ingreso y la riqueza. Esta sigue siendo una de las diferencias más grandes entre la izquierda y la derecha.

Pero la izquierda no es sólo sobre economía -esto sería economicismo-, sino también sobre aspectos políticos y culturales. Por ejemplo, la izquierda está en contra de la opresión a la mujer, mientras que la derecha no le da importancia a esta reivindicación, manteniendo efectivamente el status quo. La izquierda también está en contra de toda opresión, incluyendo la opresión de las naciones, o sea, el imperialismo, y a favor de la protección del medio ambiente.

En otras palabras, la izquierda la constituyen los socialistas (de varias tendencias), y la mayoría de las feministas, los ambientalistas, y los que luchan contra el racismo, la homofobia, el etnocentrismo y la xenofobia, y hasta algunos sectores de la social democracia (la mayoría de los social demócratas son de centro y tienden a capitular fácilmente frente a los poderosos). En Nicaragua, muchas de las organizaciones de la sociedad civil y los individuos que trabajan por las causas mencionadas anteriormente son de izquierda.

Pero, ¿eso es todo lo que significa ser de izquierda? ¿Se puede ser izquierdista y corrupto? ¿Puede alguien enriquecerse aprovechando las redes sociales en el gobierno de un país pobre y ser de izquierda? La respuesta es no. Es como que alguien diga que es feminista y golpee a su esposa.  

La diferencia entre la izquierda y la derecha también es moral. La derecha y la izquierda tienen sus propias versiones de cuál es la sociedad ideal y de cómo debe comportarse el individuo en esa sociedad. Para que la sociedad soñada por la izquierda sea una realidad los individuos deben internalizar los valores de esa nueva sociedad. El sujeto de esta sociedad es el hombre nuevo del que hablaba el Che, el ser humano que piensa en el bien común, que no es egoísta. Ser de izquierda no se refiere sólo a favorecer a los oprimidos y explotados, a apoyar causas y políticas económicas de izquierda, sino también a una actitud y a un comportamiento frente a la corrupción, el culto a la personalidad y el enriquecimiento personal a expensas del bien común. Alguien de derecha puede decidir si está en contra de ellas -esa es una virtud individual-, pero uno de izquierda tiene que estar contra ellas. No se puede construir un sistema justo con individuos injustos. Conciencia y comportamiento deben ir de la mano para asegurar la irreversibilidad del cambio.

Por eso, la izquierda pensante siempre ha puesto la moralidad revolucionaria como una condición indispensable para organizar la nueva sociedad.  Si bien es cierto que Marx no escribió mucho sobre este tema, también es cierto que asumía la honestidad del individuo. En “La guerra civil en Francia” Marx condenó la deshonestidad de Thiers y Favre (enemigos de la Comuna de París, el primer gobierno del proletariado en el mundo) y ensalzó a los dirigentes de la Comuna por su honestidad. En el caso latinoamericano y nicaragüense, los ejemplos de Sandino, Che, y Carlos Fonseca han corroborado el lugar del comportamiento personal entre las virtudes revolucionarias.

Y este es uno de los debates que está en el centro de la izquierda nicaragüense. En Nicaragua, dado que un sector de los que apoyó el proceso revolucionario se separó del FSLN, hay todo un debate entre la izquierda sobre cuál es la verdadera izquierda.

La prueba está en la práctica. A todas las fuerzas políticas, incluyendo al FSLN, se les puede evaluar usando más o menos estos criterios. Para saber si una organización es de izquierda o no, sólo hay que preguntarse si favorece a los sectores populares, si no está creando una clase privilegiada, si no está promoviendo o tolerando la corrupción, si está a favor de la protección del medio ambiente, si ha diseñado políticas públicas a favor de los grupos oprimidos, si los miembros del partido u organización tienen un comportamiento acorde con los principios de la izquierda.

No todos los que se golpeen el pecho entrarán al reino de la izquierda.

*Poeta y sociólogo costeño.