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Las canciones que utiliza la familia Ortega Murillo para propagandizarse, es decir, para su publicidad, para la proyección de una imagen ideal del presidente Daniel Ortega y de la todopoderosa Secretaria de Comunicación, Rosario Murillo, son alegres y pegajosas, pero, sobre todo, contradictorias y erráticas.

Me gusta el ritmo movido, alegre y juvenil, de la canción de campaña –tenía que ser de los geniales Beatles, aunque les nieguen el crédito--. La escuché el día de su estreno, transmitida por Radio La Primerísimo, apenas minutos antes de que el colega Abel Calero, visiblemente conmovido, diera a conocer el fallecimiento del luchador por los derechos humanos, Bayardo Izabá, Director Ejecutivo del Cendih.

Entre  la alegría que me inspiró la música pude escuchar la letra, y me llamó la atención de una manera especial, que se mencionaran  los principios de la Revolución Francesa (1789), libertad, fraternidad e igualdad, palabras llenas de contenido esencial y significativo. Quizás solo haya dos palabras iguales de maravillosas: amor, o, mamá, casi lo mismo, pero diferente.

Libertad, fraternidad e igualdad, las banderas enarboladas contra el agonizante absolutismo hace 222 años, siguen teniendo plena vigencia, ¿por qué no ponerlas entonces en una canción de campaña electoral? Pero creo que le quedan muy grandes al Frente, tanto, que no puede con ellas; es decir, la naturaleza autoritaria de la familia Ortega-Murillo y de su grupo de poder les impide contribuir a que se haga realidad el hermoso contenido de estos tres términos indisolublemente asociados, porque uno sin el otro, no son posibles.

No pueden garantizarle libertad, fraternidad e igualdad a Nicaragua, personas que, por ejemplo, desde el poder violan la Constitución y las leyes, que envían fuerzas de choque a reprimir a manifestantes que piensan diferente a ellos, que controlan todos los poderes del Estado, que han hecho hasta lo imposible por profundizar su influencia en el Ejército y la Policía para convertirlos, como hizo Somoza, en organizaciones, no al servicio de la Constitución y del pueblo, sino de la familia gobernante.

Con esas tres hermosas palabras fue aplastado el absolutismo y nació la burguesía, lo cual marca un complejo contraste paradójico con la actual situación de Nicaragua, pues la pareja gobernante, envuelta en un manto mítico-mágico-religioso, da vueltas a las tuercas, aumenta su control y cada vez aparece más nítidamente como absolutista.

El presidente Daniel Ortega, con su autoritarismo, nos ha dicho constantemente, “El Estado soy yo”, es decir, lo que fue derrotado en Francia; pero eso sí, dentro de su absolutismo, al mismo tiempo se consolida como propietario de bienes cuantiosos, con lo que ingresa a una nueva clase burguesa y oligarca, como en su momento hicieron Somoza y luego Arnoldo Alemán. Es como una burla a la historia o como un retorcimiento de una etapa del desarrollo social de la humanidad, como una avería en el tiempo. También parece una caricatura, un rostro tumefacto y deformado detrás de un cristal empañado.

La pareja absolutista toma los tres principios esenciales para la construcción de la democracia republicana, pero solo como parte de un discurso que encubre su naturaleza opresiva, su aversión a la diversidad, su intolerancia, su rechazo a la crítica, su afán de controlarlo todo, porque más bien en sus cuatro años de gobierno ha estado desmantelando los avances institucionales que hubo en los últimos 20 años. Más bien la libertad está amenazada, el bien más precioso que podemos tener, pende de un hilo.

Avanza la cuenta regresiva hacia los comicios del 6 de noviembre próximo, y con ello una formidable maquinaria del fraude y de gigantesca burla al pueblo y su voto, que no será contado como debiera ser. Avanzamos también hacia el conflicto más agudo.

Y otra paradoja: aún no se apagan los acordes de La Internacional (“Arriba los pobres del mundo…”), correspondiente a otro período histórico, supuestamente más avanzado del desarrollo social de la humanidad, que podemos ubicar en 1917, con el triunfo de la Revolución Socialista en Rusia y la toma del poder por parte de los bolcheviques y su gran líder Vladimir Ilich Lenin. ¿No importa oscilar entre dos períodos históricos tan opuestos? ¿Cuál es el mensaje? ¿Que el Frente es ahistórico, que está por encima de la historia, que es intemporal, que no importan las ideologías, que no tiene pensamiento propio?
¿Qué pasa con el Frente que no tiene problemas en utilizar en un momento una canción que reivindica el socialismo, y poco después, nos pone otra, de reminiscencias burguesas? Se podrá decir que la libertad no tiene marco ideológico, y podría ser cierto, aunque en un sentido estricto, la libertad tiene significados diferentes en dependencia del sistema económico-social en vigencia.

Así, en un estado de obreros y campesinos no existiría la libertad de tener propiedades. En la dictadura del proletariado la burguesía es suprimida al ser estatizada la propiedad sobre los medios de producción y hasta de la vivienda y cualquier caramanchel.

Debe haber una “chanfaina” ideológica en el Frente, porque nunca discutieron los problemas que causaron la caída en Europa del llamado socialismo, ni las causas de la derrota electoral de 1990, ni las más actuales tendencias del desarrollo social. Copiaron mecánicamente “el chavismo”, es decir, el llamado “Socialismo del S. XXI”, pero en realidad se les secó el pozo de las ideas, se quedaron sin propuestas y con su práctica están emulando a Somoza, están siendo lo que antes combatieron.

Por eso para cada cosa invocan indistintamente a la Virgen y a Dios, e incluso, en su discurso han incorporado el concepto católico del “arca de la alianza”, dándole a las acciones y hechos cotidianos un significado mágico-religioso, apartando las explicaciones racionales y promoviendo la ignorancia y la superstición en el pueblo.
Del mismo modo, otro día, en la televisión cubana, Daniel Ortega se presenta como abanderado de un gobierno de partido único, por el resto de los tiempos.

Dentro de este discurso, la libertad no existiría. ¿De qué libertad hablan en la canción electoral?

*Editor de la Revista Medios y Mensajes