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Es interesante dar un repaso aunque sea somero a las ideas políticas que de alguna manera han influido en el devenir de nuestra patria. Aunque no sea perfecto, ni científico, ni profundo, que al menos nos despierte la inquietud para meditar y seguir investigando cada quien por su cuenta, especialmente quienes nos consideramos liberales, cuando el liberalismo y sus principios de hace tiempo se han convertido entre nosotros en vanas habladeras sin sentido. Emociona cuando se lee la historia de Nicaragua y los acontecimientos pasados y presentes. Los hechos históricos no se producen por casualidad. En el caso de Zelaya, se puede decir que ha sido el presidente más original de la historia de Nicaragua. El primero de la época moderna del país, (después de todo él fue quien nos metió en el modernismo), y el único, de quien se puede decir que no anduvo recorriendo los pasillos de las cancillerías de los poderosos. Ha sido el único que no ha rogado, ni pedido, ni vendido los intereses de Nicaragua a cambio de favores políticos para mantenerse en el poder, o en beneficio personal, en nuestra historia, ni a los Estados Unidos de Norteamérica, ni a Inglaterra, ni a Francia, ni a Alemania, ni a Rusia o la Unión Soviética, ni a satélites como Fidel Castro, mucho menos a un individuo como Hugo Chávez. Todo lo contrario, cuando fue presidente su política irradió en otros países en Centroamérica y América del Sur. Cuando los poderes y los imperios le enviaban sus cañoneras a Corinto o a la Costa Atlántica, las enfrentaba y no se dejaba amilanar.

Por sus obras y su visión de estadista, podemos asegurar que su carácter político estuvo fundamentado en actitudes e ideas claras y sólidas. Los orígenes, inquietudes políticas y formación ideológica de quien hizo posible la revolución liberal de 1893, José Santos Zelaya, se podrán encontrar en el sometimiento del pueblo nicaragüense de la época por un sistema conservador cuasi encomendero, que a pesar de la independencia no cambió para la población empobrecida que clamaba ser liberada y en la inspiración de los acontecimientos y las ideas del siglo XIX, tanto en Europa como en Centroamérica.

Zelaya nació en 1853, a los 16 años de edad fue enviado en 1869 a Francia, a estudiar en un Instituto en la ciudad de Versalles, a pocos kilómetros de París y regresó a Nicaragua en 1875, a los 22 años. Es importante el detalle de su edad, puesto que es en la juventud cuando florecen, se adquieren, se cultivan las inquietudes sociales, intelectuales o revolucionarias. Así que para un joven como Zelaya, el impacto que le provocó Francia, como lo hizo anteriormente en Marx y en Rubén Darío años después, y las ideas que en él inculcó, debe haber sido tremendo. Según sus biógrafos, cuando regresó el joven José Santos llegó con inquietudes políticas bien definidas y en Managua organizó un Club de Obreros y una biblioteca popular, lo que indica claramente y sin lugar a dudas la influencia que ganaron sobre él las ideas y los acontecimientos en Francia, en la época que vivió como estudiante en ese país entre 1869 y 1875.  

Y entre las cosas que ocurrieron en Francia entre 1869 y 1875 estuvo La Comuna de París en 1871, un levantamiento popular, una revolución social del 26 de marzo al 28 de mayo, que llenó de barricadas las calles de París con parte de su escenario en Versalles donde estudiaba el joven Zelaya.  

La Comuna conmovió la conciencia social del mundo. Carlos Marx, establecido en Londres, donde escribió El Manifiesto Comunista en 1848 y que había terminado de escribir el primer tomo de El Capital en 1867, percibió en el acontecimiento, con cierta prudencia, un tanteo de gobierno proletario. Al caer el imperio de Napoleón III empujado por el ejército prusiano de Bismarck se instala la Tercera República presidida por Thiers, quien al producirse el levantamiento en París se refugió en Versalles, dejando París en manos del pueblo. En las noticias de la época se sabe que “The Times” de Londres advirtió contra “Esta peligrosa manifestación de democracia…”

Los comuneros, “communards”, proclamaron la  invalidación del sistema de servidumbre salarial. Realizaron elecciones de acuerdo con sistema de la democracia directa e introdujeron reformas como la educación obligatoria, gratuita y laica y promulgaron la separación entre el Estado y la Iglesia y la jornada laboral se redujo a ocho horas, legalizaron los sindicatos. Promulgaron  la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. La pena de muerte fue abolida. La bandera roja fue adoptada por primera vez como símbolo de identificación mundial ideológica progresista.

En Versalles,  Thiers pactó la paz con los prusianos para en seguida  aplastar el efímero gobierno popular de la Comuna de París, pero la experiencia que quedó de ese acontecimiento ha dado mucho que hablar hasta el día de hoy.

Los análisis sobre Zelaya han sido referente sus días de gobierno como presidente y particularmente sobre su derrocamiento por el gobierno norteamericano intervencionista con la Nota Knox, pero nunca se ha estudiado la época anterior a su participación política, ni confrontado la realidad económica-política-social de Centroamérica y particularmente la conservadora en Nicaragua durante su juventud, con el ambiente de propuestas político-sociales, liberal-socialistas, que encontró al llegar a Francia como estudiante y la influencia que en su actitud tuvo las corrientes de pensamientos y las ideas políticas que trastornaban a Europa y al mundo como un hervidero de reformas y a Centroamérica misma a partir de la etapa final del siglo XVIII y primera mitad del XIX.

El ambiente intelectual francés que encontró Zelaya cuando llegó a Francia es el mismo que vivió después Rubén Darío, liberal progresista literario, cuando satisfizo su más caro deseo de visitar París, gracias a la generosidad sudamericana, porque el gobierno nicaragüense conservador le negó una beca a Francia puesto que ese lugar era demasiado liberal y peligroso para las ideas de un joven, según le dijo el presidente Zavala. Indudable que Zelaya, igual que Rubén, en París, hizo lo que hacían todos los sedientos de conocimientos innovadores, liberales y progresistas, cuando llegaban a la ciudad luz, ir a tomarse unos cuantos “apéritifs”  en el Café de la Régence, que fue el lugar predilecto de Voltaire y Diderot. Marx, quien revolucionó el mundo en el siglo XIX, se trasladó a París en 1843 y le escribió sobre el viaje a su amigo Ruge: “¡A París la vieja universidad de filosofía y la nueva capital del mundo!”.

París ha sido capital de conspiraciones, de las ideas políticas, sociales, de filosofía, de innovaciones literarias, de poetas, escritores, sociedades secretas, de masones, liberales, socialistas, comunistas, conservadores, monarquistas, anarquistas, clericales, ateístas, de reformistas y contrarreformitas, de revolucionarios y contra revolucionarios, centro inquietante de la historia europea.  Los pensadores políticos más famosos de la época eran franceses, como el socialista cristiano Pierre Leroux, los comunistas utópicos  como Víctor Considerant y Estienne Cabet, el poeta y orador Alphonse de Lamartine. Pierre Proudhon. Según sus biógrafos, Marx, nacido en Alemania y doctor en filosofía, aprendió filosofía en Alemania, se educó políticamente en Francia y Bélgica, y aprendió economía en Inglaterra.

El siglo XIX es el siglo de Abraham Lincoln, el siglo de la guerra civil en los Estados Unidos de Norteamérica y la abolición de la esclavitud en ese país, es el siglo del liberal Benito Juárez y la afirmación de la nacionalidad e independencia de México, es el siglo de la Primera Internacional de Trabajadores en Londres fundada en 1864., es el siglo de la edición de El Capital de Carlos Marx, es el siglo de la publicación de El Manifiesto Comunista, es el siglo de la independencia de América Latina, es el siglo de la expansión imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica que sustituye a Inglaterra como potencia mundial.  Es el siglo de Agustín Iturbide, de Bolívar, de San Martín. Es el siglo de la invasión napoleónica a España. Es el siglo de la libertad.

José Santos Zelaya es un personaje del siglo XIX y como tal hay que verlo.

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