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Del latín crisis, a su vez del griego, crisis es una coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución. El plan de austeridad de cinco años, aprobado por mayoría, es una condición sine qua non exigida por los acreedores internacionales de Grecia para otorgarle un nuevo rescate que promete un alivio a corto plazo, que no garantiza que pueda pagar sus deudas.

La Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI) demandaron que las autoridades griegas autorizaran 28.400 millones de euros (US$40.810 millones) en recortes adicionales y alzas de impuestos previos a proveer el próximo tramo del paquete de asistencia de 110.000 millones de euros proyectado el año pasado.

La ratificación de los recortes y un programa de privatización de 50.000 millones de euros es un requisito en el acuerdo de la UE y el FMI para una segunda ronda de ayuda, estimada en 100.000 millones de euros, que sostendría a Grecia a flote hasta 2014; las dudas sobre su solvencia y habilidad para cumplir con las estrictas políticas de austeridad siguen tan difundidas en los mercados financieros como en las calles de la capital.

La céntrica plaza Syntagma de Atenas (o plaza “Constitución”), desde hace más de un año se ha convertido en el escenario del movimiento social contra la austeridad, pero ahí todos están de acuerdo en al menos una cosa: el país necesita imperiosamente una disyuntiva para salir de la crisis. ¿Cuál es exactamente la alternativa a las austeras medidas impuestas por la Unión Europea?

Hace meses iniciaron las protestas, cuando un movimiento pacífico denominado los “Aganaktismenoi” (los indignados), construyó un campamento permanente en la plaza “Syntagma”, imitando otro de tendencia similar en Madrid, también llamado “los indignados”. Muchos analistas aseguran que una “mayoría silente” se mantiene escéptica sobre la utilidad de las manifestaciones. Las encuestas apuntan que el 70% de los griegos no cree que haya una opción creíble al plan de austeridad. Lo cierto es que pocos en la plaza podían plantear una forma más fácil de salir de la crisis griega, que el camino propuesto por el gobierno.

 Esta victoria del primer ministro, George Papandreu, allana el camino para que los acreedores internacionales del país sigan adelante con sus planes de un nuevo paquete de rescate a Grecia para evitar la quiebra de la nación, para quienes tanto el plan de austeridad como la legislación, permitirá su aplicación previa condición para que Grecia obtenga toda nueva ayuda.

El paquete quizá incluiría nuevos créditos de la UE y el FMI, además de acuerdos voluntarios de los bancos acreedores del país para ampliar los vencimientos de la deuda Helena; Grecia debe acelerar su programa de venta de propiedades y otros activos estatales, para una financiación a largo plazo.

A pesar de los rígidos recortes implementados el año pasado, Grecia ha tenido problemas para reducir su déficit ya entre los más altos de la eurozona, con tendencia a alcanzar niveles que los economistas independientes consideran insostenibles. Aunque predecibles, los cambios críticos siempre tienen algún grado de incertidumbre en cuanto a su reversibilidad o nivel de profundidad; si estos son profundos, súbitos y violentos, más aún si traen efectos trascendentes.

El creciente malestar en las calles de Atenas y las tensiones internacionales por el segundo rescate de Grecia, revelan el inicio de una nueva etapa en la crisis de la deuda de la eurozona, en la cual los préstamos de emergencia y los recortes fiscales ya no son suficientes. Ese es el dilema de los griegos.

Un dilema es un problema que puede resolverse mediante dos soluciones distintas, ninguna de las cuales es del todo aceptable. El punto es que Grecia posiblemente no podrá honrar sus deudas. Europa aún no tiene una estrategia para lidiar con esa realidad.

Un dilema genera cierta duda entre lo profesional y lo moral, de cómo debe actuar como persona, o cómo cree que deba actuar, mostrando así una discrepancia de pensamiento. El dilema del Gobierno es obligar a los ciudadanos helenos a vivir de acuerdo a sus posibilidades reales.

No pocos economistas acotan que tal estrategia está perdiendo credibilidad. El plan siempre ha dependido de que Grecia reduzca su enorme déficit fiscal de una forma tan radical que la recaudación tributaria exceda por mucho el gasto público.

No obstante, Grecia tiene algunas ventajas, el enorme rescate financiero que ha recibido del Banco Central Europeo; la UE es reacia a dejarla que colapse porque eso podría contagiar otras economías frágiles como Irlanda y Portugal, igualmente España e Italia, que haría peligrar la unión monetaria. Sin embargo, el tamaño de la deuda griega, los posibles coletazos y una cesación de pagos es un asunto más grande aún, y abandonar el euro es abandonar la cumbre de la civilización europea.

Indudablemente, la solvencia de un país no depende solo de sus cifras de deuda y crecimiento, sino también de su política: ¿Puede su gobierno conservar la adhesión de los votantes a medidas fiscales rigurosas durante el tiempo suficiente como para estabilizar su deuda? Es el dilema de Grecia, que sin duda es un gran reto.

*Diplomático, Jurista y Politólogo.