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El padre Jerez había decidido apostar fuerte a favor de la carrera de Periodismo. Conseguí que nombrara como volante a Elías Barahona, eso permitía entrar de lleno a la redefinición del Plan de Estudio aprobado en 1987. Cuatro meses después, bajo su coordinación, se habían reformado 37 programas de las 58 asignaturas que contaba el plan. Logramos introducir 28 nuevas asignaturas.

Eso permitía mejorar la calidad de la enseñanza de los estudiantes que cursaban los primeros años bajo este plan. Ese año, el revés más duro fue la matrícula en Bibliotecología: un solo estudiante decidió inscribirse en la carrera. Ese mismo mes de agosto, el martes 13, inauguramos en Barricada uno de los proyectos más ambiciosos, la creación de la página Universitarios, con su apertura echábamos andar el convenio suscrito con Carlos Fernando Chamorro. Ocho días después, el sábado 21 de agosto apareció la página Universidades en el diario La Prensa. La colaboración de Cristiana Chamorro fue determinante.

Con la aparición de ambas páginas lográbamos varios objetivos, el más importante consistía en enviar una señal a la sociedad acerca del tipo de profesional que queríamos formar. Sin rehuir a los compromisos con los sectores más desfavorecidos, la mayoría de los estudiantes de periodismo provenía de estratos populares, teníamos que marcar distancia con una formación educativa, demasiado ideologizada centrada en la agitación, propaganda y contra-propaganda.

El mundo de la comunicación entraba en su fase exponencial. Si no acelerábamos el paso quedaríamos totalmente rezagados. Las comunicaciones satelitales eran una realidad. Tanto que para indicar qué tipo de visión prevalecía en nuestro ánimo, solicité al publicista Bosco Parrales una propuesta iconográfica para identificar a nuestra facultad. Una antena receptora de señales satelitales se convirtió en el logotipo con que nos abrimos al mundo.

Era un contrasentido que mientras las parabólicas eran una realidad en Nicaragua, y el fax se había convertido en el juguete predilecto de los corresponsales extranjeros, las viejas máquinas Rémington y el aprendizaje de taquigrafía, persistieran en la Escuela de Periodismo.

Durante los 80 había mantenido una posición contraria a la Sociedad Interamericana de Prensa. El 8 de marzo, días antes de asumir la decanatura, Cristiana Chamorro me pidió en su carácter de directivo de la SIP para Centroamérica contestara un cuestionario sobre la situación de la libertad de expresión en nuestro país. Una oportunidad valiosa para ratificar las posiciones que comulgo en el campo de la comunicación.

Las respuestas y consideraciones las incluí en Cambio de Carril (1992), uno de los tres libros que sigo considerando básicos en mi defensa de las libertades. Algunas personas todavía atacan el texto. Si lo hubieran leído no se hubieran expresado en los términos que lo han hecho. Lo escribí en un año de rupturas y transformaciones, choques y encontronazos nacionales e internacionales. Lo más siniestro fue la voladura de las torres de la Corporación y La Primerísima, hechos que condené públicamente. El país continuaba partido en sus afectos políticos.

En los primeros días de enero, las autoridades universitarias bajo la conducción del padre César Jerez, redefinían el curso de la UCA. La poeta Rosario Murillo me llamó una tarde para sugerirme escribiera un trabajo sobre el manejo de la información que hacía Estados Unidos en el Golfo Pérsico.

Parte de la estrategia bélica consistió en imponer nuevamente severas limitaciones a medios y periodistas, para evitar que informaran libremente sobre el desembarco de sus tropas. Mi posición El bozal en el Pérsico, fue reprobar a los norteamericanos por someter la información a “revisión de seguridad”, un eufemismo para evitar llamarle con todas sus letras: censura de campo. En Nicaragua asistíamos a un proceso de transformaciones en el mapa radial y televisivo. Las iglesias católicas y evangélicas entraban de lleno a disputarse el dial. Estábamos frente a nuevos fenómenos en el campo mediático. Teníamos que leer bien los tiempos, para estar claros qué tipo de profesionales requería el país.

Con la intención de continuar enviando señales claras, en septiembre impartimos un curso de posgrado sobre Redacción Periodística en las Postrimerías del Siglo XX.

Se trataba de un aporte sustantivo a la discusión del funcionamiento de los medios. El periodismo nicaragüense necesitaba asomarse al mundo. El doctor Florencio Martínez, catedrático de la Universidad del País Vasco, discutió los bemoles del periodismo español, haciendo una radiografía de sus medios y las peripecias económicas y humanas del ejercicio periodístico. Para la facultad resultó un logro que periodistas de Barricada, La Prensa, La Primerísima, radio Istmo y Universidad, asistieran.

Dos ejes articularon los debates. Los retos del periodismo nicaragüense de cara a la transición democrática y la necesidad de apropiarse y dominar el reportaje, la crónica periodística, el amarillismo y el sensacionalismo, así como evidenciar la excesiva preocupación de los medios por la política.

En noviembre nos abocamos a celebrar el primer aniversario de la muerte de Róger Sánchez.

El caricaturista de Barricada había logrado su consagración con humor irreverente hacia los suyos, como debe ejercer su arte todo caricaturista que se respeta. El 4 de noviembre montamos una exposición en al auditorio Neysi Ríos. Sus compañeros de trabajo la bautizaron Todos en la mira, como estuvieron siempre bajo su mirada expectante, políticos, empresarios, dirigentes revolucionarios y funcionarios. Invitamos inaugurar el evento a Luis Ángel Berríos, Secretario General de la UPN. Yo Ya Voy, había acompañado a Róger en su experimento vivificante de La Semana Cómica.

Róger había estremecido las conciencias. Con apenas 30 años de edad, en un país escaso de buenos caricaturistas, había colocado a Nicaragua en el mapa de la caricatura mundial. La disertación del joven Pablo Cerna, estudioso de las producciones de Róger, ilustró las diversas facetas en las que había incursionado. Jugarretas de la vida, Cerna igual que Róger, falleció demasiado temprano en San Salvador, de donde era originario.

En el Salón de Audiovisuales de la UCA, presentamos un documental sobre la travesía de Róger a través del universo de la caricatura. En el acto hablaron Xavier Reyes, subdirector de Barricada y el iconoclasta de Noel Irías, quien lo había relevado en la Dirección de la Semana Cómica. Por la tarde Carlos F Chamorro, durante la culminación de la jornada, anunció la creación de dos premios anuales en su honor. Uno sobre el humor erótico y otro sobre la caricatura satírica.

Un reconocimiento merecido. Nadie ha incursionado en el ámbito del humor erótico como lo hizo Róger. Desbordó cauces, rompió puertas y ventanas, para internarse en caminos un tanto distantes por los que históricamente había transitado la caricatura nicaragüense. Diez años después le rendí un nuevo homenaje. En conjunto con la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua-León, publiqué un libro conmemorativo donde destaco sus logros indiscutidos por los rumbos de la caricatura. La edición de El hereje confeso (2000), la debo al Rector Ernesto Medina Sandino, conté con la complicidad de Rodolfo Pérez García, entusiasta impulsor para que el parto se produjera el mismo día que Róger entró a la posteridad. Sofía Montenegro se encargó de su presentación en el auditorio Ruiz Ayestas, de la UNAN.

Días después, el 22 de noviembre, murió en Bogotá repentinamente el padre Jerez. Nunca como antes la comunidad universitaria había expresado el sentimiento de consternación que provocó su muerte. Los estudiantes eran los más apesarados. Jerez se había convertido en un interlocutor privilegiado en todas sus demandas. Su identificación con los alumnos lo convertían en una figura respetable. La dirigencia estudiantil, incluso, se opuso a su relevo. Muchos periodistas de La Prensa nunca dejaron de verlo como una figura controversial. Nunca acabaron de asimilar su proximidad con el presidente Ortega.

Su deceso hizo que el padre jesuita Otilio Miranda, diese a conocer el nombramiento de Xabier Gorostiaga, como sucesor en la cadena de mandos. Sumé mi voz a los distintos homenajes rendidos por la comunidad universitaria de la UCA. Jerez había pasado a ser un icono. Su estilo de trabajo era de puertas abiertas. En vez de detener empujaba. Mayra Luz Pérez, quien había sido una de sus colaboradoras más cercanas, sintió desgarrada su alma.

El domingo primero de diciembre Barricada y El Nuevo Diario informaron la detención del periodista Pablo Emilio Barreto. Los cargos eran graves. Se le acusaba de haber participado en la asonada contra la alcaldía capitalina. Estaba siendo incriminado de haber intervenido en disturbios en el plantel Los Cocos. La tumba de Carlos Fonseca Amador, en el Parque Central había sido objeto días antes del estallido de una bomba. La respuesta del periodismo nacional por la detención de Pablo Emilio, se cebó sobre el alcalde Arnoldo Alemán.

Los epítetos en su contra fueron severos. Asonada y terrorismo sonaban fuerte en los oídos de muchos periodistas. El país experimentaba los rigores de la posguerra. Alemán fue señalado de somocista. Este fue el inicio de un desencuentro entre periodistas y medios con Arnoldo Alemán. Con posterioridad adujo que nadie había contribuido tanto para alcanzar la Presidencia de Nicaragua, que los medios de comunicación. Entre todos estos altibajos nos abríamos paso. Si no lo hacíamos nos quedábamos varados en el pasado.